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Top Gun: Maverick ★★★★

Crítica de Top Gun: Maverick

Crítica de la película Top Gun: Maverick

Supera a Top Gun y entra con fuerza en mi lista de las mejores películas de este año.

Una gozada de película que recupera la mejor cara del blockbuster. En Top Gun: Maverick el esfuerzo de filmación titánico brilla en la pantalla con un buen guión que recupera lo mejor del cine como espectáculo de evasión bien construido. Y obviamente necesita, exige, el visionado en las mejores condiciones posibles, que son las condiciones que pueden conseguirse en un cine con el pantallón más grande que encuentres porque te vas a pasar las dos horas y diez minutos que dura, de las cuales no te enteras porque tiene muy buen ritmo de narración, dentro de los aviones en todas las secuencias de acción de la película. Y son un buen puñado de ellas, con tercer acto que es puro despliegue triunfal de lo trepidante.

      Primer punto a favor Top Gun: Maverick es que se trata de una película donde la acción va más allá de mera pirotecnia propagandística o transfusión de emociones visuales de urgencia por falta de recursos de guión. Digo esto porque frecuentemente asistimos al estreno de propuestas de acción donde la acción lo es todo, y no hay más que rascar, lo cual que la acción sirve como vehículo propagandístico para el tráiler y no pasa de ahí. En Top Gun: Maverick las secuencias de acción y el esfuerzo invertido en rodarlas en aras del mayor realismo posible, no son capricho o cortina de humo para encubrir limitaciones de guión, sino que se convierten en pieza esencial para contar una historia interesante. Y en eso, como en otros aspectos, la película muestra una de sus mejores cualidades: la habilidad con la que recupera claves del cine clásico para poner en pantalla una historia plenamente eficaz para hablarnos de nuestra realidad.

Top Gun Maverick 2

      Porque detrás de su trama de intriga bélica con misión imposible en el epicentro de sus secuencias de acción, el guión de esta película, superando claramente al de Top Gun, le da al personaje de Tom Cruise un fondo de interés en una clave argumental de historia de ocaso o crepúsculo que con breves pero muy elegantes y hábiles pinceladas, te cuenta toda esa vida que no ha tenido para poder seguir volando, todo aquello a lo que ha renunciado y, lo que es más interesante, cómo se afronta el paso del tiempo y la rebelión contra el retiro prematuro.

      Y no solo el retiro prematuro de los veteranos, prescindiendo de su experiencia y sus habilidades antes de tiempo, sino en general, y ahí está el tema aún más interesante que gravita en el epicentro de la trama, planteado ya desde el prólogo por el breve pero contundente personaje de Ed Harris, la perversa y equivocada tendencia de una simplista visión del futuro inmediato que apuesta por sustituir hombres por máquinas, o traducido al lenguaje de la película: pilotos de combate por drones.

      La idea, sostenida por el propio argumento de la película, de que lo importante no es el avión sino el piloto, que se repite en varios diálogos de la película, es fácilmente traducible a cualquier campo profesional de nuestros días, por muy lejano y ajeno que sea al mundo de la aviación militar en el que nos sitúa el largometraje, y eso le otorga al mismo otra de sus cualidades: la de universalización de su trama más allá de la fábula bélica.

      Top Gun: Maverick nos plantea además el reto de pasar el testigo y dejar que los vástagos vuelen solos fuera de la jaula de oro en la que nuestro pensamiento más sobreprotector y miedoso intenta mantenerlos atrapados, algo especialmente interesante en los interesantes pero para algunos también desasosegantes tiempos que vivimos.

      Y en este otro tema es donde la película resulta un saludable cambio frente a los numerosos mensajes deprimentes y derrotistas que siembran tantas películas en las que el victimismo y el lamento se ha convertido en una especie de bandera derrotista frente a los maltratos imprevisibles de la mera existencia. 

      Obviamente, esta es una película de aventuras, lo cual que está firmemente sujeta a los códigos propios de su fórmula, pero lo interesante es cómo los maneja con ese tono de cine clásico cuyo primer objetivo es entretener, aunque plantee al mismo tiempo estos interesantes asuntos. Esa era una de las cualidades del cine clásico, edificada sobre su capacidad para cultivar una hechizadora sencillez aparente de sus tramas y personajes tras la cual se ocultaba un complejo, cuidadoso y laborioso proceso de construcción de los mismos.

      Top Gun: Maverick es una digna heredera de todo ello.

      Por otra parte vivimos unos tiempos en los que, frente a muchas películas y series que veo, no puedo sino sospechar que algunos/as guionistas creen que el mero ejercicio de introducción de una reivindicación de cualquier valor o causa y/o denuncia de cualquier abuso pasado o presente, cometido por nosotros o por nuestros tatarabuelos, les libera de las obligaciones de contar bien una buena historia con los mejores recursos que exige la narración audiovisual para construir personajes que se sostengan por algo más que su realidad como figuras maltratadas. Y me parece que eso es precisamente ir en contra de lo que se persigue cuando se introducen reivindicaciones o denuncias en las ficciones audiovisuales, ya que así se les priva de su potencial para respaldar con eficacia las mismas.

      En Top Gun: Maverick el guion es inteligente no señalando un antagonista concreto sino manteniendo en diplomática indefinición la identidad de los antagonistas, quizá porque el conflicto central de la trama no está radicado en ellos sino en los propios mandos superiores a los que se enfrenta Cruise y el pasado que él mismo no es capaz de superar para pasar página, como bien le indica el personaje de Val Kilmer en la que bien podría señalar como la secuencia paradigmática que resume todo el verdadero tema de la película. Es también muy astuto ingeniándoselas para navegar con solidez entre los códigos clásicos del cine bélico tomándolos prestados para habilitar un homenaje al cine de aventuras sin concretar mensaje propagandístico de antagonismo oportunista o gratuito, un planteamiento que se crece en el homenaje a sus antecedentes, desde el clásico del cine de aventuras aéreas Solo los ángeles tienen alas, dirigida por Howard Hawks y estrenada en 1939, al ataque de los cazas aliados en el prólogo de la mítica Los cañones de Navarone y el ataque contra la primera Estrella de la Muerte en La guerra de las galaxias, conocida hoy como Star Wars: Episodio IV – Una nueva esperanza.

      Resultado de todo ello son 130 minutos de máxima eficacia como entretenimiento, envidiable fluidez narrativa y plena potencia trepidante y envolvente.

Miguel Juan Payán

                                             

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Modificado por última vez en Jueves, 02 Junio 2022 08:38
Miguel Juan Payán

Profesor de Historia del cine, Géneros cinematográficos y Literatura dramática

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