Maixabel ★★★★

Septiembre 20, 2021

Crítica de la película Maixabel

Excelente y dramático retrato de Icíar Bollaín, sobre la tragedia sufrida por la viuda de Juan María Jáuregui.

      El 29 de julio de 2000, el mundo de Maixabel  Lasa cambió drásticamente de rumbo. Los disparos propiciados por tres terroristas de ETA, con los que cercenaron la vida del entonces gobernador socialista de Guipúzcoa, acabaron también con la existencia del hombre con el que Maixabel había formado una familia, y al que amaba desde hacía varias décadas. Ni siquiera el encarcelamiento de los asesinos consiguió apaciguar el dolor de la directora general de la Oficina de Atención a las Víctimas del Terrorismo, quien disimulaba sus incertidumbres a la hora de seguir adelante, siempre perseguida por  la imagen teñida de sangre del hombre con el que había intentado construir un futuro diferente al  que le habían dejado los terroristas.

      La película de Icíar Bollaín se hace eco de los sentimientos a flor de piel de la viuda de Jáuregui, con una escenificación plagada de elementos dramáticos, y profundamente humanos. Una coreografía del dolor y de las heridas nunca cerradas del todo, que encarna de manera determinante la actriz madrileña Blanca Portillo. Los rasgos en penumbra, sinuosos y serenos, de Portillo reflejan con enriquecedor mimetismo las pesadillas diarias que tuvo que afrontar la verdadera Maixabel Lasa, a pesar de que procurase apaciguar su desazón con la actividad desenfrenada para defender a las víctimas inocentes de cualquier forma de terrorismo (sin nacionalidades, ideologías, ni etiquetas de por medio).

Maixabel 2

 

      Pero el largometraje de Bollaín no solo se circunscribe a la solitaria y entristecida realidad de Maixabel, sino que también recoge la evolución de uno de los asesinos que participó en el crimen de su esposo: Ibón Etxezarreta. Desde la oposición y el odio frontal a todo lo que consideraba ajeno a los intereses de la banda terrorista en la que militaba, hasta la progresiva y autoproclamada condena de sus actos sangrientos en  su época como etarra, el personaje interpretado por Luis Tosar ilustra con sinceridad la recuperación de un mínimo de misericordia, por parte de un criminal alimentado en su juventud con mensajes relativos al uso de la violencia salvaje, siempre manipulado por los dirigentes de ETA.

      La reunión entre Etxezarreta y Maixabel marca el esqueleto argumental de esta emotiva cinta, cuya trama gira en torno a la necesidad de acabar con las posturas radicales y enquistadas en el odio. Un espacio donde los diálogos cortados y pétreos mantenidos con convicción por Tosar y Portillo dejan entrever las complicadas posturas, después de tanto dolor provocado por las armas, y por un movimiento terrorista que causó multitud de muertos en todo el territorio español.

      Bollaín permite que sean los personajes quienes hablen y se expresen con total libertad, tomando únicamente parte por  aclarar el compromiso consistente en alcanzar la paz (tanto a nivel individual como colectivo). En el guion de Isa Campo y de la propia directora no existen ni ideologías ni caminos prescritos de antemano, y los hilos argumentales únicamente los mueven los sentimientos sublimados de Portillo y de María Cerezuela (excelente, en la piel de la hija de Jáuregui y Maixabel). En medio de la tragedia familiar, el rol de Tosar se muestra como un sicario que se da cuenta de sus errores tras las rejas de la cárcel, cuando los fantasmas de los muertos acuden cada noche para pedirle cuentas. La posibilidad de charlar con Maixabel le genera un poco de luz entre las tinieblas, y le permite abjurar de la violencia extrema de manera pública y notoria, aunque no pueda borrar el daño causado cuando estaba alienado –según él mismo expresa- por las consignas de ETA.

                                            Jesús Martín

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Jesús Martín

Soy un auténtico apasionado de las películas que despiertan la imaginación