Crítica Parásitos ★★★★★

Crítica de la película Parásitos

Bong Joon Ho vuelve dirige una película redonda que merece estar entre las mejores del año.

Se está poniendo difícil y al mismo tiempo interesante decidir qué películas merecen estar en la lista de las diez mejores del año en esta recta final de 2010, y eso es bueno para el espectador. Sin duda Parásitos es una imprescindible del cine que hemos visto esta temporada y de los últimos años. Y lo es jugando la carta de lo inclasificable. Porque podemos decir muchas cosas de ella, salvo que sea fácilmente etiquetable. Todo lo contrario. Juega tanto con los naipes de la baraja del suspense como con los de la baraja de la crítica social poniendo nuevamente de manifiesto la facilidad que tienen los grandes maestros del cine de Corea del Sur en los últimos veinte años para poner en pantalla un tratamiento de los géneros cinematográficos que desafía el adocenamiento y la repetición y camuflaje de esos mismos géneros en la clave de las franquicias en el cine estadounidense.

Es así, además de todas las demás virtudes que luce, una ventana abierta al cambio, a otras posibilidades de regocijo y disfrute en el cine.

Y como propina, ahora que los rumores sobre una nueva crisis económica van cobrando cuerpo a nuestro alrededor (se masca la tragedia), es una muy recomendable mirada a qué demonios estamos haciendo con nuestras vidas y con nuestro dinero.

De partida poner en pantalla como epicentro de la trama el encuentro de la acomodada familia Park y a la familia Kim, un grupo cuyos miembros están todos en paro, es incluso mucho más perturbador para esa mirada autocomplaciente y onanista con la que algunos se han empeñado en que miremos el mundo de nuestros días con los tonos del felicísimo algodón de azúcar que hacer que coche de policía sirva como útero alquilado para dar a luz a un monstruo en plena rebelión callejera, algo que nos propone otra de las firmes candidatas estar en nuestra lista de mejores películas del año. Algunos de los que lean esto ya saben a qué película me refiero, pero omito el título para que no me acusen de reventarles nada quienes no la hayan visto.  

Y me alegra, por lo saludable que me parece como terapia para la estulticia que nos rodea, que ambas películas sean capaces de sembrar inquietud en el público de incluso haya quien, mirando los toros desde la pacata barrera de la moral impostada pero falsa como un beso del mismísimo Judas, las tachen de perturbadoras e incluso malignas.

Me alegra porque pienso que es precisamente en ese territorio del tono moral truculento donde el cine y cualquier otra obra creativa tiene que empezar a batirse el cobre con el público para sacarnos a todos del malsano ambiente de estupidez y farsa que nos rodea y alimentamos nosotros mismos con nuestra capacidad para autoengañarnos.

En lo referido a giro de tono, que Bong Joon Ho ha convertido en una de las mejores características de su cine -y me sigue recordando aquí cierto tono de la comedia del maestro Luis García Berlanga en lo referido a la definición de los personajes y sus conflictos y debilidades, como ya hiciera The Host), creo que este último trabajo del director supera lo que nos propuso en el uso de esa misma herramienta de reactivación de la historia en un momento clave en esa película de monstruo, en Mother, en Rompenieves y en Okja. Aquí, como en todo el cine de Bong Joon Ho, no te conviene acomodarte en la historia según un tono genérico porque eso puede cambiar. Aunque siempre la comedia irá teñida de negro en el cine de este realizador, y aquí más que nunca, pienso que aquí se ha superado.

Ésta es su mejor película hasta el momento, incluso mejor que Memories of Murder (Crónica de un asesino en serie), aunque reconozco que a título personal me gusta más como espectador. Parásitos confirma por otra parte que lo que mejor le cuadra genéricamente al director en lo referido a resultados es la tragicomedia, a la que ya le sacara brillo y máximo partido, ya sea como parte esencial del nervio central de la tarma y definición de situaciones y personajes, cosa que ocurre en The Host, en Okja, y en Parásitos, o como breve fogonazo para ventilar el drama abriendo paso a la ridiculización de personajes y situaciones, algo que encontramos más en el resto de su filmografía. Crónica de un asesino en serie sigue siendo mi película favorita de este director, y reconozco que como espectador lo he pasado mejor viendo The Host y Rompenieves que Parásitos, pero ninguna de ellas tiene la capacidad casi hipnótica de dibujo perturbador y certero de la sociedad actual que nos propone este último largometraje que rezuma amargura capaz de recordarme lo mejor de las comedias negras españolas escritas por Rafael Azcona. La pregunta ¿Oxford tiene un curso de falsificación? es la pista perfecta para enlazar aquella otra forma de reírse de la tragedia de una sociedad esperpéntica con ésta, y de paso permite al director desarrollar el juego de empatía del espectador con los personajes, desde su definición como pícaros supervivientes, para dar lugar a todo lo que viene después.

Y lo que viene es un despliegue de talento visual capaz de jugar en ese territorio argumental del enfrentamiento entre contrarios por ejemplo trabajando con la fotografía y el tratamiento del espacio del plano como elementos claves para llevar el género picaresco de partida a algo más, construyendo la película más completa y equilibrada de la filmografía del director.

La manipulación del espectador y sus simpatías alternativamente dominantes hacia los miembros de una familia u otra, es un juego de despiste atrevido, incluso en algunos momentos temerario cuando se acerca a discursos fáciles, por ejemplo señalando el dinero como el elemento que hace más agradables y educados a los Park, acaba encontrando su coherente justificación a medida que se produce esa siempre hábil vuelta de tuerca genérica que tan bien domina el director, y entramos en un territorio llamado a removernos de nuestra cómoda e indulgente manera de mirar el mundo que nos rodea desde la barrera de lo políticamente correcto.

Miguel Juan Payán

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Modificado por última vez en Domingo, 27 Octubre 2019 11:19
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Miguel Juan Payán

Profesor de Historia del cine, Géneros cinematográficos y Literatura dramática

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