Miguel Juan Payán

Miguel Juan Payán

Profesor de Historia del cine, Géneros cinematográficos y Literatura dramática

Crítica de la película Joker - Guason

La mejor película del año. Joaquin Phoenix está inmenso. Todos somos Joker.

Le pongo cinco estrellas. Me faltan estrellas para ponerle. Le pondría diez si me dejaran. Es la mejor película no solo de este año sino de los últimos años.

El logo de la productora con el que arranca la película es ya en sí mismo toda una declaración de principios sobre lo que vamos a ver a continuación: el retorno del gran cine que los grandes estudios cultivaban allá por los años setenta, cuando pensaban en la calidad, buscaban a su público con más respeto por el público, y no se volcaban en la sobrexplotación de franquicias, secuelas, etcétera.

Joker lleva en su seno a modo de influencia muchos buenos momentos de gran cine de los años setenta y alguno que otro de los años ochenta. Arranca con poderosos ecos que recuerdan Taxi Driver, pero no tara en revelarse como un descenso a la locura del nivel de El resplandor. Una de sus secuencias, el encuentro del protagonista con Wayne en el lavabo, me ha recordado aquel otro momento, también de revelación y que hace avanzar la historia, o lo que es lo mismo, al protagonista hacia la locura, en el que el protagonista de El resplandor se encontraba con el antiguo guarda el hotel Overlord. Y en las secuencias del metro se respira todo el aroma de las buenas películas policíacas que nos servía el cine de los setenta en el marco de la producción comercial de los grandes estudios, tipo The French Connection.

Crítica de la película El crack cero

Precuela nostálgica dominada por el talento de Carlos Santos y Pedro Casablanc.

José Luis Garci vuelve sobre sus pasos, quizá en exceso, en un ejercicio que entra con frecuencia en el escabroso territorio de la cita y la autocita. En su empeño por hacer un homenaje a claves estéticas y visuales de la novela y el cine negro más clásicos resulta comparativamente mucho más fría y cerrada que los dos precedentes de las pesquisas del detective Germán Areta protagonizados por Alfredo Landa.

Garci resuelve su precuela de El Crack mayoritariamente en interiores, con mucho diálogo y algunos giros de la palabra que se resisten al oído del espectador. Ejerce su legítimo derecho a homenajear visualmente la sencillez de planificación del policiaco estadounidense de los cuarenta, pero busca el camino de la tragedia cotidiana en cada frase con demasiado empeño y unos diálogos que se les resisten a algunos de sus actores. Son víctimas de un intento de replicar los cuchillos afilados que hacían vibrar al espectador saltando de un lado a otro entre los personajes del cine negroclásico, pero que necesitan una puesta a punto.

Crítica de la película Géminis

Entretenida. Técnicamente curiosa. Visualmente atractiva. Guión tópico.

Lo primero que quiero aclarar es que en lo visual pienso que es un buen espectáculo para ver en cine. Pantalla grande y tal. Ang Lee sabe dominar ese nuevo aporte técnico con una solidez que puntúa a favor del espectáculo. Hay poco que criticar y mucho que valorar en ese terreno. Lee cumple. Y la acción funciona.

Otro asunto es la historia. El guión y los diálogos son un explotación de tópicos. Todo es muy previsible y sin aportes nuevos a la fórmula argumental que aplican. Es una sucesión de esquemas ya mejor explotados en sagas como la de Jason Bourne o Misión imposible. Y en su conjunto remite a los esquemas argumentales muy manidos del cine de acción de los años noventa.

A su favor cuenta con los actores para defender con solidez incluso las propuestas, frases, momentos y topicos más sonrrojantes de su guión y diálogo. Le ponen vida a personajes que son recortables, bocetos sin desarrollo, sin viaje en sus historias. Y así podemos digerir esa sistemática sucesión de previsibilidad que habita toda la película.

Crítica de la película Mientras dure la guerra

Amenábar vuelve con su mejor película y un reparto de gigantes.

Amenábar y sus actores se crecen, se agigantan, adquieren tamaño y forma de gran cine tratando una materia prima difícil en una de las mejores películas sobre la Guerra Civil que ha rodado el cine español.

Más allá de lo que cada cual piense sobre lo que en la película se cuenta. Más allá de lo que nos recuerde a cada uno este fresco histórico sobre las propias historias de nuestra familia, para bien o para mal, y más allá de lo que a unos y a otros pueda parecerles desde su personal punto de vista la visión de los acontecimientos y personajes que aparece en la pantalla, resulta difícil ponerle pegas a esta película desde la objetividad.

Crítica de la película RAMBO Last Blood

Lástima: no empieza a ser realmente Rambo hasta los 20 minutos finales.

Después de una larga espera y las buenas vibraciones que como disparate de acción nos dejó la cuarta película de la saga, Rambo: Last Blood me deja una sensación agridulce de desperdicio de reparto por guión flojo y que además en su primera parte aplaza la acción a que nos tiene acostumbrados la saga en sus entregas anteriores.

El problema añadido es que esa primera parte, la más emotiva -forzadamente emotiva, todo hay que decirlo-, aborda un tema serio, un asunto tan grave y trágico como la trata de blancas, y eso encaja mal con el tipo de disparate de acción y aventuras que siempre ha propuesto el tipo de propuestas que protagoniza este icónico personaje.

Es una pena porque sin duda la película esporádicamente en su primer y segundo acto y totalmente en el tercer acto, entra en el juego de lo que esperan los espectadores de la saga de Rambo, e incluso incluye un desenlace que es la acción más brutal del protagonista en sus cinco aventuras cinematográficas.

Crítica de la película Downton Abbey

Buena prolongación de la serie original que gustará a los seguidores de la misma.

Entre 2010 y 2015 la serie de televisión Downton Abbey se destacó en la oferta televisiva por su calidad y consiguió abrirse un hueco en las preferencias de los espectadores. Era televisión de calidad, y aunque su tema y propuesta no eran tan novedosas como algunos de sus “fans” incondicionales pretenden, no era nada nuevo (revisen la serie Arriba y abajo, de 1971), sin duda merecía estar siempre citada entre las producciones de mayor calidad de la pequeña pantalla.

Otra cosa es que a algunos nos interesen poco o nada las peripecias de la aristocracia británica de medio pelo y sus entregados y felices sirvientes, como es el caso de quien esto escribe.

Frente al largometraje que aquí comento me encuentro en la misma situación de obligado reconocimiento de la calidad de algo cuyo contenido no solo no me interesa absolutamente nada, y tiro de obligada objetividad, aparcando mi intenso desapego personal frente a toda esta fauna de personajes que tan poco inspiradores me resultan.

A Downton Abbey le reconozco en positivo el buen ritmo de la narración y la manera de mover elegantemente el protagonismo compartido de todos estos personajes sumidos en ese laberinto de falsas apariencias. El lenguaje visual se gana mi atención y mi aplauso sobre un guion que en realidad revisita y explota sin arriesgar las claves de la serie original, abusando de la baza del previsible interés de los seguidores de la serie por seguir metiéndose en las vidas de esta pintoresca fauna que constituyen los habitantes de esa mansión británica entregada a las tensiones y pequeñas intrigas que promueve el festejo de la visita real al lugar.

Crítica de la película It. Capítulo 2

Más floja que la primera, repitiendo claves de la misma y demasiado larga.

La película enfrenta un serio problema de ritmo y aunque sus casi tres horas de metraje no son aburridas, desperdicia algunas de sus mejores claves y lo sembrado en el primer largometraje, dejando algunos flecos particularmente crispantes. Por ejemplo, ¿qué ocurre con lo planteado con el marido del personaje de Jessica Chastain? ¿Qué ocurre con el secreto de Richie Tozer?

Lo que ocurre es que incluso en esa duración tiene elementos para resultar entretenida y puede permitirse vivir de las rentas de lo sembrado en la primera película, pero no progresa, no profundiza en las claves de los personajes adultos, en sus neuras y sus complejos, en los miedos y culpas que son el alimento de de Pennywise.

De hecho una de las flaquezas de la película es que no le saca tanto partido como podría a Bill Skarsgaard en el personaje de Pennywise. Lo que nos ofrecen en el payaso es más de lo mismo que ya vimos en la primera película. No hay progreso e incremento de la inquietud. La resolución y todo el tercer acto de este Capítulo 2 es reiteración de lo visto en el desenlace del 1. Por comparación con sus equivalentes infantiles, los personajes y actores adultos salen perdiendo. El único que mantiene el tipo es Bill Hadder. Lo que hace gracia o resulta simpático en los críos no lo es tanto, e incluso llega a ser repetitivo, en estos adultos que están dibujados como niños grandes y cuya madurez no opera en sus reacciones ante la amenaza de Pennywise. Eso perjudica el trabajo de actores. Jessica Chastain está como desdibujada, corriendo de un lado para otro, gritando, en un papel por debajo de sus posibilidades. Otro tanto puede decirse de James McAvoy. Siendo unos perdedores, manteniendo ese perfil de hechos polvo, cabría pensar que la madurez sin madurar de estos personajes fuera más interesante psicológicamente en su construcción, pero no lo es, es muy plana, excesivamente simple en la manera en que se comportan y supuestamente superan los retos, con recursos muy obvios. El tema del ritual es poco original en la manera de presentarse en pantalla.

Crítica de la película Quien a hierro mata

Paco Plaza factura una perfecta, enérgica y valiente muestra de cine negro.

Un reparto en estado de gracia capaz de vendernos todo lo que haga falta en cada uno de sus planos, un guión que sabe cómo cruzar los caminos paralelos de los personajes en un todo con un ritmo perfecto y tres líneas de acción casi en paralelo -el padre anciano, el enfermero vengador, los hijos traficantes metidos en una operación que les viene muy grande-, dosificando el drama cotidiano del  paciente en el asilo con dos líneas de tensión creciente del enfermero y los hijos en su laberinto criminal, una utilización del sonido notable en su densidad expresiva, capaz de materializar para el espectador todas y cada una de las corrientes psicológicas subterráneas que van destruyendo a los personajes, una puesta en escena sencilla pero eficaz y en algunos momentos plenamente consciente de la doble identidad genérica de su relato como drama e historia criminal, con algunos planos que resumen perfectamente esa dualidad de vida y muerte que preside toda la trama. Todo ello se da cita para poner en la cartelera la que en mi opinión va a ser una de las mejores películas del año, previsible receptora de nominaciones a premios Goya muy merecidas para sus artífices.

Paco Plaza ha facturado con este largometraje su mejor trabajo, y a través del mismo entra en una etapa de madurez en su cine que, crucemos los dedos, se me antoja muy prometedora de buenos ratos y buen cine para el futuro si sigue por este mismo camino.

Crítica de la película Objetivo: Washington D.C.

Mejor que la primera, con una trama más interesante y Butler en su salsa.

No era muy difícil dada la inclinación de la saga a entregarse a la pirotecnia gratuita, pero lo cierto es que esta tercera entrega me parece más sólida en su propuesta de equivalente más crepuscular del personaje de Mike Banning que interpreta Gerard Butler. Además le viene bien el refuerzo de Nick Nolte en un momento clave de la trama en la que la que podría haber caído en un frenazo en seco. Le da otro aire en el momento justo, y permite además darle cierta pátina de solidez a esa reentrada del personaje de Nolte en la vida del protagonista. No sorprende lo que hace, se ve venir de lejos, como muchos otros movimientos o propuestas narrativas de la película, desde su principio, pero al menos nos mantiene interesados en la historia.

El caso de la incorporación de Nolte me permite comentar que con un guión que no sorprende y transita por los lugares comunes propios de este tipo de producto, siguiendo la pista alternativamente a la serie televisiva 24 y combinando luego una primera parte del relato tras la pista de El fugitivo y la segunda nuevamente en la fórmula de Jungla de cristal que saqueó a placer en la primera entrega de la saga, sale adelante con un ritmo aceptable y resulta funcional como entretenimiento en la liga en la que juega merced a que los personajes principales están defendidos por actores sólidos.

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