Jesús Martín

Jesús Martín

Soy un auténtico apasionado de las películas que despiertan la imaginación

Entrevista con el director Spike Lee que nos habla de Infiltrado en el KKKlan

SPIKE LEE: “Soy simplemente un contador de historias”

Los hados del destino han querido que Angela Davis (la mítica activista en pro de los derechos civiles y antiguo miembro de los Panteras Negras) y Spike Lee estuvieran en Madrid al mismo tiempo. Ella para dar una charla en la Casa Encendida, y él para presentar la película Infiltrado en el KKKlan (filme que se estrena en España el próximo 31 de octubre). “¿De verdad está aquí? Tengo que quedar con ella para cenar”, afirma gesticulante el cineasta de Haz lo que debas, mientras asiste en un conocido hotel capitalino a una breve charla con ocho periodistas.

Crítica de la película El árbol de la sangre

Julio Medem vuelve a diseñar un filme atmosférico al cien por cien, en el que sobran las palabras de los actores y el engranaje formal de la historia.

Vacas, Tierra, Lucía y el sexo, Los amantes del Círculo Polar…. El cine de Julio Medem es un cúmulo de imágenes en las que prevalece la esencia de lo intangible, más que el lenguaje racional de un guion clásico. La fuerza visual con la que el director vasco ha gestionado sus mejores obras hace palidecer a unas historias normalmente flojas en su componente dramático, lastradas por un exceso de ambición narrativa.

Crítica de la película Un día más con vida

Espectacular trabajo artístico de Raúl de la Fuente y Damian Nenow. La pareja de cineastas mezcla con inteligencia animación y acción real, en un relato electrizante.

El periodista polaco Ryszand Kapucinski se convirtió en uno de los pocos informadores europeos que pudo quedarse en Luanda (Angola), cuando el país declaró su independencia de Portugal. Fruto de su intensa experiencia y de los testimonios logrados, el citado profesional de los medios escribió el libro Un día más con vida, que ha servido de guía argumental a Raúl de la Fuente y Damian Nenow para elaborar el sorprendente guion de la homónima película.

Desde los títulos de crédito, el pálpito de asistir a un largometraje diferente a los que habitualmente asaltan las salas de exhibición acude a la mente de los espectadores. A medias entre la animación y el documental de acción real, la pareja de directores monta una epopeya heroica sobre la guerra civil de Angola, narrado a través de los ojos y la figurada voz de Ryszand Kapucinski.

Crítica de la película La Aparición

Xavier Giannoli no levanta el vuelo en esta confusa historia, sobre la supuesta conexión de la Virgen María con una joven francesa.

Un paisaje boscoso y desangelado, rodeado de naturaleza salvaje y susurrantes montañas, es la mejor arma que utiliza el director Xavier Giannoli para elaborar esta oscura película sobre manifestaciones marianas, y negocios florecientes en torno a las creencias religiosas.

El responsable de Madame Marguerite escoge una amplia gama de tonos grisáceos y aparente sobriedad, para ilustrar este relato de quebradizo discurso narrativo; en el que una adolescente llamada Anna dice ser la privilegiada interlocutora de la madre de Jesucristo.

El guion antecede los hechos con un artificioso prólogo de verosimilitud, que no responde a las expectativas creadas. Esa aparente pátina de documentalismo profesional se halla personificada en el papel del periodista Jacques Mayano (a quien presta su endurecido rostro el actor Vincent Lindon), y a través de su mirada -algo incrédula, por cierto- es como se suceden los acontecimientos exhibidos en el filme.

Crítica de la película Matar a Dios

Imaginativa comedia en clave de terror sobrenatural, con la que Caye Casas y Albert Pintó debutan en la dirección de largometrajes. Las interpretaciones del elenco actoral resultan particularmente inspiradas.

La Nochevieja es una fiesta en la que suele aflorar lo bueno y lo malo de cada uno de los seres humanos. El turrón, el mazapán, el champán y el asado de carne o pescado (sin olvidar los canapés y los mariscos a granel) son componentes esenciales para anteceder a las uvas de la suerte, que se ingieren con apremio al son de las campanadas del reloj escogido. Ese paso de año en año ha inspirado a Caye Casas y a Albert Pintó para imaginar un apocalipsis en toda regla, presidido por un mendigo con malas pulgas, que asegura ser Dios.

A medias entre una comedia negrísima y el terror de reflexión existencial, la pareja de creadores monta un figurado teatro de guiñol; en el que las marionetas de turno conjuntan un clan bastante desastrado, y con muchos puntos oscuros que echarse en cara.

Crítica de la película I Love Dogs

Simpática comedia situacional protagonizada por perros y humanos, en la que al menos los canes no hablan y los actores bípedos no ladran.

Un grupo de mascotas y la relación con sus diferentes dueños y dueñas son los engranajes de esta película coral, con la que Ken Marino desarrolla su peculiar visión de una feel good movie; siempre pendiente de no abandonar el sincero y necesario mensaje de acabar de una vez por todas con el abandono de animales domésticos.

A modo de tramas superpuestas, el guion de I Love Dogs (Dogs Days, en Estados Unidos) sigue un esquema formal en el que los verdaderos protagonistas son los perros, más que sus despistadas familias. El travieso Charlie, el tímido Sam, la simpática Mable, la asustadiza Gertrude, y la enérgica Brandy son los canes a los que hace referencia el título con la palabra dogs; y que, con su expresividad y ocurrencias, llenan la pantalla con una atmósfera de contagiosa empatía generalizada.

Poco importa que los actores humanos queden desdibujados ante la explosión de gestualidad cuadrúpeda que inunda cada uno de los fotogramas, ya que los perros demuestran su generosidad al integrar el trabajo de sus compañeros men and women en medio de su despliegue de frescura y naturalidad. Ante semejantes armas de interpretación activa, los espectadores siguen con soltura las vicisitudes de Charlie y del caótico hermano de sus verdaderos dueños; los problemas de Sam para conseguir que su ama alcance el amor; la confusión de Mabel para decidir cuál es el hogar donde tiene que residir; los sueños de Gertrude para salir de las calles y dormir caliente; y la bondad de Brandy para establecer una amistad fuerte con Sam, y sacarle de su ostracismo y depresión.

Las expresiones y carantoñas de este grupo de animales domésticos consiguen borrar, o apagar en gran medida, el estrellato de colaboradores de la talla de Eva Longoria y Vanessa Hudgens; las cuales comparecen en un par de personajes que no alcanzan el lucimiento excesivo, por lo menos no por encima del de sus colegas con collar antiparásitos.

Pero este problema –consistente en el evidente desequilibrio argumental entre el peso humano y el canino- no es una pega que lastre la efectividad de la película ideada por Ken Marino, en la que funcionan los gags por la contundencia de una moraleja tan potente como la de compartir la existencia con el denominado mejor amigo del hombre. Un objetivo argumental, que el cineasta reitera en cada una de las historias que pueblan el metraje del filme; y que llenan su discurso de escenas cargadas con emotividad contagiosa.

Bajo tales premisas, Marino acierta también al no quedarse simplemente con el elemento triste y desangelado referente a los problemas de los perros en las ciudades; y resuelve las diferentes tramas con una fórmula de agradable factura sentimental, que provoca nostalgia y risas casi al mismo tiempo.

Esto hace que I Love Dogs encaje sin reservas en el género feel good, que tan buenos resultados está dando en el género del musical a nivel taquillero.

Jesús Martín

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Crítica de la película El Rehén

Inteligente y activa cinta de conspiraciones terroristas y agencias de espionaje, donde Jon Hamm realiza una interpretación a la altura del inolvidable Don Draper, de la serie Mad Men.

El título original de Beirut sitúa a la perfección el curso narrativo de esta poliédrica película, dirigida por el competente Brad Anderson (incomprensiblemente, algunas de sus obras, como Vanishing on 7th Street y Asylum, todavía no han sido estrenadas en salas). El responsable de El maquinista pinta un desolado y caótico paisaje humano y vivencial, con la capital del Líbano como telón de fondo, como si se tratase de un protagonista más dentro de este argumento agrio y descorazonador.

La acción del filme comienza en los años setenta, con un diplomático norteamericano llamado Mason Skiles (Jon Hamm): un experto en manejar situaciones complicadas, el cual enmascara sus servicios a la CIA con el disfraz de trabajador en la embajada de USA en Beirut. Él piensa que controla todos los hilos de la complicada política de la zona; pero sus percepciones se hunden, cuando su esposa es asesinada en un ataque terrorista a la mansión donde ambos residen. Décadas más tarde, Mason se ha convertido en un abogado alcoholizado, que malgasta su talento en juicios que no le interesan lo más mínimo. Sin embargo, un día recibe la visita de un agente de la “compañía” para la que colaboraba en los setenta. El gobierno pide al antiguo diplomático que medie para la liberación en Beirut de un amigo, secuestrado por el familiar de un peligroso terrorista vinculado con los atentados de Múnich de 1973. No obstante, la cosa se pone un tanto difícil para el protagonista, cuando descubre que el líder de los secuestradores es alguien muy ligado a su pasado.

Brad Anderson aprovecha al máximo el enriquecedor guion elaborado por Tony Gilroy (Michael Clayton): un escritor cinematográfico que engrandece sus historias cuando el personaje principal es un tipo golpeado por las circunstancias. Y en esa tesitura se encuentra el papel que encarna Jon Hamm, el cual muestra sus cicatrices sin ocultar el sentimiento de pérdida y culpa que preside cada una de sus acciones a lo largo de la movie. El maquiavélico Don Draper consigue, con las trazas apuntadas por Gilroy, firmar una de las mejores caracterizaciones de su carrera, en la piel de este individuo entregado al olvido que proporciona el alcohol y la embriaguez.

A su lado, la normalmente efectiva Rosamund Pike (Perdida) logra mantener la tensión sobre lo que ocurre en la pantalla, sin aflojar el pulso de las tramas políticas laberínticas; y que desgraciadamente mantienen en la actualidad su reguero de sangre y violencia, enquistadas en el escenario de Oriente Medio. Brad Anderson diseña un espectáculo reflexivo, en el que no hay buenos ni malos; y donde la incongruencia de los posicionamientos interesados y de los fanatismos ciegos marcan una trama que revela sus mejores momentos al reflejar las contradicciones sentimentales de Mason, como del resto del plantel de personajes que conjuntan el argumento.

Una galería de seres superados por las sombras que planean constantemente por las decisiones de los diferentes gobiernos, y que –como exhibe El rehén- suelen salpicar con dolor la vida de los inocentes.

Jesús Martín

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VENGADORES: LA GUERRA DEL INFINITO XXXXX

Daniel Calparsoro (Cien años de perdóncolor="#FC2F03"> ) regresa a la actualidad cinematográfica con este misterioso thriller en clave sobrenatural, en el que Raúl Arévalo brilla en la piel de un personaje oscuro y con demasiados puntos por descubrir.

Las matemáticas y el azar provocado por las constantes numéricas son los ejes sobre los que se mueve el argumento de esta extraña y atípica obra; la cual está concebida desde los títulos de crédito como si fuera un cuidado rompecabezas de piezas precisas, en el que los espectadores montan la historia junto a los personajes.

La novela homónima de Paul Pen sirve de molde a Daniel Calparsoro para idear una película de alta fisicidad, en la que los bucles temporales adquieren una relevancia primordial para desenredar una trama que se antoja algo complicada de percibir a simple vista. Un relato de pistas constantes y giros estudiados, que genera el enganche anhelado a partir de la primera escena.

Richard Linklater elabora una emotiva road movie, sobre los efectos de las tragedias provocadas por los gobiernos irresponsables. Una cinta en la que es posible localizar momentos de auténtica pasión existencial.

Tres antiguos combatientes de la Guerra de Vietnam que deambulan por el mundo, mirando continuamente por el espejo retrovisor de sus respectivas vidas, son los pilares humanos en los que Richard Linklater sustenta este inteligente análisis del pasado y el presente (identificado en el film con la invasión de Irak) en el país de las barras y estrellas.

Como si hilara con la singular aguja de los bucles que se repiten en la Historia, el responsable de Boyhood consigue unir las sensaciones amargas extraídas de la Guerra de Vietnam, con la inoperante y sangrienta acción del Golfo; con independencia de las décadas que separan cada una de las contiendas. Y el fruto de ello es la composición de una galería de personajes huérfanos de los sueños redentores propugnados por los políticos, que pasean su descontento por una nación incapaz de prestar atención a los doloridos militares que arriesgaron su integridad por intereses ocultos a ellos mismos.

Crítica de la película Coco

Lee Unkrich y Adrian Molina desbordan creatividad y sentido del ritmo, en una película que devuelve parte de la magia pretérita de Disney/Pixar al espectáculo de la animación.

Con una paleta de colores portentosa, inspirada en las monumentales obras de los célebres muralistas mexicanos, Disney compone una historia que agradará por igual a pequeños y adultos. Una movie con sus toques macabros bien tamizados, para no asustar a los niños con mensajes demasiado tenebrosos.

El Día de los Muertos, y todo lo que implica la citada festividad en la tierra de Benito Juárez, es el motor medioambiental que hila este viaje al Más Allá, protagonizado por un chaval con ansias de cumplir su sueño de ser un nuevo Jorge Negrete. Tal pretexto argumental alienta a los creadores del filme para desplegar una gama de situaciones que recuerdan a títulos de mítica trascendencia surrealista y de ultratumba, como Macario (Roberto Gavaldón, 1960) o Pesadilla antes de Navidad (Henry Selick, 1993).

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