Crítica de la película El Reino

Rodrigo Sorogoyen alcanza la madurez de los maestros con El Reino.

A Sorogoyen volar en solitario no puede decirse que le haya sentado mal, tras sus primeras películas codirigidas, con la fantástica Que Dios Nos Perdone, un muy buen thriller que demuestra, nuevamente, que nada tenemos que envidiar a producciones similares de cualquier rincón del mundo (más bien deberían  envidiarnos ellos) y ahora con El Reino, una relato de ficción sobre la política en nuestro país que parece cualquier cosa menos ficción. A veces es tan real lo que cuenta que parece más bien una cámara oculta que ha destapado otra, una más, trama de corrupción política en nuestro país. Pero El Reino no se contenta sólo con eso. Es mucho, mucho más.

La trama sigue a un político de un partido en el poder, que es imputado por corrupción y posteriormente abandonado por su partido, donde están dispuestos a que sea el cabeza de turco de una trama que llega hasta los más altos cargos de su partido. Lo bueno es que la película nunca explica, nunca ofrece datos excesivos, nadie le cuenta al espectador en un monólogo excesivo lo que está sucediendo. El guión confía plenamente en la inteligencia de los espectadores y deja que sean ellos quienes entiendan la historia y vayan recomponiendo el puzle a través de las distintas conversaciones de los personajes, con un tono tan natural que, de nuevo, parece más la vida real que una película. Eso hace que la trama, la historia y sus detalles, se descubran poco a poco… Y es maravilloso.

Antonio de la Torre lidera el reparto donde destacan nombres a los que nunca damos mucha importancia pese a ser columna vertebral de nuestro cine, como Luis Zahera, Josep Maria Pou o Ana Wagener, o Nacho Fresneda que cada vez tiene más peso en nuestra industria, algo que es bueno. Y por supuesto ese pequeño pero sublime papel de Bárbara Lennie, con ese cara a cara final en el que se destroza no sólo a los corruptos, sino a esa hipócrita parte de la sociedad, prensa incluida, que les mantienen. Un momento sublime que conviene no despedazar pero que seguro apreciará el espectador cuando llegue el momento. Momentos como esos son los que muestran el talento de un director, y Sorogoyen tiene talento a raudales.

Técnicamente todos los aspectos están cuidadísimos y la película destaca en todos ellos, pero merece mención especial la dirección de Sorogoyen. Desde la ruptura de la cuarta pared a ese seguimiento del protagonista desde la espalda. La cámara observa, no juzga, nos deja hacerlo a nosotros. Ella consigue hacer que un personaje corrupto, nos despierte compasión y empatía. Porque en un mundo terrible y podrido hasta el tuétano, nos quedamos con el menos malo. Y la película nos muestra que, justo eso, lo tenemos todos. Desde el político más poderosos al fulano más sencillo. Todos nos aprovechamos de las circunstancias cuando se tercia para sacar partido. Una radiografía perfecta de quienes somos, un thriller político de ritmo perfecto que nos absorbe y nos lleva con tensión creciente hasta su soberbio final… En definitiva, una de las mejores películas del año.

Jesús Usero

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Modificado por última vez en Domingo, 03 Febrero 2019 10:54
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Jesús Usero

Periodista cinematográfico experto en televisión

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