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Crítica El oficial y el espía ★★★★

Crítica de la película El oficial y el espía

Vuelve el mejor Polanski con una de las películas más interesantes de su filmografía.

Roman Polanski se saca la espina de su resbalón en Basada en hechos reales, su último trabajo con El oficial y el espía. Nos propone en la misma, ni más ni menos, el regreso de las mejores características de su manera de entender el cine. Y trabaja sin complejos, sin dejarse atrapar en laberinto de los acontecimientos reales, con un suceso que conmocionó a la sociedad francesa y la dejó tan marcada que todavía hoy sirve como materia prima para dar lugar a una reflexión muy actual sobre la libertad de expresión y el abuso de autoridad.

El tema de la corrupción que rodeó el complejo laberinto de conspiración teñido de antisemitismo en el caso Dreyfus, sirve a Polanski para proponernos en primer lugar una fábula de intriga tan bien construida y visualmente acertada como la que habita en algunas de sus mejores películas. Piensen en Chinatown y tendrán una variante de esa intriga de homenaje al cine negro clásico trasladada al territorio de la reconstrucción histórica que el director clavó en otro de los grandes títulos de su cosecha personal, Tess.

Precisamente una característica que sobresale en ambos trabajos está presente también en El oficial y el espía, y es la naturalidad con la que Polanski se impone como director al género que aborda o a la reconstrucción de la época y el hecho histórico que le sirve como punto de partida, de manera que en ningún momento permite que nada de ello le distraiga de su construcción de personajes y del arco de desarrollo de los mismos, movidos

El antihéroe de esta película, el oficial del título, interpretado por Jean Dujardin, tiene mucho en común con el detective privado interpretado por Jack Nicholson en Chinatown. Figura atrapada en el laberinto kafkiano del abuso de poder, atrapado entre la trama de conspiración propiamente dicha, su propio primer impulso a creer todo aquello que le cuentan y pasar de largo del asunto convenciéndose de que no tiene nada que ver con él a, llevado por su orgullo profesional más que por el afán de justicia, a exponerse personalmente persiguiendo la verdad. En el planteamiento visual de su particular pesadilla un detallista Polanski pone todo el sentido de su fábula y de la posición de ese personaje perdido en los laberintos del poder en dos secuencias donde las manos de los personajes y la posición de la cámara cobra especial significado.

La primera en el despacho del protagonista en la primera parte de la trama, enfrentado a Henry (Grégory Gadebois). Son el principio y el final del camino por la intriga de suspense que nos propone esta película, pero también definen un tema asociado a la trama de la misma: la pérdida de confianza en las instituciones que acompañó el caso Dreyfus, donde también se puso en jaque la libertad de expresión.

La segunda nuevamente con Henry en el tramo final del juicio.  dentro del sistema de mentiras oficiales que le rodea y del que forma parte como militar de alto grado y responsable del servicio de contraespionaje francés.

El caso Dreyfus que definió toda una etapa de la historia de Francia, lleva a Polanski, haciendo gala de su peculiar habilidad para desplazar su cámara por los interiores en los que se desarrollan, a modo de laberintos, sus historias, o ponernos en pantalla un plano de vigilancia de los sospechosos que recuerda otro plano similar de El pianista, observando cómo los nazis entran a saco en la casa de los vecinos al otro lado de la acera, o las miradas del propio Polanski-actor en El quimérico inquilino, a imponer con autoridad su propia gramática cinematográfica al asunto que trata.

Detalle a tener en cuenta en la película es esa curiosa alianza entre el director y el personaje femenino que interpreta Emmanuelle Seigner, que les permite a ambos crear un personaje esencial para definir la trama y al propio protagonista en lo privado. Son solo unas breves apariciones de Seigner las que permiten a Polanski pintar con tan solo unas pinceladas una rica visión de la vida privada de su antihéroe en una clave intimista que equilibra y complementa el sórdido paseo por la intriga.

Miguel Juan Payán

 

 

 

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Modificado por última vez en Miércoles, 08 Enero 2020 08:14
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Miguel Juan Payán

Profesor de Historia del cine, Géneros cinematográficos y Literatura dramática

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