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Daniel Calparsoro (Cien años de perdón ) regresa a la actualidad cinematográfica con este misterioso thriller en clave sobrenatural, en el que Raúl Arévalo brilla en la piel de un personaje oscuro y con demasiados puntos por descubrir.

Las matemáticas y el azar provocado por las constantes numéricas son los ejes sobre los que se mueve el argumento de esta extraña y atípica obra; la cual está concebida desde los títulos de crédito como si fuera un cuidado rompecabezas de piezas precisas, en el que los espectadores montan la historia junto a los personajes.

La novela homónima de Paul Pen sirve de molde a Daniel Calparsoro para idear una película de alta fisicidad, en la que los bucles temporales adquieren una relevancia primordial para desenredar una trama que se antoja algo complicada de percibir a simple vista. Un relato de pistas constantes y giros estudiados, que genera el enganche anhelado a partir de la primera escena.

La acción del filme comienza en 2008, cuando el mejor amigo de Jon queda en coma tras un atraco frustrado en una gasolinera. Jon está sumido en un shock emocional bastante profundo desde el incidente, agravado por los problemas mentales que ya acarreaba de antes. Experto en cabalística y matemáticas, el hombre se pone a investigar sobre los hechos, y descubre que cada diez años -en el mismo lugar- una persona resulta muerta por un disparo.

Transcurrida una década, el protagonista busca afanosamente la identidad de la próxima víctima, que según sus cálculos será un niño de diez años llamado Nico. Sin embargo, las certidumbres que él creía esclarecidas modificarán diametralmente el desenlace en esta ocasión.

Calparsoro escenifica el citado argumento con un voluntario sentido de la ocultación programada, para no desvelar las claves hasta el momento indicado. Fórmula que le sirve a la perfección para presentar a Jon (a quien encarna con fuerza y convicción Raúl Arévalo) como un tipo con más sombras que focos luminosos.

De esta manera, la cinta discurre con sobriedad espartana -en cuanto a elementos dramáticos- por la senda de los thrillers que invitan a la reflexión continua. Aunque en ese empeño haya algunas pérdidas de coherencia, las cuales quedan expuestas con claridad a la hora de encadenar las conclusiones relativas al misterio planteado.

Dentro de ese esquema de juego, el tema central se aprecia como demasiado artificioso y rocambolesco; y las conexiones halladas por el personaje de Arévalo quedan como cogidas con alfileres, sobre todo cuando se retrotraen a los asesinatos más alejados en el tiempo.

Jesús Martín

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©accioncine

Modificado por última vez en Lunes, 05 Marzo 2018 07:40
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Jesús Martín

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