Para Sama ★★★★

Noviembre 13, 2020

Crítica de la película Para Sama

La joven directora Waad al-Kateab narra en primera persona el lado más íntimo, emocional y cruel de la Guerra de Siria.

      En el año 2011 una serie de manifestaciones y la rebelión armada de una fracción del ejercito contra el gobierno de al-Assad provocó el estallido de una guerra civil en Siria, a la que se sumarían poco después superpotencias como Estados Unidos y Rusia. A lo largo de todos estos años se han sucedido películas, documentales, reportajes y noticias en televisión que ponían el foco en los aspectos políticos del conflicto y se olvidaban del lado más humano; pero sin que lo supiera el resto del mundo Waad al-Kateab ha luchado desde el principio por ponerle cara al conflicto.

      La joven periodista siria llegó a estudiar a Alepo en los comienzos de la revolución y allí se enamoró de Hamza, un joven médico. En medio del asedio de la ciudad tuvieron una hija llamada Sama, que pasó sus primeros meses de vida refugiándose de las bombas junto a su madre en el único hospital que quedaba en pie en la ciudad. Con la idea de que todo ese horror no cayera en el olvido, al-Kateab decidió filmar los efectos que la guerra tuvo en sus vidas y en la gente de Alepo como documento para su hija. En forma de diario y con su propia voz en off, en Para Sama la directora nos sumerge en la incertidumbre, el terror y la impotencia con la que viven los ciudadanos los ataques y la perdida de sus familiares. Momentos descarnados que son captados con un temple admirable, que impactan por su extrema crudeza (en plano aparecen desde bebés hasta ancianos sin vida) y desolación, personificada en ese niño que se siente solo, defraudado por los amigos que han abandonado la ciudad, y que incide en la idea con la que se cierra el documental de que realmente no importan los lugares, pues estos los hacen las personas. Definitivamente no está indicado para espectadores sensibles, que solo encontrarán un poco de calidez en el intimismo emocional de determinadas escenas, como la boda de los protagonistas o los juegos con Sama. Se puede criticar su visceralidad, pero no se utiliza la espectacularización de la violencia como cebo para atraer al espectador más morboso sino como un grito de auxilio para concienciarlo y poder denunciar lo que está ocurriendo en el país.


      En este tipo de documentales es tal la naturalidad y el horror que emanan de sus imágenes que la estética o los recursos narrativos pasan a un segundo plano. Aun así, se percibe el esfuerzo de al-Kateab por integrar ciertos recursos ficcionales que funcionan perfectamente a la hora de generar tensión, como los saltos temporales del comienzo; y también otros que al intentar acrecentarla de forma efectista se acercan al mockumentary y estropean la veracidad del relato, como ocurre en la escena de la aduana con el innecesario fundido a negro y su posterior elipsis. Pequeños borrones que no deslucen un buen documental que agitará conciencias. 

Alejandro Gómez

 

 

Add to Flipboard Magazine.

  

©accioncine

 

Revista ACCION

haga clic en mí para abrirlo

cierre la etiqueta tanto en la parte superior como en la parte inferior

texto dentro del spoiler

Alejandro Gómez

Todo en uno: cinéfilo, seriéfilo, melómano, lector voraz y tragaldabas.