Crítica de la película Érase una vez en Hollywood

Tarantino hace su mejor trabajo en un brillante homenaje emocional al cine.

Salgo de ver esta película con la intención clara de ponerla la primera entre las mejores de su director. La madurez de Tarantino como narrador audiovisual alcanza en este su último trabajo niveles que en mi opinión superan los de películas anteriores. La tendencia al exhibicionismo de su filmografía, que forma parte de su carácter como autor y precisamente por ello no le reprocho, queda matizada y pulida hasta el límite para dejar paso a una elegancia en el juego con la historia, el trabajo con la alteración de la cronología, los guiños, la parodia y los personajes que había lucido ya en uno de sus mejores trabajos, Jackie Brown, quizá la película más cercana en distintos aspectos entre todas las del director a este último trabajo. Pero aquí la madurez de Tarantino como director obra muy a favor de la película y se hace notar muy positivamente. Da lugar al trabajo más equilibrado, más sólido, más interesante en lo referido al dibujo de los personajes y sus conflictos, más matizado en todos los rasgos definitorios de su cine, con mejor ritmo, y sin duda, tanto por su contenido como por su fábula, más interesante de cuantas películas ha dirigido Quentin Tarantino.

Lo primero que hay que tener en cuenta al ver esta película es su habilidad, manifestada en distintos momentos pero sobre todo en el personaje y el trabajo notable de Leonardo Di Caprio, para alternar en segundos la comedia con el drama, aunque en el fondo siempre domine ese tono de parodia, de saber mirarse desde la distancia y tomarse saludablemente a broma a sí mismos que siempre han tenido los personajes y las propias películas de este director.

Lo segundo es que toda la película es un juego con espejos, carteles, la doble identidad de la estrella y su personaje de ficción y el ser humano que habita esas dos falsas identidades, y en definitiva la capacidad de las ficciones del cine y la televisión para ofrecernos un mundo alternativo. Tarantino explora y explota la idea de las películas y las series -y los comics, a los que hace un guiño, breve en un paneo por la casa del personaje de Brad Pitt introduciendo el comic bélico de la editorial Marvel El Sargento Furia y sus comandos aulladores-, como cuentos de hadas. Son constantes las alusiones a esa especie de construcción de mundo paralelo y al desdoblamiento de los personajes en su identidad como personajes de ficción primero -el cazarrecompensas de la tele-, luego como estrellas, y finalmente como personas. Incide una y otra vez en ello toda la película. Por ejemplo mostrando a los actores y productores viendo películas o serie de televisión como espectadores.

En ese sentido el momento clave sería el de Sharon Tate en la sala de cine asociado además al de la película La gran evasión: ambos representan sueños cumplidos por la gente que fabrica sueños para el público, y en la mirada de niña de Margot Robbie imaginamos la mirada de Tarantino ante su propio oficio como narrador, no solo en esta película, sino en toda su filmografía. El motor de la misma, la imaginación y la ilusión que mueven el cine del director, queda revelado.

Estamos ante una película que nos habla con nostalgia de un Hollywood que el director ha idealizado porque no pudo vivirlo, como de hecho ha venido idealizando todas las referencias que imperan en su cine, pero puliéndolas para convertirlas en algo propio, personal e intransferible. Prueba de ello es que todos los que intentan imitar sus películas se estrellan. Quizá después de ver Érase una vez en Hollywood quede más claro por qué: les falta la verdadera mirada del director, que no es otra que la de un niño ilusionado viendo las ficciones de la tele y el cine y las criaturas que las habitan como un campo de juegos en el que él mismo puede crear.

Además esta película es una declaración de amor del director por todas esas ficciones, por el cine y la televisión que él ha visto y muchos de nosotros también. Es la película más emotiva de Tarantino, aquella en la que más se expone y explica a sí mismo a través de una fábula que se define como tal desde su título y donde cumple su sueño de ser director de series de televisión que consumió ávidamente en los sesenta y los setenta. Hay por ello varias películas dentro de la película, y un giro final que nos habla de ese tema central del desdoblamiento de la realidad en la ficción, de los juguetes rotos del cine, y de cómo necesitamos el cine y sus fantasías para poder escapar de la realidad.

El plano picado sobre el patio con el que cierra la película es un broche de oro para la montaña rusa emocional que nos ha propuesto en clave de parodia el resto del metraje, y consigue sembrar en el espectador esa sensación agridulce que ha estado gobernando a todos los personajes en este brillante cuento de hadas que es sin duda una de las mejores y más interesantes reflexiones sobre las fantasías audiovisuales y la realidad que nos ha dado el cine en cualquier época.

Érase una vez en Hollywood es la película más completa, más sólida, mejor contada y más interesante en sus propuestas visuales de Quentin Tarantino. Basta pensar en la variada galería de abordajes visuales en los distintos fragmentos de ficción dentro de la ficción que el director aplica para adaptarse al estilo original de cada etapa, imprimiendo así ritmo a su puzle de entrecruzamientos entre ficción y realidad. Los planos del encuentro de Timothy Olyphant y Di Caprio en el salón, el estilo del lenguaje televisivo de los años cincuenta y sesenta, la lección sobre cómo filmar una conversación con movimiento de cámara esquivando el plano contraplano en la escena de la mesa con Olyphant y Di Caprio, la manera de fabricar un momento de intriga creciente con pincelada de terror en el rancho a la luz del día, y los muchos momentos para lucirse con que cuentan los actores, con unos personajes que son de los mejor concebidos y más completos de la filmografía del director por todo aquello que arrastran detrás y como ese equipaje emocional queda explicado más con imágenes que con palabras -es posiblemente la película en la que menos se habla de todas las de Tarantino-, hacen de Érase una vez en Hollywood una de sus mejores películas y con seguridad una de las mejores películas que vamos a ver este año.

Miguel Juan Payán

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Modificado por última vez en Miércoles, 14 Agosto 2019 12:33
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Miguel Juan Payán

Profesor de Historia del cine, Géneros cinematográficos y Literatura dramática

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