El tubo ★★★

Agosto 30, 2021

Crítica de la película El tubo

Intento de pesadilla claustrofóbica con obvio mensaje existencial.

         Aunque pueda parecerlo en sus primeros minutos no quiere ser una mera copia mimética de Enterrado (Rodrigo Cortés, 2010) o Cube (Vincenzo Natali, 1997), aunque se mantenga argumentalmente y en sus propuestas visuales más básicas -por ejemplo el uso de los colores y la luz-, sobre todo en su primera media hora, muy cerca de las mismas. Puestos a buscarle referencias obvias, en su aporte de sadomasoquismo recuerda también premisas de Saw (James Wan, 2004). Pero a medida que avanza en su metraje y va desarrollando su propia propuesta, desarrolla también una identidad argumental con intento de reflexión existencial sobre la vida, la muerte y los miedos que finalmente la sitúa en la órbita de Gravity (Alfonso Cuarón, 2013), al menos por lo que se refiere al “viaje” de iniciación que hace la protagonista a lo largo del metraje, enfrentándose a una serie de retos con fines un tanto maquiavélicos que finalmente comete el grave error de carecer de sentido del humor e intentar vestirse con cierta capa de relato existencial con aspiraciones filosóficas un tanto peregrinas.

         En resumen: el reto es vivir o morir. Y el tubo de la película es una especie de metáfora básica de la vida y los obstáculos que nos plantea, así de cómo nos enfrentamos a ellos llevados por un instinto de supervivencia que alternativamente nos convierte en víctimas y en depredadores. El miedo, y los miedos, piezas básicas de la existencia, se materializan entrando a formar parte del relato, que juega en su tubo-laberinto con los cuatro elementos, desarrollando una fusión de géneros de terror y ciencia ficción que, como suele suceder en estas propuestas de enigma inicial, alcanza su punto más flojo cuando descubre sus cartas.

El Tubo 2

          El enemigo de la película es la obviedad de sus conclusiones, su incapacidad para resultar en una sorpresa para el espectador al final del relato. Su desenlace y reflexión buenista y bien intencionada es demasiado tontorrona, y a decir verdad algo inmadura, especialmente para los tiempos que vivimos. Eso la perjudica seriamente lo que en la mayor parte de su desarrollo es una entretenida mezcla de géneros, sin mucho nuevo que aportar a ninguno de ellos, pero al menos desarrollada con cierta gracia

         Lo que más le reprocho es que no juegue con mayor provecho de las oportunidades que su propuesta argumental y su desarrollo en aproximadamente la primera media hora de película ofrecería si hubiera decidido tomarse menos en serio en su intento convertir a la protagonista en ejemplo de cómo superar, o no, una pérdida, y entrar en su tercer acto con tanta decisión en lo previsible, careciendo del misterio o la intriga que podría haber lucido mejor desarrollando las posibilidades de la situación en la que nos coloca como espectadores, junto a la protagonista, a medida que va desvelando, con habilidad, las trampas y sorpresas que encierra ese túnel.
         Falla por ponerse trascendental cuando debería haber jugado más descaradamente la carta de la autoparodia, asumiendo y sacando partido a su propia naturaleza como propuesta de serie B, en lugar de meterse en el charco de edificar sobre su frágil andamiaje un pedante intento de reflexión filosófica.

         No me enseñes a vivir o superar la pérdida para cumplir con las exigencias de los manuales de guión: simplemente intenta entretenerme, divertirme, proporcionarme un rato de evasión.

                                            Miguel Juan Payán

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Modificado por última vez en Viernes, 03 Septiembre 2021 12:54
Miguel Juan Payán

Profesor de Historia del cine, Géneros cinematográficos y Literatura dramática