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Drama romántico con base real muy bien resuelto por sus actores.

Los aficionados al cine clásico, a las estrellas de Hollywood, a Gloria Grahame, a las historias de ocaso y al argumento universal de lo viejo y lo nuevo, pueden encontrar muchas cosas a favor de este largometraje que en sus líneas generales se sustenta esencialmente por la personalidad de la estrella real implicada en la trama –Grahame, una de las mujeres más bellas del cine norteamericano-, y por la personalidad de sus actores. Y al decir esto último me refiero tanto a los dos protagonistas, Annette Bening y Jamie Bell, como a secundarios que les envuelven con una solidez y una resolución de singular elegancia y competencia, como Stephen Graham, Julie Walters, Vanessa Redgrave… Hay una esencia de cine clásico cruzándose con cine actual notable que sirve como eficaz motor de esta trama de romance otoñal entre Gloria Grahame y un joven aspirante a actor en la que Annette Bening interpretando a la protagonista sirve como motivo más que suficiente para atraer a cualquier amante del cine. Con Bening, como con tantas otras actrices, se cumple el axioma de que llegadas a cierta edad son sistemáticamente ninguneadas por una industria del ocio audiovisual cada vez más inclinada a las propuestas adolescentes y la glorificación de la juventud, tanto en sus historias como en sus repartos, algo que hace más mella en las mujeres que en los hombres. Lo femenino tiene una fecha de caducidad mucho más limitada y sin duda notablemente temprana en las propuestas del cine estadounidenses pero se extiende igualmente a otras cinematografías como una especie de infección maligna que nos priva sistemáticamente y día a día de disfrutar propuestas de historia con miras más amplias y personajes más maduros. No parece haber manera de impedir esa especie de ninguneo sistemático del talento de las actrices maduras, al que pocas o casi ninguna escapan, y la máquina de triturar juguetes rotos de Hollywood no cesa en su funcionamiento, imparable y devoradora en su visceral –y eminentemente comercial- afición por mandar al desguace cada vez con mayor premura, a sus actrices maduras, generando con ello un incuestionable empobrecimiento de la materia prima con la que se fabrican los sueños audiovisuales.

Y precisamente sobre ese proceso, sobre ese ocaso cotidiano y perpetuo y sobre la fabricación de esos sueños que se instalan en la memoria del espectador como parte de su pasado y por lo tanto de su vida, sobre lo que trata en realidad Las etrellas de cine no mueren en Liverpool, que si bien parte de un hecho real, previsiblemente adornado por las estrategias de la ficción para convertirse en drama romántico, está en realidad abordando ese proceso general del que hablaba más arriba tomando como ejemplo la peripecia emocional de una interesante hibridación entre Gloria Grahame y Annette Bening que da como resultado una especie de híbrido demoledor de ambas capaz de manifestar el carácter perpetuo de ese ocaso d de las grandes del cine, y que podríamos denominar Glorianette Grahamebening. Tal es la fusión entre la actriz retratada y la actriz que la retrata, o lo que es lo mismo, la reconstrucción de aquella en manos de ésta.

A ambas de las echa mucho de menos en un cine cada vez más simplón y menos seductor, más pirotécnico y menos emocional, más superficial y menos evocador.

Cierto es que la película puede acercarse en algunos momentos al tono de los dramas rodados para televisión, pero se le perdona, porque en su conjunto funciona con gran equilibrio y la química de los dos actores protagonistas consigue que acabes metiéndote de lleno en la historia, incluso cuando reconoces en la misma las pinceladas de la fábula. Tras un arranque que a algunos recordará El graduado, la propuesta acaba poniendo sobre el tapete claves narrativas de encuentro con la fama y la leyenda de probada eficacia como anécdota argumental de arranque en Notting Hill y Mi semana con Marilyn, pero afortunadamente no se queda ahí y consigue instalar en su esquema una especie de eco de la trama de ocaso que preside el clásico de Billy Wilder El crepúsculo de los dioses, apoyándose en una Annette Bening que sabe sacar partido de esta oportunidad y este reto.

Miguel Juan Payán

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VENGADORES: LA GUERRA DEL INFINITO XXXXX

Modificado por última vez en Martes, 15 Mayo 2018 08:20
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Miguel Juan Payán

Profesor de Historia del cine, Géneros cinematográficos y Literatura dramática

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