Crítica de la película Terminator: Destino Oscuro

Posiblemente la mejor secuela tras Terminator 2.

Una película llena de grandes efectos visuales y escenas de acción espectaculares, por supuesto, pero que nunca olvida el peso de la trama y de la historia de los personajes, que llevan en esto mucho, mucho tiempo. Unos 35 años desde la primera Terminator de 1984, momento en el que Arnold Schwarzenegger y Linda Hamilton interpretaron a los personajes por primera vez. Y aunque es cierto que Hamilton ha estado relativamente alejada del personaje desde que rodase aquel cortometraje 3D para parques temáticos con James Cameron, nadie ha logrado sustituirla realmente. Quizá Lena Headey lo hizo muy bien en la serie Las Crónicas de Sarah Connor. Pero siempre había quedado la sensación de que sólo Hamilton era realmente Sarah Connor. Y aquí nuevamente descubrimos por qué.

No hay muchas variantes en la trama una vez más. Una joven mexicana, Dani (Natalia Reyes) se encuentra perseguida por un Terminator, una nueva unidad llamada Rev-9 (Gabriel Luna) que tiene la capacidad de separar su exoesqueleto del resto del cuerpo, convirtiéndose en dos unidades letales y prácticamente indestructibles. Dani se encontrará con una mujer del futuro, Grace (Mackenzie Davis) y con una que vuelve del pasado, Sarah (Linda Hamilton) para protegerla de esta terrible amenaza, pero la ayuda del personaje de Arnold Schwarzenegger será capital para sobrevivir y cambiar el destino de la humanidad una vez más. Porque lo que tenemos claro es que desde Terminator 2, nuestro destino, nuestro futuro, ha cambiado por completo. Es uno de los giros que introduce el guión, cuya historia es  en parte de James Cameron, en funcionamiento. Cambiarlo todo, para que todo siga igual.

Mackenzie Davis se convierte así en la mejor incorporación de la película. Un portento a nivel interpretativo (creo que ya lo ha demostrado tanto en cine como tv) pero además una enorme presencia en pantalla y una brillante heroína de acción. Su presencia eleva la película como lo hace Hamilton o Schwarzenegger, y supone el soplo de aire fresco que necesitaba la saga, porque además interpreta a un personaje completamente nuevo. El problema es que las otras incorporaciones, Natalia Reyes y Gabriel Luna, no están al nivel de sus compañeros. No lo hacen mal, no me malinterpreten, ni destrozan la película ni nada por el estilo. Es simplemente, que los otros tres están muy, muy bien. A un nivel superior. Y eso se nota. El villano no impone el respeto que imponía Robert Patrick.

Tim Miller, director de Deadpool, impone un ritmo brutal a la película que casi no tiene descanso desde el principio. Con casi 130 minutos de metraje, la historia sucede en un corto espacio de tiempo, por lo que no queda mucho espacio para aburrirse en la película. Y son escenas de acción brutales en su mayoría. Sólo durante un pequeño lapso de tiempo entre que intentan abandonar México y llegan a cierto sitio (evitemos Spoilers) se resiente el ritmo. Ahí es cierto que la película cae un poco, pero pronto remonta con fuerza hacia su segunda hora llena de acción espectacular. Y humor, porque la película aprovecha para incluir guiños, referencias, momentos para los fans con mucho sentido del humor, uno ácido y sarcástico en la mayoría de casos.

Sí, hay un pequeño valle en el ritmo y, sí, hay dos incorporaciones que no están al nivel del resto, pero eso no es el problema de la película. Son minucias, pequeños detalles sin casi importancia. El problema de Destino Oscuro, realmente, es su guión. No como tal, sino en el conjunto de la saga. La película funciona y la historia aporta cambios, evoluciones interesantes de los personajes después de todo este tiempo, giros bien construidos, el tema de la maternidad, la figura mesiánica que debe salvar a los hombres, la redención y el sacrificio. Temas ya comunes a la saga y perfectamente perfilados aquí. Pero es la misma historia. De nuevo. Seis películas después estamos ante un Terminator persiguiendo a Sarah Connor (o a John, o al primo del vecino de John) viajando desde el futuro y… bueno, conocen el resto. El regreso de James Cameron invitaba a más. A dar un paso al frente y no repetir la misma historia de nuevo. Por mucho que haya cambios, que los hay, y por mucho que el final de T2 sea “real”. O la escena inicial de la película. No importa, necesitábamos un paso más hacia el futuro con Cameron para tener un regreso brillante. Es buena, entretenida, violenta, divertida. Pero podía haber sido memorable. Y aun así, seguramente es la mejor de las secuelas tras Terminator 2.

Jesús Usero

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Modificado por última vez en Jueves, 31 Octubre 2019 09:53
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Jesús Usero

Periodista cinematográfico experto en televisión

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