El lodo ★★★★★

Diciembre 09, 2021

Crítica El lodo

Crítica de la película El lodo

Una de las mejores películas del año, divertida y al mismo tiempo necesaria.

Una olla a presión a punto de estallar servida por un reparto brillante. Eso es lo que nos propone en todos sus frentes y conflictos, con un nervio y un poder dramático arrollador, El lodo, desde su arranque con una imagen premonitoria que nos hace temer las consecuencias de los actos de cada personaje mientras caminamos hacia la violencia tremendista de un desenlace que escapa a los cálculos del espectador sorprendiéndonos en la resolución de todas las cuestiones que plantea.

      El tema del enfrentamiento rural-urbano, recurrente y clave en nuestra cinematografía desde sus comienzos, alcanza cotas de máxima tensión e intriga en esta intensa y demoledora película que se resuelve con gran contundencia, tanto por su contenido como por su puesta en escena y la manera en que aborda su conflicto central y los conflictos secundarios que articulan su trama.

El Lodo 2

      Retrato del conflicto entre las visiones de la vida y las necesidades del protagonista y de la gente del pueblo al que acude junto con su mujer y su hija para trabajar en un proyecto de tratamiento y reparto del agua que rápidamente le pone en contra a los lugareños, tiene ya solo con ese argumento todo lo que necesita para ser interesante. Pero no se conforma ni se queda en el desarrollo de ese conflicto que sirve como guía para los otros conflictos que se van manifestando a lo largo de su metraje en una estructura que se enriquece y enriquece a sus personajes e historia a cada momento. Ejemplo de ello es cómo crece en su protagonismo el personaje de la esposa a la que da vida Paz Vega, pero también el duelo interpretativo que les da varias escenas para lucirse a los actores Joaquín Climent y Roberto Álamo, o ese pasado en el que se enfrentan dos maneras distintas de afrontar una pérdida que arrastran los personajes de Raúl Arévalo y Paz Vega.

      En el desenlace, sacando buen partido de su inteligente uso de la intriga, la película resuelve coherentemente todo el huracán de violencia latente que se ha ido gestando en su metraje, con buen ritmo, sin caer en la trampa de los excesos que podría haber cometido caso de dejarse llevar por la fórmula de Perros de paja de Sam Peckimpah. No hay violencia utilizada como liberadora de tensiones, sino que, y esto es bueno, las tensiones permanecen y producen en el espectador una inquietante sensación de latencia      en pulso subterráneo siempre presente que se manifiesta incluso en un diálogo de uno de los personajes claves del relato en la despedida final, cuando alude al posible futuro quizá violento del problema central del agua.

      La poderosa propuesta de El lodo, que arranca visualmente en una clave que podría recordarnos a La isla mínima por ese despliegue paisajístico que acompaña los primeros compases pero despeja desde el primer momento toda la carga de identidad propia, pone sobre la mesa todo el poderío y riqueza de reparto y talento creativo para abordar de una manera muy inteligente los catalizadores de la violencia: incomunicación, miedos, egos, dolor, intereses e intolerancia, que en la vida cotidiana aparentemente más tranquila pueden conducir rápidamente hacia un estallido de brutalidad primaria y destructiva en cualquiera de los personajes implicados en la trama, y con más frecuencia de lo que nos gusta reconocer.

      Hábil en su negativa a buscar culpables fáciles, astuta en la manera en que resuelve los conflictos sin entrar en maniqueísmos gratuitos de corte tranquilizador, acogidos a las claves más obvias de protagonismos y antagonismos, El lodo es una buena administradora de sus personajes acogiéndose a la consigna de decirnos mucho sobre lo que los motiva y enfrenta con muy poco, y concluye su viaje con madurez repartiendo ágilmente culpas en todas direcciones, sin caer en la trampa de las justificaciones y disculpas para ninguno de los implicados. 

                                                              Miguel Juan Payán

                                             

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Modificado por última vez en Viernes, 10 Diciembre 2021 16:04
Miguel Juan Payán

Profesor de Historia del cine, Géneros cinematográficos y Literatura dramática

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