Crítica de la película White Boy Rick

Buenos actores para un drama de denuncia que no debe confundirse con historia policial.

Años ochenta. Entre los escombros en que se han convertido los suburbios de Detroit un padre y un hijo están dispuestos a correr ciertos riesgos para triunfar, pero el padre es un iluso emprendedor sin suerte que arrastra a sus hijos por un pedregoso futuro. En esa ecuación Matthew McConaughey, Jennifer Jason Leigh, Eddie Marsan y Bruce Dern y ejercen como puntales adultos de la fábula del protagonista adolescente al que sitúan como epicentro de una historia sobre el reverso tenebroso del sueño americano. No se confundan: no es una peripecia policial. Es un drama. Está significativamente de moda en el cine estadounidense desde que Donald Trump entrara en la Casa Blanca.

Saquen sus propias deducciones respecto al hecho de que esos personajes perdedores hayan vuelto con fuerza a la cartelera, convertidos en protagonista de tantas fábulas de Hollywood en los últimos tiempos, y no me nieguen que estas historias son siempre más interesantes que los inaguantables cuentos de hadas de éxito contra pronóstico. Estados Unidos expone su lado oscuro en esta película, como lo hiciera ya, de otras maneras, en Tres anuncios a las afueras, Yo, Tonya, Florida Project… Lo que viene siendo airear las vergüenzas sociales del lugar, independientemente de cuál sea la época en la que se hayan producido. A ver, tampoco estoy diciendo que esto sea Gummo o Julien Donkey Boy, de Harmony Korine, pero la película que nos ocupa sí que está muy lejos de esa visión edulcorada de la vida de la adolescencia y la delincuencia que podemos encontrar, por poner un ejemplo, en la elegante e irónicamente estilizada Baby Driver, junto a la que White Boy Rick podría ser en algunos aspectos una especie de versión oscura en clave de denuncia.

Cuento oscuro sobre la seducción de los inocentes en el que la policía es tan peligrosa como los delincuentes, y donde los agentes de la ley, lejos de la idealizada imagen de abnegados luchadores contra el crimen que suele transmitir la propaganda de las series de televisión. Están dispuestos a chantajear y amenazar a un crío para que les haga de confidente infiltrado en una secuencia nocturna de calles solitarias bañadas con tono verde amarillento como la bilis que se filtra al interior de un coche donde unas patatas fritas, sin tomate, sustituyen a los caramelos de la casa de chocolate del siniestro cuento protagonizado por Hansel y Gretel. Jennifer Jason Leigh clava el papel de bruja moderna ochentera que cigarro en mano y arropada con el color verde bilis tiende las redes al joven protagonista para que se convierta en confidente de la policía en el mundo de los traficantes del barrio.

Al final de esa secuencia de la seducción del inocente, el adolescente regresa a casa para ver a su padre dormido mientras en la tele emiten la película Sérpico, clásico del cine de infiltrados protagonizado por Al Pacino y dirigido por Sidney Lumet que también se basaba en una historia y un personaje real de confidente. Aunque resulta un guiño muy obvio de este otro largometraje intentando explicar su ADN argumental y su fuente de inspiración, como si presumiera demasiado de pedigrí cinéfilo, es justo lo contrario: una pincelada para aclarar la denuncia que aleja a la película de lo policial propiamente dicho.

La paleta de colores de la historia acompaña esas intenciones. Alterna el verde amarillento de las noches, de carácter premonitorio, con el no menos premonitorio lluvioso azul desvaído y frío de los días. En esos paisajes se va desarrollando, cámara al hombro, una trama que puede confundir al espectador si espera la típica historia de infiltrado, porque en el minuto 57, la película da un giro, con un pez y una chupa amarilla convertidos en una especie de señal de color (el amarillo está también en el peluche que el protagonista recoge de la basura para regalárselo a su hermana), y entramos en otra fase de la historia con creciente protagonismo de McConaughey. La película encuentra gana puntos hacia el final de su viaje.

Miguel Juan Payán

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cotilla, ésto es solo una prueba ;)
Modificado por última vez en Sábado, 23 Febrero 2019 22:21
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Miguel Juan Payán

Profesor de Historia del cine, Géneros cinematográficos y Literatura dramática

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