La influencia ★★★

Crítica de la película La influencia

Mejor en su primera mitad que en la segunda, se desmadra en el desenlace.

La propuesta inicial, la presentación de situación y personajes, y en general todo lo referido a su primera mitad, cuando se va planteando la amenaza, está bastante conseguido como espectáculo de terror que incluso acierta a jugar con segundas lecturas, como el maltrato de la infancia, el peso del pasado, y ese juego infalible con el horror cotidiano de la enfermedad y el miedo a la decrepitud que podemos encontrar en numerosos clásicos del género, El exorcista por ejemplo, entre los ejemplos más significativos.

En su arranque y en el desarrollo de su segundo acto casi completo, la película explota bien ese miedo posible, cotidiano, cercano, que se despereza en casa antigua, en enfermedad de anciano, en llaga y pústula perfectamente explicable, pero que sin embargo siembra un inevitable poso de inquietud en el espectador. Es el espectáculo de la excrecencia, pero también del familiar caído en el laberinto de la grotesca decadencia del cuerpo. Estamos en el reino de los miedos cercanos, conocidos, que combinan bien y sirven fielmente como introductores del paso a los miedos de carácter más fantástico, transitando en este caso por la autopista de lo grotesco.

Pero como se ha comprobado el tercer acto y las explicaciones de lo fantástico son los peores enemigos de este género, y en ambas trampas tropieza La influencia. Las historias de Ramsey Campbell, al menos por lo que se refiere a sus adaptaciones al cine, aunque pienso que es un talón de Aquiles presente ya en la construcción de las propias novelas, tienen ese defecto, a la hora de resolver el enigma, de explicar el motivo de todo aquello en principio tan inquietante e inexplicable que nos ha ido exponiendo en el primer y segundo acto del relato, es cuando suelen inclinarse hacia explicaciones que extrañamente parecen preferir abrazarse al melodrama que a lo propiamente terrorífico. Suelen aflojar el nudo de lo inquietante con el que han atado al espectador previamente porque, atendiendo al modelo de las cuatro estaciones del terror propuesto por John Clute, convencen en los atisbos y el espesamiento, pero no acaban de convencer en la fase de trance -que Stephen King denomina danza macabra- y se suelen desfondar en la fase final del después, cuando finalmente entramos ya en la revelación total de ese otro mundo inquietante que ha estado insinuándose primero y manifestándose cada vez con más fuerza en la trama.

Jaume Balagueró se estrelló un poco con esa flojera del tercer acto de las historias de Campbell en Los sin nombre, y otro tanto puede decirse de Paco Plaza en El segundo nombre. Y La influencia se enfrenta al mismo problema. Por eso pienso que la flojera viene de las propias novelas, y se transmite a sus versiones cinematográficas.

En ese sentido propongo tomar como ejemplo la manera en la que William Friedkin y el propio William Peter Blatty pulieron la parte de melodrama de la novela del segundo, El exorcista, y eliminaron toda la intriga sobre el mayordomo de pasado turbio investigado por el policía, presente en la novela pero descartada en la película, para resolver el tercer acto de la película en clave fantástica de terror sin entrar en explicaciones melodramáticas. En el caso de La influencia, explicación de ese pasado turbio que traumatizó a madre e hijas con el tema del padre, es la parte más floja y precipita la película hacia su desmadre final en el desenlace. Además la manera de resolver el papel de Maggie Civantos es prematura y resta peso en la historia a la trama de las dos hermanas, que es el aspecto más interesante de la trama, toda vez que la relación con el marido y el desarrollo de la historia de la niña son partes más convencionales y previsibles de la trama y las más proclives a mantenerse apegadas en exceso a los tópicos del género.

Dicho todo lo anterior, la película funciona correctamente en su presentación y desarrollo, fases de atisbos y espesamiento, y con las mismas y la complicidad de una Emma Suárez que disfruta su papel de amenaza inquietante, compone una entretenida propuesta de género en la mayor parte de su metraje. 

Miguel Juan Payán

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Modificado por última vez en Martes, 11 Junio 2019 20:48
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Miguel Juan Payán

Profesor de Historia del cine, Géneros cinematográficos y Literatura dramática

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