Jinetes de la justicia ★★★★

Agosto 10, 2021

Crítica de la película Jinetes de la justicia

Reflexión sobre la responsabilidad frente a violencia, caos y pérdida.

      Muy interesante esta película que reflexiona sobre la forma en la que nos enfrentamos al caos e incluso nos convertimos inadvertidamente y de forma inocente en agentes del mismo, reaccionando ante la violencia, ante lo imprevisto que rasga el velo del falso orden que creemos haber establecido en nuestro mundo, ante lo inexplicable que nos puede destruir a través de la pérdida.

      Jinetes de la justicia plantea ese asunto con una trama de intriga donde caben también breves pinceladas de violencia, coherentemente puestas fuera de plano siempre que puede, pero incorporadas como un zarpazo de brutal encuentro con el caos cuando es necesario. Pero además cuenta entre sus aciertos la capacidad para introducir pinceladas de humor en momentos clave para explicar personajes que en el fondo de su naturaleza son criaturas hijas de la tragedia. Procediendo así, combate el natural escepticismo frente a las parcelas más optimistas de su propuesta, sobre todo en la forja de ese grupo de asociados poco probable, repleto de problemas personales, aparentemente inviables junto al personaje de Markus interpretado por Mads Mikkelsen. Y eso le permite no tener que renegar o modificar torticeramente la personalidad e identidad de sus personajes para acomodarlos a la trama, sino que estos siguen siendo lo que fueron desde el principio, y cambian solo de forma mínima para poder seguir sobreviviendo. Y es modélico su guión en lo referido a la elegancia y fluidez o con la que nos introduce el pasado de los personajes y aquello que los convirtió en lo que son, los conflictos que los han llevado hasta el punto de sus vidas en los que nos encontramos con ellos, logrando así que nos resulten aun más cercanos y casi familiares.

Jinetes De La Justicia 2

      Ese cambio mínimo que opera en la película como una especie de parodia de los “milagros de la Navidad” que suelen ofrecernos tantos largometrajes se manera más simplona y altamente tóxica, nos cuadra porque el mismo director se permite el lujo de jugar con la pincelada cínica introduciendo en momentos clave esa figura retórica de la bicicleta, que cobra todo el protagonismo finalmente moviéndose insistentemente en círculos.

      Este uso inteligente de todas las posibilidades de su trama sitúa la película más allá de las limitaciones de las fronteras de los géneros, que dinamita desde el primer momento con un tratamiento que hace de los habitantes de su historia seres humanos muy cercanos, sin ponerse pesada con lo dramático, abriendo las ventanas de las pinceladas humorísticas que pueden trocarse rápidamente en drama sorprendiéndonos.

      Pero la película no es solo un gran ejercicio de guión, en el que incluso podemos perdonar el momento de supuesto Deus ex machina (el poder de Instagram como chivato perpetuo de nuestras vidas), porque es para todos nosotros previsible como riesgo latente en la vida de los protagonistas, está tratado de manera muy natural y fluida, y además es perfectamente real y muy interesante como aviso de esa peligrosa manía de contarlo todo a millones de extraños y convertir lo privado en público que nos acompaña en estos tiempos. Además es una buena propuesta en lo visual que sabe contar mucho a través de su puesta en escena, llevándonos a momentos tan intensos como el que pone desenlace en el enfrentamiento en el coche entre Markus y Lennart en un campo donde la vulnerabilidad del segundo pone al primero en un callejón sin salida para su violencia, o el plano en el que Markus está sentado en la cama de su hija, dormida, y tiene a sus espaldas todas las notas que ésta hay ido pegando en la para explicarse la pérdida del personaje más querido para ambos, plano que materializa el peso que carga Markus sobre sus espaldas y que pesa también sobre la relación con su hija.

      Un canto a la capacidad del ser humano para superarlo todo y asociarse incluso con personajes inicialmente tan crispantes como Lennart, Emmenthaler o  Bodashka, que son ejemplo de lo importante que es no juzgar el libro por las tapas y no prejuzgar a las personas por lo que nos parecen ser, sino por lo que realmente son: gente metida en el mismo laberinto de la vida que nosotros.

                                            Miguel Juan Payán

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Modificado por última vez en Viernes, 13 Agosto 2021 09:49
Miguel Juan Payán

Profesor de Historia del cine, Géneros cinematográficos y Literatura dramática