Crítica Festival de la Canción de Eurovisión: La historia de Fire Saga ★★★

Junio 28, 2020

Crítica de la película Festival de la Canción de Eurovisión: La historia de Fire Saga

Will Ferrell vuelve al tipo de comedia que le dio fama.

       Y tras el fiasco comercial y de crítica de Holmes y Watson, película que pese a reunirle con John C. Reilly fue un completo desastre, las cosas no pintaban demasiado brillantes en la carrera del actor y guionista de esta película. Por lo que algo tenía que cambiar. Por un lado presentarse en un proyecto de Netflix, una película que no llegaría a cines, pero que tendría el apoyo del mayor servicio de streaming del mundo. Y allí la tenemos, sin depender de la taquilla. Y la otra, entrar de lleno en el género de comedia disparatada con personajes imposibles en mundos bizarros que tanto éxito le dio en El Reportero, Pasado de Vueltas, Semi-Profesional o Patinazo a la gloria.

       Ferrell incluso recupera esos títulos enormemente largos y tan característicos de aquellas películas, y deja el deporte o las noticias, para ser cantante. Islandés. Y con la enorme ilusión de ganar Eurovision. Enfrentado a su padre y a una vida ridícula, el personaje sólo tiene el consuelo de su compañera de grupo musical (¿o es algo más?). Cuando son elegidos, inesperadamente, para representar a Islandia en el festival de Eurovision, el sueño de toda su vida, podría convertirse en el paso que ambos necesitaban, aunque quizá lo que deseen no sea exactamente lo que ellos creen, sino algo completamente distinto. ¿Serán capaces de conseguirlo? Quizá el final sea lo de menos. Lo importante es el humor surrealista de la película.

       Si son fans de Will Ferrell, están de enhorabuena. Su tono bizarro, alocado, disparatado y de niño metido en el cuerpo de un adulto, sigue ahí para quien lo disfrute. Si no son fans, lo encontrarán sin sentido, excesivo, absurdo e idiota. No es una opción para todo el mundo, y eso limita las opciones para la audiencia. Tampoco es que los fans vayan a encontrarse su mejor trabajo, ni delante ni detrás de las cámaras, pero al menos es infinitamente superior a Holmes & Watson y los chistes, muchos de ellos funcionan. Especialmente momentos como el videoclip musical (y la realidad que esconde), los encuentros con un magnífico Pierce Brosnan o la presencia de un Graham Norton sin el que no se concibe esta película, la verdad.

    Pero por el camino tenemos a Rachel McAdams no sólo desaprovechada, sino algo perdida. La película no sabe darle no ya dimensión, sino momentos de humor y disparate como los de su compañero. Y encima con la trama romántica, por llamarla de algún modo, se ralentiza el ritmo de la historia demasiado. Lo que alarga el metraje a más de dos horas, en una película que jamás debió pasar de los 100 minutos. Más allá de eso, se notan las limitaciones como director de un cumplidor aunque algo plano, quien ya trabajó con McAdams (y brevemente en el cameo de Ferrell) en De Boda en Boda. No esperen demasiado de ella y disfrutarán de su humor descerebrado.

Jesús Usero

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Modificado por última vez en Domingo, 28 Junio 2020 23:12
Jesús Usero

Periodista cinematográfico experto en televisión