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Nash Edgerton despliega altas dosis de acción y adrenalina en esta comedia, en la que el surrealismo escénico toma las riendas de un guion voluntariamente neurótico.

Un estilo singular, y con un elevado componente de enganche, le sirve a Nash Edgerton (hermano de Joel) para presentar sus credenciales en el cine hollywoodiense. Esta peculiar manera de trabajar está en consonancia con las obras que el australiano ha elaborado en su país de origen; y que, al entrar en contacto con las posibilidades que ofrecen los presupuestos de la industria estadounidense, ha conseguido potenciar sus resultados pirotécnicos exponencialmente.

Gringo se convierte así en un vehículo humorístico que tira por la calle del salvajismo situacional, en el que los actores ejercen sus personajes de manera caricaturesca, sin por ello perder un ápice de la atracción que se supone deben generar.

La historia sigue los pasos de un empleado de una empresa farmacéutica, que tiene que viajar a México para promocionar unas nuevas pastillas compuestas de marihuana. El hombre no está enterado del negocio que el jefe de su empresa se trae entre manos con un narcotraficante de la zona, por lo que se siente totalmente engañado cuando la banda del delincuente intenta secuestrarle. Aunque lo que más le duele al comercial es descubrir que su jefe y amigo planea despedirle, además de estar manteniendo una relación en secreto con la mujer de este. La situación hace que estalle la paciencia del protagonista, y pergeñe una determinante venganza contra el citado boss.

Edgerton reproduce el mencionado argumento con un especial apego a la aceleración excesiva; sin dejar casi puntos muertos en una trama que avanza a velocidades de vértigo, para que el espectador no tenga posibilidad de desengancharse de lo que sucede en la pantalla. Para ello, el cineasta australiano cuenta con la complicidad de un reparto nutrido de rostros conocidos, el cual aporta credibilidad al esquizofrénico guion.

A la cabeza de ese cuadro dramático se encuentra el efectivo David Oyelowo, quien dota de verosimilitud a su papel del incauto comercial farmacéutico llamado Harold Soyinka. La gestualidad calculada de este efectivo intérprete sirve de componente esencial para que su caracterización no caiga en los infiernos del histrionismo. Algo que no puede evitar el normalmente notable Joel Edgerton, al que el rol del jefe infiel y embustero le queda un poco fuera de su registro habitual.

Dentro de semejante reparto, quizá sea Charlize Theron la que se lleve la partida, en cuanto a hacerse notar en la película. La estrella de Mad Max está sumamente llamativa en la piel de la amoral y seductora Elaine Markinson, cuyas salidas de tono se ajustan a la perfección al corsé del humor agresivo que exhibe Nash Edgerton a lo largo de la cinta (el comentario sobre el alunizaje de Neil Armstrong, que pronuncia Charlize, no tiene desperdicio).

Todos ellos consiguen, más o menos, que no se noten demasiado las puntadas un tanto aceleradas que el director otorga a esta impetuosa obra, que transita por la senda de un subgénero bastante agradecido en taquilla, y cuyos mayores representantes se encuentran en filmes de la naturaleza de Resacón en Las Vegas y Cómo acabar con tu jefe.

Jesús Martín

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Modificado por última vez en Martes, 20 Marzo 2018 22:18
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