Finales, principios ★★

Noviembre 09, 2020

Crítica de la película Finales, principios

El nuevo drama romántico de Drake Doremus manifiesta claros síntomas de agotamiento narrativo y estilístico.

El director Drake Doremus tuvo un sonado debut en el largometraje con Como locos, llevándose en 2011 el Gran Premio del Jurado a Mejor película del Festival de Cannes y convirtiéndose para muchos en la nueva gran voz del drama romántico indie. La química entre Felicity Jones y Anton Yelchin, la naturalidad y frescura que desprendía su relación a distancia y la forma en la que el director abordaba los sueños y miedos del primer amor millennial hacían olvidar algunas decisiones cuestionables de los protagonistas y ciertos clichés que han ido creciendo en las siguientes películas de Doremus. En The Beauty Inside, Pasión inocente, Equals, Newness y Zoe el director volvió a abordar las vicisitudes de las relaciones de pareja, pero nunca alcanzó el nivel de su opera prima.

En Finales, principios, Doremus relata el viaje emocional de Daphne (Shailene Woodley), una treintañera inestable que trata de superar la ruptura sentimental con el que creía que era el hombre de su vida. Aunque se propone dejar de lado la bebida, las fiestas y los hombres, cuando se marcha a vivir con su hermana conoce a dos amigos que cambiarán por completo su vida. Con este planteamiento, y si tenemos en cuenta la resolución de Como locos, podría tratarse perfectamente de una secuela, pues de nuevo tenemos a una protagonista emocionalmente inmadura y perdida profesional y sentimentalmente en la vida. Si la parte más floja de aquella película eran las eternas dudas de los personajes y sus escarceos amorosos, aquí el centro de la historia es un triángulo amoroso cuyo único aliciente es saber si la atribulada joven se decantará por Jamie Dornan o Sebastian Stan. Difícil decisión. A partir de su relación con ambos, el realizador pretende contar el viaje hacia la madurez de Daphne, pero este resulta muy poco estimulante por el escaso interés de los pretendientes y la nula química que demuestran en sus encuentros. Por ello, la historia se torna aburrida y repetitiva, siendo un ir y venir de fiestas en las que se entonan temas musicales que tampoco levantan la función. Lo verdaderamente interesante, que es la crisis vital de Daphne y su pasado, apenas está contado en un par de retazos.


      Si el director hubiera sido más honesto con la historia que tenía entre manos, puro material para una dramedia romántica sin más alicientes que contemplar lo guapos y guapas que lucen en pantalla y el almibarado amor que se profesan, el resultado habría sido mejor. Sin embargo, mientras que en Como locos primaba la naturalidad y la ligereza, aquí se nota cierto amaneramiento que cubre el relato de pretenciosidad. La dirección, con su característica cámara en mano y los omnipresentes jump cuts, y la fotografía, muy oscura y por momentos opresiva, parece que intentan remarcarle al espectador que se encuentra ante una obra solemne y profunda, aunque ese tono elevado nunca se sienta ni en el guion ni en los diálogos. A Doremus lo vuelve a salvar el buen trabajo de su actriz principal, pero quizás debería apartarse del drama romántico, explorar otros caminos y regresar dentro de un tiempo al género con aires renovados.

Alejandro Gómez

 

 

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Modificado por última vez en Lunes, 09 Noviembre 2020 12:57
Alejandro Gómez

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