A. Batlen

A. Batlen

Crítica de la película Matar a un ruiseñor

La idílica vida de Scout, una niña de seis años, se desarrolla en una pequeña población rural de Alabama en medio de la Gran Depresión de los años treinta. Pese a la dureza de los tiempos y pese al hecho de ser huérfana de madre, Scout es una niña llena de vitalidad que pasa sus días entre el colegio y los amplios espacios abiertos que recorre en compañía de su hermano mayor. Por encima de todo, Scout admira a su padre, el noble y sosegado Atticus Finch, un abogado sin apenas clientes que trata de enseñar a sus hijos el significado de los valores del humanismo más elemental, sobre todo, el respeto al prójimo, sin importar la posición social o la raza a la que pertenezca, algo realmente insólito, casi revolucionario, en un entorno tan conservador y racista como el profundo sur americano.

Crítica de la película Terminator (1984)

Director: James Cameron; Interpretes: Arnold Schwarzenegger, Linda Hamilton, Lance Henriksen, Michael Biehn, Paul Winfield, Bill Paxton; Año de producción: 1984; Nacionalidad: USA; Guión, James Cameron, Gale anne Hurd, Harlan Ellison, William Wisher; Director de fotografía: Ada,m Greenberg; Director de efectos especiales: Stan Winston; Banda sonora: Brad Fiedel; Color; Duración: 108 minutos.

Se cumplen 35 años desde el estreno en España de Terminator, y la verdad es que si hubiera que escribir una especie de Génesis de lo que en la actualidad es el cine fantástico y de ciencia ficción, sin duda el más caro y a la vez el más publicitado y rentable de los géneros cinematográficos y el único que ha sabido desplegar sus alas hasta posarse en el nuevo mega-negocio que suponen no pocos video juegos cuya popularidad hace que lleguemos a confundir su origen preguntándonos qué inspiro a qué, tendríamos que remitirnos a esta historia de serie B que llegó a nuestro país, concretamente a la capital, despertando desde el enorme cartel que dominaba la plaza de Callao la curiosidad de un público que hasta el momento, y salvo la excepción que supuso Alien, prestaba poca atención a un género cuya denominación no era muy precisa que digamos  - casi siempre se le llamaba ciencia ficción, y aquello era un cajón de sastre en el que se daban cita desde mitos como 2001, Odisea en el espacio hasta series Z perpetradas por el cine italiano a partir de otros futurible mitos como el citado Alien. Así fue como de la noche a la mañana corrió entre los aficionados al cine y entre los aficionados a ver películas, que no son lo mismo, sobre todo si nos referimos a aquella juventud de los barrios periféricos acostumbrada a visitar la pantalla solo si la película en cuestión prometía elevadas dosis de adrenalina o de morbo, la noticia de una película que nos se parecía en nada  todo lo anterior, con un protagonista mitad hombre, mitad robot que parecía haber surgido de una pelea entre bandas callejeras, de una discoteca para uso exclusivo de devotos del heavy metal o de una bronca entre facciones de rockeros. Ni que decir tiene que nadie sabía pronunciar entonces ni de lejos el nombre de su protagonista (a lo sumo algún espabilado recordaba que era el mismo que hacía de Conan, y con eso estaba todo dicho). Lo que estaba claro es que el personaje en cuestión, con todo y con ser el malo de la función, resultaba fascinante por su chulería, por su aparente invulnerabilidad y por el ritmo desaforado que imprimía a su carrera asesina no dejando a su paso títere con cabeza. No sabíamos entonces, ni los aficionados al cine ni aquellos que simplemente se dedicaban a ver una película de vez en cuando, que acabábamos de asistir al nacimiento de un mito y al origen de lo que sería la vertiente más futurista e innovadora, no solo a nivel argumental, del cine de acción. Como tampoco sabíamos que esa modesta producción iba a marcar un antes y un después que se traduciría en una época dorada para los generadores de efectos especiales propiciando el inicio de la estimulante relación entre nuevas  tecnologías y cine, relación que se mantiene hasta hoy.

Crítica de la película Heat de Michael Mann

Director: Michael Mann; Interpretes: Al Pacino, Robert De Niro, Tom Sizemore, Val Kilmer, Ashley Judd, Hank Azaria, Wes Studi, Jon Voight, Danny Trejo, Natalie Portman ; Año de producción: 1995; Nacionalidad: USA; guión: Michael Mann; Director de fotografía: Dante Spinotti; Banda Sonora: Elliot Goldenthal; Color; Duración: 170 minutos.

En un suburbio de Los Angeles un furgón blindado recorre varios tramos de la autopista sin que ninguno de sus ocupantes sospeche que van a ser víctimas de una emboscada mortal. En una intersección del recorrido, al amparo de un puente, varios hombres enmascarados que se mueven con la precisión propia de un grupo de combate de elite ha preparado todo para detener el vehículo de la forma más expeditiva posible,. En cuestión de segundos el furgón es atacado con un potente explosivo que hace que su conductor pierda el control. La secuencia es vertiginosa, y en un abrir y cerrar de ojos los hombres armados que esperaban ocultos consiguen acceder al interior del furgón y robar todo su contenido. Mientras tanto, en el exterior, los empleados de la empresa de seguridad levantan las manos aturdidos por el efecto de la explosión y sin saber muy bien lo que está ocurriendo. En ese momento todo lo que parecía una operación cuidadosamente milimetrada parece irse de las manos: uno de los atracadores se encara con los vigilantes y desata un fugaz arrebato de furia que culmina cuando abre fuego contra uno de los hombres desarmados y atónitos. Los compañeros del hombre que ha hecho los disparos no pueden evitar el fatal desenlace, pues en ese momento, tras eliminar a los que pudieran actuar como testigos, se afanan por iniciar la huida. Cuando finalmente consigan desparecer en medio del endiablado tráfico de la ciudad llevarán consigo millones de dólares en valores negociables en la bolsa y habrán dejado a su paso un reguero de muertos.

Crítica de la película Atrapado en el tiempo

Director: Harold Ramis; Interpretes: Bill Murray, Andie MacDowell, Stephen Tobolowsky, Brian Doyle Murray, Rick Overton, Robin Duke, Harold Ramis, Michael Shannon, Carol Biulius ; Año de producción: 1993; Nacionalidad: USA, Guion: Harold Ramis y Danny Rubin; Director de fotografía: John Bailey; Banda sonora: George Fenton; Color; Duración: 101 minutos.  

Vaya por delante un dato de interés: en uno de sus últimos pases televisivos –  se entiende que nos referimos a televisión en abierto, Atrapado en el tiempo logró una audiencia del 1,5% del total de personas que en ese momento, un sábado por la noche, estaban delante del televisor, una pequeña proeza si tenemos en cuenta la durísima competencia que mantienen los canales en las horas de mayor consumo televisivo de la semana y si recordamos que se trata de una película producida justo veinte años antes y por tanto presente durante un par de décadas en el catálogo de disponibilidades de una de las empresas que mayor volumen de negocio desempeña en el ámbito de la televisión en España, lo que la convierte en una las más vistas a lo largo de los años.

Buena parte de esta perdurable popularidad que va sumando adeptos con el paso del tiempo puede ser su carácter de película que por sí sola logró reformular  los esquemas de la comedia producida en Hollywood justo cuando el modelo de comedia adolescente iniciado diez años antes desde los parámetros del humor grueso y en ocasiones soez para evolucionar hasta la sofisticación y la elegancia – si bien siempre dentro de los límites de determinada clase media – de las películas producidas y/o dirigidas por el magistral y a menudo olvidado John Hughes, había llegado a un agotamiento del que no ha sido capaz de recuperarse. En contraste con esa situación, Atrapado en el tiempo dejaba a un lado a los personajes y a los espectadores menores de veinte años para volver la vista a esa otra franja de público que ya por aquel entonces empezaba a desertar de las salas de cine una vez sobrepasada la barrera de los treinta e integrados de lleno sus componentes, que en Estados Unidos eran decenas de millones, en la rutina y las aspiraciones de la edad adulta. Tal como ya había ocurrido en otros géneros, las estrellas de los 70 y los 80 se quejaban – con razón – de la falta de proyectos atractivos con los que seguir desarrollando sus carreras, y aunque la película de Harold Ramis no pretendía revolucionar nada al menos sirvió para recuperar durante un breve espacio de tiempo a esos aficionados deseosos de poder identificarse con los personajes que veían en la pantalla. No en vano se trataba de personas normales con trabajos y vidas normales a los que el amor sorprende de la manera más insólita, y ya se sabe que si al amor se le suman los efectos de lo extraordinario el resultado final puede ser más que estimulante.

Crítica de la película La Misión

Parece difícil de creer, pero hubo un tiempo no muy lejano en el que algunos estrenos cinematográficos se convertían de la noche a la mañana, y en más de una ocasión sin mediar una enorme y concienzuda campaña promocional con la que animar al respetable, en verdaderos fenómenos sociológicos capaces de despertar la reflexión y el debate, de ahondar en las dudas y las certezas, casi siempre frágiles cuando no directamente falsas, de la sociedad occidental o, como es el caso, de la sociedad española. En ese tiempo, nada menos que 2.851.566 personas acudieron al cine para ver con sus propios ojos una historia épica de redención, lucha y fracaso que tenía como trasfondo una de las páginas más negras de la historia de España en su relación con el continente americano. El año era 1987 y la película origen de ese encuentro entre la industria del espectáculo y el despertar, por más efímero que fuera, de la conciencia, llevaba por título La misión.

Crítica de la película Regreso al futuro (Back to the Future ) (1985).

Director: Robert Zemeckis, Intérpretes: Michael J. Fox, Christopher Lloyd, Lea Thompson, Thomas Wilson, Crispin Glover, Claudia Wells, Marc McClure, James Tolken, Casey Siemaszko, Billy Zane; Año de producción: 1985; Nacionalidad: EE UU, Guion: Robert Zemeckis y Bob Gale; Director de fotografía: Dean Cundey; Banda sonora: Alan Silvestri; Color; Duración: 110 minutos.

Cuando en 1978 se estrenó en España Locos por ellos pocos podían suponer que tras tan estrambótico título en absoluto fiel al original: I Want to Hold Your Hand, se escondía una magnífica comedia que evocaba el ambiente de la América de 1964, concretamente la de aquel mes de julio marcado por la primera gira triunfal de los Beatles al otro lado del Atlántico. Por razones difíciles de entender para aquellos que no están habituados a los designios empresariales de las grandes compañías de Hollywood, la película nunca se ha vuelto a ver (hasta hace poco ni siquiera estaba reeditada en Estados Unidos) , lo que no impide que en la memoria de muchos quedara el nombre de su director, Robert Zemeckis, y sobre todo su capacidad para recrear un momento tan concreto y visualmente atractivo remitiéndose al uso de imágenes de archivo y a secuencias rodadas en interiores. Perteneciente a la misma generación de jóvenes talentos encabezada por George Lucas y Steven Spielberg, Zemeckis disponía del talento necesario para revitalizar el lenguaje cinematográfico de su época y sobre todo para reformular un tipo de películas destinadas a un público mayoritariamente adolescente pero no por ello descerebrado.

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