Crítica Voces ★★★

Julio 20, 2020

Crítica de la película Voces

Terror patrio con buen armazón narrativo pero un guión excesivamente tramposo.

     Voces es una nueva apuesta por el cine de terror en nuestro país que se convierte en la película perfecta para que volvamos a las salas de cine tras la pandemia, para instalarnos cómodamente en nuestra sala favorita y disfrutar con sus poco más de 90 minutos de tensión y sustos medidos en torno a una casa en la que suceden cosas muy, muy extrañas. Para conseguirlo la película se apoya en su excelente reparto y en una dirección y puesta en escena magníficas para sobrevivir a las trampas y lagunas de un guión que necesitaba una vuelta de tuerca más. O dos o tres, realmente. Pero al final la película consigue su propósito. Asustarnos durante un rato y hacernos disfrutar con ello.

     Una familia que vive comprando viejas casas y renovándolas está trabajando en una casa que no parece tener nada en especial, pero que tiene a su hijo completamente desquiciado. El niño oye voces, voces que le cuentan cosas terribles, que le tienen aterrorizado. A través de las paredes o de un comunicador, el niño sólo desea salir de esa casa. Cuando las cosas cambien drásticamente, la familia buscará la ayuda de dos expertos en psicofonías para intentar desvelar el misterio de la casa y ser libres. Nada nuevo, nada que no hayamos visto una y mil veces en el cine de género con una historia sencilla y apañada, algo que sirve para presentar una casa que esconde un terrible secreto, como tantas otras. A estas alturas el secreto casi es lo de menos.

     Creo que hay pocos actores actualmente capaces de dar una capa de naturalidad y honestidad a un papel como lo hace Rodolfo Sancho. El padre de familia perfecto para esta historia en la que no está nunca solo. Ramón Barea y Ana Fernández como los expertos en el más allá, y Belén Fabra como la madre. Aunque es cierto que la presencia de Nerea Barros funciona perfectamente para añadir un par de momentos realmente inquietantes sobre el pasado de ciertos personajes. El uso de la luz y de las sombras, la composición de plano o los sustos (algunos imprevisibles, otros bien elaborados como el momento de la cama…) elevan la película gracias a la pericia de Ángel Gómez Hernández.

     Pero claro, el guión no ayuda demasiado. Pese al buen arranque la película se despedaza poco a poco consiguiendo que poco o nada acabe teniendo sentido. La explicación a las presencias es… cuestionable, y nada acaba teniendo sentido. La historia de trasfondo de los personajes de Barea y Fernández es escasa e insuficiente, y el giro final (tras un final algo anticlimático) deja muy buen sabor de boca, pero es tramposo porque altera completamente las reglas del juego que hasta entonces nos han planteado. Es una película que nos hará pasar un buen rato, pero su historia la olvidaremos poco después de abandonar la sala. Y posiblemente muchos piensen que con algo más, nos podíamos haber encontrado ante una excelente película de fantasmas.

Jesús Usero

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Modificado por última vez en Viernes, 24 Julio 2020 11:23
Jesús Usero

Periodista cinematográfico experto en televisión