Crítica La familia Addams (2019) ★★★

Octubre 21, 2019

Crítica de la película La familia Addams (2019)

Divertida versión animada del tétrico y humorístico clan, que alcanzó la fama televisiva en los años sesenta y arrasó en las taquillas cinematográficas en los noventa.

Un simple chasquido de dedos y unas teclas evocadoras de ambientes góticos fueron elementos suficientes para poner en el firmamento audiovisual a la familia liderada por Morticia y Gómez, desde su bautismo mediático a principios de los años sesenta. Desde entonces, las tiras cómicas creadas por Charles Addams (destinadas en un inicio a ser publicadas semanalmente) han dado para horas inolvidables de televisión en blanco y negro, a la par que para una saga en formato de celuloide; la cual hizo célebres a los siniestros Addams entre el público de los noventa.

Después de las citadas estaciones creativas, La familia Addams regresa con el apoyo de la animación por ordenador propia del tercer milenio, de la mano de Greg Tiernan y Conrad Vernon.

La trama de esta esperada vuelta a las pantallas arranca con una boda de tintes esotéricos y espiritualistas, protagonizada por unos jóvenes Morticia y Gómez. Un enlace que no hace felices a todos, ya que los aldeanos aprovechan la ocasión para enfrentarse a los extraños vecinos, y acabar con su estancia en la zona. Expulsados del lugar, los recién casados buscan un hogar en el que establecerse. Un sitio que encuentran por casualidad en un manicomio abandonado, que se eleva en lo alto de una apartada localidad de Nueva Jersey. Tras unos años en paz, Morticia y Gómez crían a sus dos hijos (Miércoles y Pugsley), dentro de un horror home convenientemente amueblado. Pero los antiguos recelos no tardan en aparecer, y los habitantes de la aldea más próxima empiezan a ver una amenaza en los Addams. Un problema que la ambiciosa vendedora de casas llamada Margaux está dispuesta a solventar, por las buenas o por las malas.

Familia Addams 2

Tiernan y Vernon recurren a toda la galería de personajes clásicos del serial, y los concitan con sus tics y comportamientos habituales. Esto provoca que la acción transcurra con solvencia por un terreno abonado por el conocimiento previo de cada uno de los miembros del grupo consanguíneo protagonista, y de sus respectivas mascotas. Sin ganas de modificar en exceso lo ya expuesto en otras de las aventuras precedentes de los Addams, la pareja de cineastas explota la elegancia malsana de Morticia, el carácter ingenuo y romántico de Gómez, el estilo destroyer de Miércoles, las travesuras de Pugsley o la ironía socarrona de Fétido. En este viaje regresivo ni siquiera falta la célebre canción compuesta por Paul Cassidy, para la serie televisiva de los sesenta.

Este ejercicio de respeto mitómano hacia la monstruosa y simpática family queda ilustrado con un conjunto de situaciones y decorados que fortalecen la escenografía, aunque no consiguen trasladar el mismo efecto en cuanto al contenido de la cinta. El guion se mueve por una senda demasiado previsible, y los chistes quedan un poco deslucidos (sobre todo si se comparan con las gracias ideadas por Barry Sonnenfeld, desplegadas en las dos primeras películas con actores de carne y hueso, elaboradas en los noventa).

Pese a semejantes problemas con el argumento planteado, La familia Addams mantiene el pulso por su humor nostálgico, al que se suman ciertos destellos de ingenio: mediados por un adecuado ambiente gótico, regado con un poco de neurosis cómica.

Jesús Martín

 

 

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Modificado por última vez en Viernes, 25 Octubre 2019 10:50
Jesús Martín

Soy un auténtico apasionado de las películas que despiertan la imaginación