El Verano que Vivimos ★★★

Noviembre 02, 2020

Crítica de la película El Verano que Vivimos

Drama romántico con un gran reparto y una poderosa dirección.

      Su pecado es el guión, como en tantas otras ocasiones, tan obsesionado por emocionarnos, por hacernos sentir la pasión de los dos protagonistas, que olvida que en los detalles es donde reside el romance, que en las pequeñas cosas es donde se sitúan las grandes historias de amor. Muy cercana en tono y espíritu a Palmeras en la Nieve, consigue emular visualmente en lo que aquella película triunfaba, su tono de romance épico, su historia contada en dos momentos en el tiempo, el aire de investigación del presente y su cruce con el pasado… Pero por algo esas historias habitualmente duran mucho más de dos horas. Normalmente cerca de las 3 como la que hemos mencionado… Y El Verano que Vivimos ronda las dos horas de metraje.

      Algo que puede parecer un acierto. Una historia más concreta, más centrada, más magra. Menos cargada de grandeza autoimpuesta… Bueno, puede parecerlo, pero hay elementos necesarios, imprescindibles a la hora de contar una historia y de hacer creíble un romance como éste, y la película falla a la hora de contarlo. No es culpa más que de un guión demasiado ligero y que se apoya demasiadas veces en escenas poco dibujadas y promesas jamás cumplidas. Presenta demasiadas cosas que, al final, no llegan a ninguna parte, y descompone en demasiados momentos casuales lo que debería ser una historia, o dos, mejor trabajada. Una historia que parte de 1998, cuando una joven periodista encuentra las esquelas de un hombre a una tal Lucía, que envía cada septiembre puntualmente…


      Tirando del hilo, encuentra a un familiar y juntos, a través de las propias esquelas y lo que descubren, descubrirán quién era realmente Gonzalo Medina y la misteriosa Lucía, cuando se conocieron en 1958 en Jerez. Una historia ligada al encargo de construir una bodega y a la unión de dos familias que tienen sendos viñedos. A partir de ahí un amor prohibido y una historia que llegará hasta 1998, casi 40 años después. Y aquí es donde entra en juego el talento del reparto. Javier Rey, Blanca Suárez y Pablo Molinero defienden con increíble fuerza sus personajes, apoyados por la presencia de nombres Joaquín Núñez o Manuel Morón. Pero es la presencia del reparto más joven la que realmente nos implica en la historia. En el pasado, sorprende la fuerza de María Pedraza, mientras que Carlos Cuevas y Guiomar Puerta son el ancla en la historia más cercana en el tiempo. Y destacan ambos.

      Tras ellos la fuerza en la dirección de Carlos Sedes, un sorprendente trabajo de exhibición de músculo visual (se nota que la película ha contado con un presupuesto más que competente, o que ha sido muy bien aprovechado) con homenajes al cine clásico, con unos maravillosos planos aéreos, una fotografía exquisita y una narrativa preciosista y precisa (la escena de la paliza nocturna es simplemente deslumbrante). Pero el guión lastra los muchos aciertos de la película. No hay amor, ni romance. Hay pasión. Hay momentos en los que los personajes se enamoran (o algo así) porque lo pone en el guión, no porque suceda en esa historia de amor. No hay amor, hay pasión. Y eso no convence para creerse 40 años de esquelas. Por no hablar de un par de escenas que pueden hacer reír al espectador cuando no debería. El resto, un proyecto más que interesante y seguro que perfecto para su público.

Jesús Usero

 

 

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Modificado por última vez en Lunes, 09 Noviembre 2020 11:01
Jesús Usero

Periodista cinematográfico experto en televisión