El club secreto de los no herederos al trono ★★

Septiembre 23, 2020

Crítica de la película El club secreto de los no herederos al trono

Princesas Disney reconvertidas en superheroínas rockeras.

      Pasable entretenimiento para preadolescentes con un rato libre que quieran ver lo que podríamos definir como la versión almibarada, descafeinada y cero azúcares de los mutantes de la Marvel.

      Tomando prestado todo lo necesario de los mutantes de Marvel, y con esto quiero decir algunos escenarios, lugares icónicos como la Sala de Peligro, un clon del personaje de Jamie Madrox, el Hombre Múltiple, e incorporando todo eso a una estructura argumental de pasado haciéndose presente, legado y pecado de los padres y traiciones en familia que recuerda El rey león, a esta película solo le quedaba arrancar con un argumento de princesa Disney reformada en superheroína para construir una colección de tópicos propios de la película de orígenes habitual en los comics, series y películas con superpoderes.

      No es muy original que digamos y en sus planteamientos para los personajes renuncia a desarrollarlos más allá del boceto imprescindible para que sirva al objetivo de habitar desde el tópico una historia bastante previsible donde todo lo interesante está copiado de otra fuente y resulta imposible no mirar esta película para televisión como un pobre intento de saquear las franquicias de mutantes de la compañía para sacar una versión edulcorada y domesticada, rebozada en trajes de princesa y algodón de azúcar de Los nuevos mutantes.


      Tiene el acierto de no durar mucho, unos diez minutos más allá de la hora y media, y cumple como entretenimiento para pasar el rato. Pero su esquematismo, casi boceto, de personajes e historia, y sobre todo las pocas ganas que parece tener de desarrollar todos los aspectos curiosos que incorpora, quedándose siempre en lo más superficial y previsible, deja convertida en una especie de episodio piloto para una serie juvenil con el tono habitual de las producciones Disney. Como episodio piloto puede valer. Como película para televisión se queda floja y corta.

      Buen ejemplo de estas características es el villano, pobremente construido y atrapado en el lugar cómun, el flashback al pasado, tópico incluso en el tratamiento de la luz, la manera de explotar el personaje protagonista o la forma en la que se resuelve la subtrama de alejamiento entre la protagonista y su amigo: deprisa y corriendo, como reconociendo que no hay muchas ganas ni tampoco queda tiempo de ir más allá con ese asunto. Todo queda explicado y resuelto, con prisas, en una parrafada al otro lado de una puerta.

      Son abordajes propios de un episodio piloto y testimonian cierta dejadez en la aplicación de la fórmula y a la hora de construir una identidad sólida para este producto como película concebida para televisión.

      El caso es que hay en la película elementos para un mejor desarrollo de la propuesta, como ese arranque más gamberro con las dos niñas, que hacía presagiar algo más interesante de lo que luego se nos propone, o la alternancia de la fórmula “princesa Disney” con el juego de intriga superheroica sacando partido a decorados minimalistas al principio. Pero todo eso acaba manejándose como una propuesta visualmente poco arriesgada, plana, que va perdiendo fuerza a media que avanza y tiene un punto de inflexión significativamente frágil en la tópica secuencia de la playa, naufragando en la acción del tercer acto visualmente con esa imagen de las mariposas y la protagonista que hace daño a los ojos.

Miguel Juan Payán

 

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Modificado por última vez en Viernes, 25 Septiembre 2020 16:46
Miguel Juan Payán

Profesor de Historia del cine, Géneros cinematográficos y Literatura dramática