Miguel Juan Payán

Miguel Juan Payán

Profesor de Historia del cine, Géneros cinematográficos y Literatura dramática

Spielberg firma la mejor película de videojuegos, pero podría ser mucho mejor.

La celebración de la cultura popular, los iconos de los ochenta –y alguno de los setenta, por ejemplo Fiebre del sábado noche, de 1977-, sirve eficazmente como motor de arranque en esta historia de ciencia ficción a la que pienso que el mejor Steven Spielberg, el de Minority Report, podría haberle sacado mucho más jugo. A pesar de eso, Ready Player One puede contarse entre lo más logrado del director, es mejor que su otra peripecia de animación más señalada, la película de Tintín, y cuenta argumentalmente con contenido suficiente para ser algo más que simplemente una batallita de videojuego, aunque en algunos momentos se convierta en eso. En positivo hay que apuntarle a Spielberg un arranque de la historia y un despliegue visual manejado con habilidad para cruzar las peripecias del mundo virtual con lo que le ocurre a los personajes de carne y hueso. No es ejercicio fácil hacer ese cruce, pero el director se las ingenia para ir tramando un cruce de estos dos mundos paralelos en uno solo, de modo que miramos a los personajes de animación como personajes reales. Mérito tiene la cosa. Todo un reto conseguido.

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Mejor de lo que deja traslucir su tráiler, aunque lejos de la de Guillermo del Toro.

Un secuelazo en toda regla pero con su gracia y su competencia como tal. La gracia le viene del hecho de saber exactamente lo que es y no pretender ser otra cosa en ningún momento. Se sabe secuela, en la definición más clásica del término, es decir, explotación por la cara de lo que ya nos contaron en la película original, con nada nuevo que contar o aportar a la mitología o el universo de ficción creado por la misma. Y en mi opinión ese saber perfectamente lo que sin pretender ser otra cosa es lo que la honra y su mejor baza.

No sólo se reconoce a sí misma como secuela, sino que además tiene claro que sus limitaciones pueden ser su mejor aliado. Funciona así más correctamente de lo esperado y no es tan floja como podíamos temer. No será novedosa, pero sabe bromear con sus personajes y con su propia etiqueta como prolongación menor de la película de Guillermo del Toro. Incluso suelta bromas en su discurso narrativo sobre la colección de tópicos en los que se zambulle decididamente y sin complejos. Se sabe serie B elevada a propuesta de serie A exclusivamente por su presupuesto. Trabaja con ganas los lugares comunes. Pero al mismo tiempo se ríe con cierta inteligencia de ellos. No es que haga guiños propiamente dicho, simplemente consigue establecer con el espectador una relación de complicidad desde la sencillez y el reconocimiento de su verdadera naturaleza. Por ejemplo es astuta bromeando sobre los discursos y reduciéndolos al máximo. Y no busca la épica porque sabe que no puede tenerla. Y no desarrolla la típica subtrama romántica, si bien coquetea impertinentemente con introducir un par de pinceladas con la compañera de los personajes de John Boyega y Scott Eastwood, formando un pintoresco trío que obviamente, con el mundo entero marchándose a hacer puñetas a manos de los kaijus a su alrededor, no está para montarse romances. Los dos o tres momentos en los cuales se da paso a la pincelada sentimental quedan prontamente abortados con un chiste o paridilla del personaje de Boyega. Y eso es bueno. Otro tanto puede decirse de la manera en que resuelve con eficacia y en el menor tiempo posible, sin que en momento alguno sea un lastre para la parte central de la historia, la presentación y el pasado de los personajes principales. La química de Eastwood con Boyega funciona, la incorporación de la niña a la trama también, y aunque en sus primeros compases se presenta como una especie de copia de las secuencias de la chatarrería de la última de Transformers y en algún otro momento saca a pasear el fantasma de la copia de Power Rangers, lo cierto es que finalmente encuentra un curioso camino para desarrollar su propia personalidad en base a su acercamiento a la fórmula de peleas de robots gigantes estilo Mazinger Z, pero en el mundo de los Kaiju y los Jaeger de Pacific Rim.

Inquietante propuesta de terror cruzada con tema social y visualmente bien resuelta.

Interesante por cuanto aborda el tema de la sexofobia, un elemento habitual en el género de terror, desde un punto y con un despliegue visual que atrapa al espectador y lo envuelve en su puesta en escena desde el primer fotograma. Eso sí, nadie espere sustos gratuitos ni casquería. Nadie espere el terror adolescente habitual. La película que nos aborda pertenece a una corriente de abordaje del género de terror más decantado hacia la intriga, y con momentos particularmente perturbadores como los relacionados con el bebé, que se sujetan a lo cotidiano para producir la inquietud en el espectador. En ese sentido Thelma hace un camino narrativo que la sitúa entre Repulsión de Roman Polanski y Cisne negro de Aronofsky, y si le buscáramos parentesco a su planteamiento de ritmo aviso que estaría más cerca de La bruja, de Robert Eggers, aunque personalmente la película que más me ha recordado es Carrie, de Brian De Palma, de la que viene a ser una especie de versión más sobria de argumento muy similar. En este mapa de títulos que he trazado para intentar darle algunas pistas al espectador de lo que puede encontrarse cuando acuda a verla al cine, Thelma no llega a ser tan buena como Cisne negro, se queda un poco por debajo de Repulsión, pero claramente creo que juega sus cartas mejor que La bruja, y por otra parte insisto en que frente a la variante espectacular y más festiva de Carrie, propone una aproximación al tema de la represión sexual relacionada con manifestaciones paranormales y obsesión religiosa que me atrae más por su sobriedad y por ser más resolutiva en momentos clave, como ese arranque inquietante con el paisaje como tercer personaje de la secuencia de apertura que siembra la intriga en el espectador desde el principio, por la manera tan eficaz en la que maneja sus flashback para aportar información que no sólo no lastra el relato principal, sino que lo complementa y añade al mismo más inquietud. El pasado está perfectamente vinculado con el presente del relato. Además Anya Taylor-Joy defiende muy bien su personaje, llevándolo desde los primeros compases de falsa normalidad hasta momentos clave de tensión en los que se va revelando la verdadera naturaleza del relato que nos están contando.

Aprovechando el lanzamiento de STAR WARS BATTLEFRONT podréis ganar una copia en PS4 o en XBox

Electronic Arts Inc. (NASDAQ: EA) y Lucasfilm Ltd presentan Star Wars™ Battlefront ™ II, uno de los videojuegos más esperados del año. Ganador del premio Game Critics al mejor modo multijugador online del E3 2017; DICE, Motive Studios y Criterion Games han unido sus fuerzas para crear una de las experiencias de Star Wars™ más sólidas hasta la fecha. Star Wars Battlefront II cuenta con más héroes, ubicaciones y vehículos de cada era cinematográfica que su predecesor, junto a una personalización más profunda, progresión y batallas espaciales mejoradas. Vive tu propia aventura Star Wars, ya sea jugando como un soldado en tierra, como piloto en las batallas espaciales o como uno de los héroes épicos que dominarán el frente de la batalla. En la nueva campaña para un jugador conocerás una historia inédita de Star Wars protagonizada por Iden Versio, líder de las fuerzas especiales imperiales conocidas como “Escuadrón Infernal”.

Una decepción. Más floja de lo previsto. Se salva Alicia Vikander y poco más.

Le pondría dos estrellas y media, pero le pongo la otra media y se queda en tres principalmente por el trabajo de Alicia Vikander, que cumple de sobra como Lara Croft, por mucho que esté aislada en un guión que no saca partido de su esfuerzo y con una fórmula argumental que hemos visto una y cien veces en la pantalla grande, y también en la pequeña.

El primer acto es falso y lento. Llama la atención que intente hacer humor de una manera algo inmadura, forzando innecesariamente a Vikander a ganarse la simpatía del público por la vía del mohín y el chiste tontorrón. La culminación de ese intento la encontramos en la secuencia de la casa de empeños, que parece sacada de una película del montón de los noventa. En general todo lo que ocurre en la ciudad tiene poco de Lara Croft, poco de Tomb Raider, y pone a prueba la paciencia del espectador porque aplaza innecesariamente el arranque de la acción y la parte de aventura que realmente hemos ido a ver cuando seleccionamos esta película para pasar nuestro rato de ocio audiovisual del fin de semana. Esa presentación es lenta, acaba ejerciendo casi como lastre del resto.

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