Guerra de mentiras ★★★★

Abril 06, 2021

Crítica de la película Guerra de mentiras

Interesante reflexión sobre la mentira, su origen y sus consecuencias.

         Esta frase es el punto de partida de una de las películas más interesantes que vamos a ver este año. Una película útil, por cuanto nos lleva a reflexionar sobre una mentira que ha definido nuestro mundo desde principios de este siglo, la mentira y el miedo que condujeron a la invasión de Irak, y a pensar en qué otras mentiras están definiendo nuestro mundo y a nosotros mismos en esta era de la pandemia.

         La acción nos traslada a Irak en 1997, siguiendo los pasos del protagonista, un científico alemán experto en armas biológicas que forma parte de la misión de inspección de armas de las Naciones Unidas. La película rápidamente define a este personaje desde su inclinación a dejarse llevar por la mentira. Ya en sus primeros compases, en menos de 9 minutos de metraje, la película define el conflicto y la retorcida, pero humana, naturaleza de su protagonista, al tiempo que siembra claves de anticipación sobre las consecuencias que van a tener sus actos. Y lo hace de forma natural, fluida, cercana. No es solo que la película se base en hechos reales. Es que además se ha propuesto mantenernos siempre cerca, muy cerca, de ese pobre tipo miserable que la va a liar muy parda con sus mentiras, para que lo acompañemos en un camino que se va estrechando cada vez más mientras se interna en el laberinto casi kafkiano que él mismo ha construido y en la pesadilla de engaños y conspiración que le convierte en miembro del mismo clan de desesperados hijos de la angustia en el que podríamos encontrarnos al protagonista de la novela Crimen y castigo de Dostoiewski. Y Kafka y Dostievski forman un mal paisaje para vivir.

         Lo que aborda Guerra de mentiras no es tanto la denuncia relacionada con el origen de la guerra como la mentira y la compleja mente y conflictos del mentiroso. Las consecuencias de la mentira que sirve como detonante de la trama de la película ya las conocemos, así que la película no va de eso, no va de la invasión de Irak bajo la sospecha de la existencia de la existencia de armas biológicas. Tampoco es una película sobre la conspiración, aunque la conspiración forme parte de su argumento. El tema de la película es la mentira.


Guerra De Mentiras 2

         Lo que aborda Guerra de mentiras no es tanto la denuncia relacionada con el origen de la guerra como la mentira y la compleja mente y conflictos del mentiroso. Las consecuencias de la mentira que sirve como detonante de la trama de la película ya las conocemos, así que la película no va de eso, no va de la invasión de Irak bajo la sospecha de la existencia de la existencia de armas biológicas. Tampoco es una película sobre la conspiración, aunque la conspiración forme parte de su argumento. El tema de la película es la mentira.

         ¿Por qué mentimos? Después de beberse un refresco de cola, marca-símbolo del imperio estadounidense (que significativamente también invade la mesa en la que se produce el posterior interrogatorio del confidente iraquí), y asustarse cuando una mujer iraquí golpea el cristal, y tras recibir la noticia de que la misión de la ONU finaliza y tiene que volver a su casa, vemos al protagonista con su compañera en la cama, confesándole que le mintió diciéndole que estaba casado para poder mantener relaciones sexuales con ella porque temía que si no lo hacía así ella saldría corriendo. Tal cual.

         En una secuencia sencilla, con los dos en la cama, con un diálogo muy concreto y breve, queda totalmente explicada la mente del mentiroso. Miente alguien que quiere ser algo que no es. Un héroe, un líder, quizá un salvador. Alguien que tiene un vacío. El protagonista no ha superado la pérdida de su mujer y la soledad lo define en toda la película. Es escéptico, inicialmente no cree en la mentira, pero acaba dejándose arrastrar por ella. Se entrega a la mentira por motivos absolutamente personales que son tóxicos para la verdad. Es algo humano. Empatizamos con él, y eso es un acierto de la película.

         Miente también quien tiene miedo. Miedo a ser rechazado. Miedo a no destacar nunca en nada. A no ser nadie. Miedo a la soledad. El plano plano del banco vacío junto al muro del centro de retención en la solitaria calle en la primera parte y su reaparición en la segunda parte de la película es muy elocuente.

         El miedo como condimento de la mentira está claramente explicado también en los primeros 9 minutos de la presentación que condensan todas las claves esenciales de Guerra de mentiras. Está en esa imagen del polvo en suspensión sobre fondo negro con la voz en off del protagonista explicando qué es, cómo ópera y las consecuencias del ántrax –“Básicamente te pudres en vida”-, seguido por los planos en el laboratorio que acompañan a la presentación del reparto, en los que música y planos de detalle parecen definir cómo funciona la mente de ese personaje que está deseando aceptar cualquier camino para escapar de sus miedos. Está en la imagen de la fiesta al aire libre para celebrar el éxito donde nos muestran cómo se filtra el miedo en nuestra percepción del mundo.

         Detalle: en su primera aparición en Irak y en el laboratorio el protagonista queda solo en el plano, aislado, embutido en traje nbq.

         Es un acierto el tono de farsa, con alguna que otra pincelada de tragicomedia y detalles que ponen un filtro de reflexión en la mente del espectador a la hora de enfrentarse a la trama de intriga, como esa presentación con la silla vacía en el despacho del funcionario trepador que detona toda la trama, el superior incapaz pero maquiavélico, sin haber leído, o si lo ha leído sin haber entendido una sola palabra de El príncipe de Maquiavelo. El perfecto agente del caos cabalgando a lomos de su ambición sumada a su torpeza. Que ese tipo afirme: “Mire usted, doctor, suelo estar rodeado de personas que harían lo que fuera por trepar”, es una frase con la que en realidad se define a sí mismo. Otro tanto puede decirse de las oportunas imágenes documentales incorporadas a la trama para marcar el paso del tiempo, aludiendo en uno de sus discursos a “Una generación que se ha formado en Vietnam”, sin haber pasado él mismo por Vietnam.  

         De todo este conjunto surge una película interesante, especialmente en estos momentos de tragedia, sospechas, miedos y mentiras que estamos viviendo. Época también de tentaciones de popularidad para muchas personalidades mediocres que no son necesariamente perversas pero están cada día más dispuestas a dejarse arrastrar por la sospecha, el miedo y la mentira para obtener sus minutos de gloria y ganarse un hueco en los medios de comunicación. Como el protagonista de Guerra de mentiras.

         Esta película habla de eso. Y por eso es una película muy oportuna para nuestro tiempo donde el arma para salir de todos los problemas que nos rodean debe ser la verdad, la objetividad, la madurez y la paciencia, en lugar de la precipitación, la inmadurez, las explicaciones fáciles, el populismo, las teorías de conspiración y la mentira.

         Espero que nadie, y sobre todo ningún periodista más, se deje arrastrar por la mentira y repita la que para mí es la frase clave de esta película: “La palabra verificar siempre me ha entristecido”.

         La verdad no puede desvanecerse.

Miguel Juan Payán

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Modificado por última vez en Jueves, 15 Abril 2021 13:54
Miguel Juan Payán

Profesor de Historia del cine, Géneros cinematográficos y Literatura dramática