Matar a Santa ★★

Noviembre 23, 2020

Crítica de la película Matar a Santa

Ni Mel Gibson ni Walton Goggins levantan una película de mediocre resultado.

      La premisa era enormemente prometedora, una historia a caballo entre la sátira, el cine de acción y una reflexión sobre las fiestas, nuestro consumismo y el propio gobierno americano. Pero se cae poco a poco, se desmonta desde los primeros minutos, con ese camino que toma y que no es capaz de definir lo que quiere ser. Mel Gibson hace un Santa Claus con toques de realismo, un tipo cercano y que sufre para pagar las facturas y llegar a fin de mes cuando las cosas vienen mal dadas. Y Goggins es perfecto como asesino a sueldo que busca acabar con el gran Santa Claus por el enfado de un niño que no ha recibido lo que deseaba. Pero en poco más puede apoyarse la película.

      Esa es la trama, no hay mucho más. Santa Claus, Chris, lo está pasando realmente mal para poder mantener su taller de elfos abiertos y el negocio en marcha. Debe aceptar un trabajo que no le parece del todo bien, pero que tendrá su negocio en marcha durante un tiempo. Mientras, un niño bastante repelente y peligroso, recibe el peor de los regalos posibles en Navidad, lo que le lleva a contratar a un asesino a sueldo, que tiene sus propias cuentas pendientes con el personaje legendario, y se encamina al hogar secreto de Papá Noel para acabar con él. Y en esa propia sinopsis radica uno de sus grandes problemas. La película no sabe qué quiere ser. Si una historia más familiar y hasta costumbrista con un Santa Claus realista, o una comedia desenfrenada donde nada tiene sentido.

      Ni se arranca del todo por un camino, ni por el otro, lo que hace que quede en historia tibia y nunca tenga la fuerza necesaria. Da tumbos de un lado a otro sin concretar nada porque el guión lo mismo se toma en un instante de forma muy seria la situación de Chris, que todo es una parodia al siguiente. Y ese guión podría terminar de pasar desapercibido si la película fuese un desfase impresionante del minuto uno al último, pero no es así. La historia se alarga, se alarga, se alarga… cuando llega lo que todos esperábamos ver desde el arranque, la película anda a punto de terminar. Sin decidirse todavía. Los personajes bien pueden dar bandazos todo el tiempo, a la película no parece importarle.

      En ese mundo, lo que hacen Gibson y Goggins, o la siempre cumplidora y más que competente Marianne Jean-Baptiste, queda en poco, muy poco. Su tramo final es lo más interesante y llega demasiado tarde. Porque a esas alturas no estamos pensando más que en cuánto le queda al metraje. Ya apenas nos interesa. Las sonrisas previas, las carcajadas puntuales, saben a poco. El final, sabe a poco. Es un producto mediocre en definitiva, nada que no sea visto en una tarde y olvidado poco después. Y sabe mal porque el reparto está ahí, y en su idea se esconde el potencial de una comedia negra de acción realmente divertida e imprevisible. Que no sale a relucir.

Jesús Usero

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Modificado por última vez en Viernes, 27 Noviembre 2020 13:22
Jesús Usero

Periodista cinematográfico experto en televisión