Crítica de la película Dumbo 

Tim Burton regresa con una buena adaptación del clásico de animación.

Grata sorpresa, mejor que Alicia en el país de las maravillas, del propio Burton, Cenicienta, Maléfica, y otras producciones que han intentado con desigual acierto trasladar al cine en imagen real los clásicos de animación de la Disney.

Tim Burton hace suya la historia del elefante volador y logra desarrollar una versión de las peripecias del animalillo que no repite más de lo mismo, sino que abunda en el estilo del director. Está aquí más cómodo y más en su terreno que cuando rodó la versión de Alicia en imagen real. Tiene además poderosos aliados, empezando por un genial Danny De Vito, un eficaz y resolutivo Colin Farrell, una Eva Green que recuerda a las divas clásicas del cine de Hollywood y un Michael Keaton que disfruta parodiando el esquematismo de la figura del antagonista habitual de este tipo de productos.

Haciendo un astuto uso de la sobriedad que puede ser quizá confundido erróneamente con frialdad o mirada distanciada del director respecto a aquello que nos cuenta, Dumbo está bien construida sobre un guión eficaz y equilibrado defendido por sus actores y sobre una propuesta de resolución visual que encaja con el estilo del cine de Burton. Cuenta aquí el director con un reparto de colaboradores que son viejos conocidos de los aficionados a su filmografía y se ajustan como un guante al diseño de adaptación de personajes y situaciones que ha organizado Burton para sacar adelante con solidez y buen ritmo esta versión de la película original de dibujos animados. Dumbo tiene su primer acierto precisamente en potenciar los personajes humanos y sus conflictos sobre el animalillo que le da título a la película. De ese modo evita darnos más de lo mismo, repetir lo que ya conocemos en exceso, utilizando el largometraje precedente simplemente a modo de guía para imponer su propia visión de la trama.

Máximo rendimiento con el mínimo de metraje y diálogo en el momento de construir sus subtramas, sin perderse en huertos emocionales innecesarios en temas como la falta de la madre o el incipiente desarrollo de una relación sentimental insinuada con pequeños gestos, permiten a Burton flexibilidad a la hora de abordar esta película con más fluidez de ritmo y en parámetros más cercanos a su mejor cine.

La presentación visual del personaje del veterano de guerra surgiendo entre la niebla en su regreso a la vida civil, habiéndolo perdido todo, no por ello se convierte en presa del victimismo. En su caso y en el del resto de los personajes clave, los niños, el dueño del circo, etcétera, no hay abuso del melodrama, lo cual permite valorar cómo trata Burton temas recurrentes de su filmografía como el rechazo, la soledad, la tristeza y la pérdida, consiguiendo así que la trama resulte más interesante y cercana al público de lo que en principio permitía la película de dibujos animados de la que parte este proyecto.

Pienso que con esta película, Burton ha mirado la fábula del elefante volador con una madurez que le otorga más solidez a la misma, al mismo tiempo que se niega tajantemente a buscar la lágrima fácil que era de temer se enseñoreara de este tipo de producto. No ocurre así, y por el contrario Burton esquiva en todo momento explotar los sentimientos para construir un sólido mundo de circo en torno a sus personajes humanos, convirtiendo al elefante volador en una especie de símbolo en el centro de una telaraña de personajes cuyos conflictos se resuelven de manera rápida y solvente y dosificando cuidadosamente los momentos emocionales para que no sobrepasen ciertos límites convirtiéndose en un lastre para la trama.

Hay mucho de buen cine con toque clásico en esta película que resulta tanto más interesante como ejercicio de independencia de la fuente de inspiración impuesta por el estudio sin perder su identidad de producto de entretenimiento familiar. La solidez del lenguaje visual que maneja el director en el cuento que aquí se nos narra posee las mejores características que han hecho de Tim Burton uno de los fabuladores más destacados del cine de los últimos treinta años, y aunque no alcance las cotas más altas de su filmografía ocupa un dignísimo lugar dentro de la misma.

Buena película. Buena incorporación al cine de Burton. Y una adaptación del dibujo animado a imagen real con personalidad propia que la sitúa entre lo más interesante que ha arrojado hasta el momento esta nueva práctica de convertir las criaturas de animación a la disciplina cinematográfica de las figuras de carne y hueso.

Miguel Juan Payán 

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Modificado por última vez en Viernes, 29 Marzo 2019 12:36
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Miguel Juan Payán

Profesor de Historia del cine, Géneros cinematográficos y Literatura dramática

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