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Biografía descafeinada que aborda como anécdota la creación de El guardián entre el centeno.

Las películas de biografía de personajes célebres, eso que en Hollywood denominan biopic, comparten siempre con aquellas otras que esgrimen cual florete la frase propagandística “basada en hechos reales” esa naturaleza molesta de cine vampiro, que chupa la sangre de la realidad a su modo y según sus caprichos, sin plantearse nunca profundizar demasiado en el personaje o asunto que abordan o planteándose un abordaje descaradamente manipulador de la realidad. Rebelde entre el centeno se sitúa a ratos muy cerca de esto último y está siempre en lo primero. Manipula algo, pero lo que desde luego está claro es que desperdicia la oportunidad de trazar una semblanza realmente interesante del escritor protagonista de la historia. O de la obra con la que consiguió convertirse en uno de los literatos más aplaudidos de todo el mundo y parte de cuyo títulos sirve a del propio largometraje.

Parte del problema es que por entregado que sea el trabajo de Nicholas Hoult, este actor no consigue construir una versión de J.D. Salinger con gancho y fuerza. Prueba de ello es que resultan mucho más interesantes los personajes del maestro interpretado por el repudiado, pero no por ello menos talentoso Kevin Spacey, la madre de Salinger a la que da vida Hope Davis o la representante a la que da vida Sarah Paulson. Basta ver las secuencias clave de cara a cara hijo-padre con Hoult y Victor Garber en el papel del progenitor, para entender a qué me refiero. Los dos se quedan muy por debajo en tensión dramática respecto a lo que deberían sacar adelante en esas escenas. Pero cuando Hoult está frente a Spacey, Davis o Paulson, son ellos los que brillan y le toman claramente la delantera, sin que llegue a convencernos Hoult en algún momento de que tiene algo que aportar o contar esencial sobre este interesante personaje que es un caramelo para cualquier actor pero él interpreta como si el enigma debiera seguir siéndolo para el espectador durante toda la trama de la película, manteniendo una falta de energía realmente crispante o totalmente previsible.

Para ser justos, hay que aclarar que esa falta de energía le llega al actor en buena parte como consecuencia de la falta de energía de la propia película, que se acomoda en un tono medio de telefilme en la mayor parte de su metraje dedicada aparentemente solo a comentar las anécdotas de la vida de su protagonista y hablar de lo mucho que sufre como creador sin que nunca lleguemos a ver y sentir realmente en la pantalla ese sufrimiento. Danny Strong parece confiar en que fichar a J.D. Salinger como protagonista y hablar de El guardián entre el centeno es ya suficiente, pero ambas cosas son solo el principio de lo que debería haber sido esta película. Y él, que es actor y además guionista y creador, debería haber aprovechado esta ocasión para hacer lo que ya hiciera Federico Fellini en Ocho y medio, la primera reflexión de un cineasta sobre las aristas, retos, dudas y conflictos a los que se enfrenta el creador cinematográfico, o Bob Fosse en All That Jazz: empieza el espectáculo, que hizo otro tanto pero en su caso sobre el trabajo del bailarín y coreógrafo. Strong debería haber aprovechado para intentar al menos mostrarnos esas aristas, retos, dudas y conflictos a que se enfrenta el escritor, pero se queda en la capa más superficial de la cebolla, en perfil bajo, añadiendo además un acompañamiento musical tipo muleta obvia. Falta que profundice más –pero repita menos- el juego de símbolos como el filete, que confíe más en el espectador para no dárselo todo masticado, que se arriesgue fuera de la zona de confort de la pose para zambullirse de verdad en el enigma Salinger, en lugar de convertir lo que podría haber sido una especie de Whiplash de la tecla en un puñado de momentos a modo de variante descafeinada de El club de los poetas muertos.

Esto podría haber sido el equivalente en literatura de lo que fuera Bird de Clint Eastwood para Charlie Parker y el jazz, pero no lo es. Es una domesticada e inocentona película-vampiro entretenida pero totalmente inofensiva.

Miguel Juan Payán

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VENGADORES: LA GUERRA DEL INFINITO XXXXX

Modificado por última vez en Martes, 01 Mayo 2018 11:30
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Miguel Juan Payán

Profesor de Historia del cine, Géneros cinematográficos y Literatura dramática

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