La Llorona ★★★★

Noviembre 12, 2020

Crítica de la película La Llorona

Una magnífica muestra de una filmografía casi desconocida.

      Hablamos de la filmografía no sólo de su director y guionista, Jayro Bustamante, sino también de la de todo un país, Guatemala, cuyas películas no nos llegan con la suficiente regularidad, seguramente. Esta tercera película del director, La Llorona, que hace cierta referencia al mito por supuesto, supone el cierre del llamado tríptico del insulto. La primera entrega, Ixcanul, hablaba del racismo y la siguiente, Temblores, del estigma de la homosexualidad en Guatemala, mientras que esta tercera entrega lo hace en torno, cuenta el director, de la palabra comunista, que es usada en su país para definir a cualquiera que hable de derechos humanos. No quisiera enmendarle la plana a su creador, pero la película va bastante más allá de eso…

      Un viejo general, con principio de Alzheimer, se enfrenta a un juicio que decidirá si es culpable del genocidio del pueblo indígena o, como él asegura, sólo seguía órdenes. Acompañado de su familia, su esposa, hija y nieta, el general recibe la sentencia, pero quizá tenga algo mucho peor a lo que enfrentarse, sus fantasmas del pasado, que se personalizan en forma de una mujer que cada noche llora en su casa. ¿Realmente La Llorona habita la casa del general? ¿Es la enfermedad la que habla por él? ¿Es la presión de la turba que espera fuera de su casa? ¿O tiene relación de verdad con la nueva criada que llega tras la marcha de todos sus anteriores empleados? Para responder a esas preguntas, o no, debemos ver La Llorona.

      Sabiendo que sus anteriores trabajos son excelentes también, La llorona brilla porque posiblemente es la más accesible de las tres, sobre todo por ese componente de cine de terror que uno no sabe si es real o una imaginación. Esa posible fuerza de la naturaleza, o esa locura, que se representa en la mirada de María Mercedes Coroy, la joven actriz que aquí hace un ejercicio de interpretación… escalofriante. En su aparente frialdad reside la clave de su existencia. Y de todo lo que rodea una casa que sólo encierra dolor y tragedia. Sabrina de la Hoz y Margarita Kenéfic aportan muchísimo a esta gran historia contada con precisión y elegancia por su cineasta.

      Bustamante se sirve de menos de 100 minutos para hacernos partícipes de este relato de terror político, de la miseria del hombre en la guerra y de aquellos que no olvidan. La película es reflexiva e inteligente, no busca los sustos fáciles, sino el terror incómodo en el espectador. Una sensación de inquietud que no se sacude cuando termina la proyección. Escenas como la de la litera, la piscina o la ambulancia lo definen a la perfección, apoyadas por esos flashbacks como pesadillas que se acumulan con precisión. Quizá la resolución sea demasiado obvia, pero muy efectiva, en esta historia que transmite mucho y que da más miedo que la mayoría de producciones de este año que llegan de Hollywood. Una película magnífica que no debe pasar desapercibida y que el público debe rescatar mientras se proyecta en salas.

Jesús Usero

 

 

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Modificado por última vez en Viernes, 13 Noviembre 2020 14:12
Jesús Usero

Periodista cinematográfico experto en televisión