Crítica de la película El Rey Leon

Remake repetitivo casi plano por plano del original, pero sin nervio.

El rey león en dibujos animados sigue sin ser destronado. A pesar del buen trabajo que hizo y de lo mucho que me convenció Jon Favreau en su remake de El libro de la selva, aquí la selva se le ha atragantado. Su versión de El rey león es un remake sin personalidad propia que además en un intento por rendir doble tributo al original de animación y la versión del mismo en clave musical, acaba por olvidar que debería tener una personalidad propia, a poder ser cinematográfica.

En algunos momentos el intento de hacer valer el legado del musical acaba por afectar al rendimiento cinematográfico de esta película.

Su otro problema radica en que no consigue estar a la altura de los grandes momentos clave de la película de animación. Ni en la estampida, ni en el humor de Timón y Pumba. Ni en la relación sentimental de Simba y Nala. Y por supuesto tampoco en el verdadero corazón, el alma del original: la relación de Simba y Mufasa, padre e hijo, que se explica como tema central del legado en esa secuencia donde Simba recupera su personalidad recibiendo el mensaje de la memoria de su padre.

No hay nervio en ninguno de esos momentos. No hay nervio porque el alarde de arte de dibujos animados es sustituido aquí por un alarde tecnológico visualmente impresionante, técnicamente sobresaliente… pero sin alma, sin nervio, sin ritmo.

Eso hace que tengamos la impresión de que asistimos a una película que ya hemos visto antes. La misma película. En algunos casos, como en el arranque, copiada casi plano por plano. Sin aprovechar el cambio de propuesta visual y su ligeramente más elevada duración para desarrollar mejor algunos personajes. Es más, da la impresión de que los personajes que ya conocíamos, en general, pierden frente a sus equivalentes en dibujos animados, aunque llegados a este punto es importante reconocer que hay un buen trabajo en muchas voces que emula e incluso en algún faso supera el original. Por ejemplo Beyoncé como Nala es un punto a favor.

Pero igualmente obligado es reconocer que en el apartado voces, Timón y Pumba se quedan más planos. Y, lo peor de todo, desprovistos de humor. El equilibrio tragedia y humor era uno de los aciertos del original, y aquí no se produce. La película funciona visualmente en todo lo que rodea a las hienas, esa especie de invocación del infalible recurso del inframundo, que constituyen los momentos en que está más cerca de poder desarrollar una personalidad visual y narrativa propia, aunque luego desperdicie esa ocasión, en parte porque no desarrolla el papel de la jefa de las hienas y además el trabajo de Jeremy Irons en el original interpretando a Scar es insustituible. Dato curioso a tener en cuenta: los remakes de clásicos de animación de Disney en imagen real tienen su talón de Aquiles en los villanos. Es uno de los elementos en los que son superados sistemáticamente por las versiones de animación.

En cuanto al término imagen real, obviamente en este caso no procede. Esto sigue siendo animación. Y en la misma, insisto, reina un buen trabajo de tecnología, al que no le niego en absoluto su vertiente claramente artística. Pero no puedo obviar el hecho de que me parece mucho más logrado desde el punto de vista artístico el trabajo de animación del original, incluso con el tiempo que ha pasado. No es nostalgia, ojo. Siempre he dicho que a título personal no me gusta nada El rey león de animación. Pero objetivamente no puedo negarle todo su peso como quizá la última obra maestra del cine de animación en 2D en Disney.

Este remake ha elegido ser El rey león, con minúsculas, en lugar de lo que era el original, El Rey León, con mayúsculas. Eso se produce porque, al contrario de lo que hiciera su director en El libro de la selva, no se arriesga a buscar nuevos caminos visuales frente al original, es víctima de su mimetismo, y cuando introduce algo nuevo, como cambiar la letra de una canción, lo hace para adaptarse a la entrada en juego de Beyoncé, no de un cambio trabajado y razonado en su propuesta visual. Lo mismo ocurre con algunos cambios que intentan emular, replicar, o rendir tributo, a la huella del musical. Equivocadamente, porque curiosamente lo musical propiamente dicho tiene mucha menos presencia y peso en el total de la propuesta del que sí tuvo en el original de animación. Ni uno solo de los temas musicales, tal como está presentado en pantalla, te levantan de la butaca. Cosa que si lograron entre la mayor parte del público los temas musicales de la versión en animación.

En cuando al metraje más amplio, no aporta nada nuevo, más allá de un cambio de ritmo que tampoco hace gran cosa por mejorar lo ya visto anteriormente.

Decir todo lo anterior me fastidia, porque, insisto, como alarde tecnológico la película me parece notable. Lástima que esta tecnología no haya sido aprovechada para crear emoción cinematográfica propiamente dicha.

Es una película fallida de Favreau, tanto más sorprendente porque este mismo director facturó no hace tanto tiempo una película, El libro de la selva, que para mí sigue siendo el mejor remake en imagen real de un clásico de animación de Disney.

Es más, opino que la versión en imagen real de Aladdin es mejor y más eficaz que ésta otra de El rey león.

Miguel Juan Payán

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Modificado por última vez en Viernes, 19 Julio 2019 09:14
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Miguel Juan Payán

Profesor de Historia del cine, Géneros cinematográficos y Literatura dramática

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