Descarrilados ★★★

Agosto 20, 2021

Crítica de la película Descarrilados

Comedia gamberra y simpática que funciona sobre todo por su reparto.

      El verano, lo hemos dicho en más de una ocasión, es buena época para las comedias españolas, desde títulos más familiares como las dos entregas de Padre no hay Más que Uno o El Mejor Verano de mi vida, a títulos para una audiencia más adolescente o adulta, como es el caso de Descarrilados. De hecho, este verano, debido a los estrenos que se quedaron sin fechas en 2020, nos llegan no una ni dos, sino al menos tres comedias que intentarán convencer a la audiencia para acudir a las salas y ésta parece dispuesta a hacerlo a lo bestia y sin hacer prisioneros, con un humor que, por momentos, recuerda a Resacón en Las Vegas…

      Entre las muchas salvajadas que vamos a ver en Descarrilados, está ese arranque con los personajes en el Interraíl liándola como pocas veces y que acaba como el Rosario de la Aurora, incluyendo varios excesos de escatología, que son uno de los grandes defectos de la película. Y ese es el arranque, cuatro amigos que van a recorrer Europa con la vida por delante en 1999, pero el viaje acaba en desgracia, y veinte años después, cuando uno de ellos muere dejando una jugosa herencia, los otros tres se reúnen para cumplir la última voluntad del difunto y así cobrar dicha herencia. Y la última voluntad es clara. Recorrer Europa en tren y hacer el viaje que hace 20 años terminó de forma trágica (y cómica).

Descarrilados 2

      Pero en 20 años las cosas han cambiado mucho y aquellos tres jóvenes, interpretados por Julián López, Arturo Vals y Enrique Sevilla, ya no son los que eran. Así que su viaje es mucho más accidentado si cabe, sobre todo porque quedaron muchas cosas por resolver años atrás. De eso sacan provecho los tres protagonistas, que se esfuerzan mucho en hacer reír al espectador, de forma impecable y con un tono magistral en sus tres personajes, incluso cuando alguno (especialmente el de Ernesto Sevilla) no está muy desarrollado en el guión. No importa porque ellos tres hacen virguerías. Igual Dafne Fernández y presencia en pantalla. O Ana Milán, reina y señora cada vez que aparece en pantalla. Un lujo para la película y para el espectador.

      El humor es sucio, chabacano, impertinente y hasta rancio. Y funciona casi siempre. Con salvajadas de distinta índole que preferimos que descubran. Porque quien diga que no se ha reído con la película… a lo mejor miente. Desde París a Croacia, pasando por Rumanía. De hecho hay chistes que uno no entiende cómo han pasado cualquier filtro de corrección política y que muchos atacarán. Lo malo es la escatología que sobra. Hacer un chiste escatológico, bien, hacer 20, no tan bien, porque agotan y cansan. Dejan de ser efectivos. Y mejor hubiese sido desarrollar un poco más algunos personajes, redondear al final (es abrupto) o mejorar los efectos visuales y hacer más creíble el viaje que a veces es… demasiado local. Entretiene, divierte y hace reír, que no es poco. Pero con ese reparto y esa premisa, tenía más que ofrecer.

                                            Jesús Usero

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Jesús Usero

Periodista cinematográfico experto en televisión