Miguel Juan Payán

Miguel Juan Payán

Profesor de Historia del cine, Géneros cinematográficos y Literatura dramática

El director de la saga Transformers tiene nuevos proyectos según informa la revista Variety. En el primero, 6 Underground, se aliará con los guionistas de Deadpool y su secuela, Paul Wernick y Rhett Reese, para rodar una película de acción trepidante cuyo argumento todavía se mantiene en riguroso secreto pero que empezará a rodarse el próximo verano con vistas a estreno en la cartelera veraniega de 2019.
Dicho así puede parecer raro, pero ha trascendido que J.J. Abrams, responsable del relanzamiento de la saga de Star Wars, escribió borradores de guión para Los últimos jedi cuyos aportes fueron rechazados por el director de la película, Rian Johnson. Al menos así lo afirma Daisy Ridley (Rey) a una publicación gala. La actriz apunta que Abrams no sólo escribió borradores de guión para el Episodio VIII sino también para el Episodio IX que ahora finalmente dirige. Pero al parecer Rian Johnson quería establecer su propia personalidad y criterio en la manera de enfocar la continuación de la saga y sus personajes.
A Tom Cruise se le amontona el trabajo. Si ayer los rumores le situaban como candidato a interpretar el papel de Green Lantern en la próxima película sobre el superhéroe de la DC que prepara Warner, hoy se confirma que retomará el personaje del piloto Maverick que interpretara en una de sus películas más taquilleras, que de paso sirvió como poderosa herramienta de reclutamiento para la fuerza aérea estadounidense.
Acaban de darle el premio Razzie al peor actor del año por su trabajo en el remake de La Momia, pero podría sacarse la espinita de este resbalón profesional apuntándose a liderar una nueva franquicia de superhéroes de la DC para Warner Bros interpretando a Hal Jordan, alias Green Lantern.

El estudio quiere a Christopher McQuarrie, director de la primera entrega de Jack Reacher y de las últimas entregas de la saga de Misión Imposible que Cruise ha producido y protagonizado, para que se haga cargo de este segundo intento de llevar el personaje de Linterna Verde a la pantalla grande tras el fallido largometraje que protagonizó Ryan Reynolds en 2011. McQuarrie ha entrado en la lista de candidatos a la dirección de la película sustituyendo Rupert Wyatt, director de El origen del planeta de los simioscolor="#FC2F03">.

Crítica de la película Loving Pablo

Fernando León de Aranoa (Barrio) se acerca a la figura del narcotraficante Pablo Escobar, desde la perspectiva de la periodista y amante del citado narcotraficante.

Puede que los seguidores de la serie Narcos echen en falta los tics mediáticos, con los que los creadores de esta producción para la pequeña pantalla afrontaron la agitada y delictiva existencia de Pablo Emilio Escobar Gaviria; pero Fernando León de Aranoa ha preferido quedarse en el retrato más o menos fiel de tan macabro personaje.

Con semejante propósito, el cineasta de Los lunes al sol hace suyo el libro Loving Pablo, Hating Escobar; que la presentadora de televisión Virginia Vallejo elaboró sobre la cambiante faz del enemigo público número uno en Colombia y Estados Unidos, durante más de una década.

La cuidada ambientación de la época (años 80 y principios de los noventa) sirve al director madrileño para meter al espectador en la neurosis criminal que preside cada una de las escenas del filme, destinadas a mostrar el interior de un individuo tan peligroso como sanguinario; al que Javier Bardem presta su físico amenazante y camaleónico.

Eficaz propuesta de intriga mezclada con terror bien defendida por Helen Mirren y el reparto.

Los hermanos Spierig siempre son una interesante incógnita, una especie de enigma por descifrar cuando estrenan película. Pueden tirar por el camino de lo más interesante de su carrera, Daybreakers y Predestination, o asentarse en lo más tópico y convencional, que está en Los no muertos y Saw VIII. En Winchester se han quedado en un punto medio, sacando a relucir esa capacidad que tienen para extraer el jugo más exótico a argumentos tópicos y previsibles, explotando al máximo y con habilidad el poder de sus actores ante las cámaras y construyendo como consecuencia de todo ello una curiosa película que mezcla intriga con terror y sin duda a los aficionados a este género les proporcionará suficiente material para debate a favor o en contra de los resultados obtenidos.

Lo cierto es que la película funciona más como relato de intriga gótica que como fábrica de sustos en la línea de lo que nos viene ofreciendo el cine de terror en los últimos tiempos. Y es precisamente eso lo que más me interesa de su propuesta: la capacidad para rescatar cierto tono de los cuentos de Edgar Allan Poe y el terror afincado en la fantasía previo a los cambios de códigos experimentados por el género en los años sesenta y setenta. Me gusta eso. Me gusta que haya ese tono de cuento fantástico y encuentro con los espíritus que me parece muy sólido y me ha recordado el tono de las películas del ciclo de adaptaciones de Edgar Allan Poe dirigidas por Roger Corman, La caída de la casa Usher, El péndulo de la muerte, La obsesión, El palacio de los espíritus, junto con las propuestas de terror producidas por la Hammer Films en Inglaterra en los años cincuenta, sesenta y setenta. Ambas cosas, eso sí, convenientemente actualizadas. Es otro tipo de terror que quizá parte el público actual no aprecie como debiera, pero que para empezar tiene un desarrollo de personajes y trama más elaborado y complejo que el de las típicas historias de fantasmas que salen hoy en día a la caza del susto fácil y resultón.

Buena película de intriga a la que le falta identidad para estar entre lo mejor de Ridley Scott.

Si este largometraje lo hubiera dirigido otro director estaríamos pensando que ha hecho bien su trabajo y ha elaborado una película curiosa, pero de Ridley Scott antes se podía esperar algo más. Algo como American Gánster, Red de mentiras o El consejero. Parece que esos tiempos ya pasaron en la filmografía de este director, aunque los aficionados al buen cine seguimos cruzando los dedos cada vez que estrena película confiando fielmente en que volverán cuando menos esperemos. Esto se queda más en el rendimiento de Hannibal, su visualmente estilizada y elegante, pero argumentalmente floja y desarticulada secuela de El silencio de los corderos. O si nos remontamos más atrás en la filmografía del director, La sombra del testigo. Es mejor que éstas dos últimas, pero juega en su misma liga.

Todo el dinero del mundo funciona, pero no está a la altura de lo mejor de la filmografía de su director. En primer lugar porque es bastante indefinida y esa indefinición transmite cierta indiferencia al espectador. No está centrada ni en su interés por los personajes, ni en su género, ni en su tema… Es decir, que duda y nos hace dudar en lo referido a qué nos quiere contar realmente. En ella conviven al mismo tiempo el relato más o menos oportunista y sesgado por las necesidades del cine y las pinceladas de la ficción que entran a saco en el caso real -esa visión de la familia Getty con madre abnegada y demás, por poner un ejemplo- con una construcción de personaje realmente interesante que es el del millonario J. Paul Getty, mezcladas con una peripecia de secuestro bastante tópica y un final de suspense bien orquestado pero algo tardío en su entrada en el relato general, que se ha cincelado más como un drama familiar. Esa indefinición es marca de fábrica y seña de identidad, en mi opinión poco recomendable, del cine que nos propone Ridley Scott en los últimos tiempos. Esa duda de apostar por una u otra línea y querer abarcarlo todo es el principal lastre de las últimas propuestas de Ridley Scott que han llegado a la cartelera.

Una de las mejores películas del año, aunque tiene cierto aire de cuento ya visto.

Madre e hija en conflicto. Infalible argumento para una película que como ésta decida explotar el talento de sus actores mezclado con pinceladas autobiográficas y fábula de tránsito a la edad adulta. Teniendo a Saoirse Ronan como protagonista en el papel de la hija y a Laurie Metcalf como co-protagonista en el papel de la madre, queda claro que vas a tener muchas posibilidades de meterte en las nominadas a galardones en al temporada de explotación de premios. Es casi infalible.

Ladybird es una buena película. Pero para mí tiene el aire de algo ya visto, ya contado, ya explotado en la fórmula de cine "indy" con la que los estudios norteamericanos buscan mercado alternativo al de sus apuestas de explotación de franquicias. Quizá sea la propia historia, o la propia protagonista, con su "postureo" adolescente, eso que hoy llaman "poser", lo que contagia de "postureo" algo previsible a la propia película. Quizá sea su empeño en abordar el intimismo de la trama de una manera que tiene difícil sorprender porque no es la primera que lo hace y juega en un territorio de naturalidad algo forzado que me sorprende poco. Pero el caso es que detecto en este largometraje una previsibilidad y una falta de espontaneidad y naturalidad que me molesta. Y casi confirmo que es la propia naturaleza de su protagonista, definida por guión, la que marca ese territorio algo calculador de la propuesta que se nos hace. Las comparaciones son odiosas y no me gustan nada, pero me veo obligado a poner un ejemplo para explicar lo que me pasa con este largometraje tirando de otra de las mejores películas del año, a mi parecer: The Florida Project. Ambas tienen en algunos aspectos puntos en común, pero en Ladybird no veo la "verdad" que habita en The Florida Project. La encuentro más calculadora, hija finalmente de una fórmula de cine "indy" cuya naturaleza es esencialmente abordar lo cotidiano con poca naturalidad. Los planos de Metcalf en el coche tienen verdad. La parte final de Saoirse Ronan en la ciudad tienen verdad. Todo lo referido al padre, un enorme Tracy Letts, tiene verdad. Y lo que se refiere al personaje de la hermana Sara interpretada por Lois Smith. Eso es para mí lo mejor de la película. Pero la parte de los adolescentes, con Beanie Feldstein interpretando a la amiga de la protagonista, Lucas Hedges como Danny, etcétera, que se resuelve en tópico. No aporta nada nuevo. Resta naturalidad.

Miles Teller es lo mejor de una película que se sostiene sobre sus actores.

Es una película necesaria porque necesaria es su reflexión sobre una parte de los desastres de la guerra. Y es lógico, y coherente, que se desarrolle en el aspecto civil durante casi todo su metraje, dejando a sus protagonistas atrapados en medio de dos breves pero definitivos fragmentos que ocurren en Iraq y explican ese lastre definitivo que es la guerra para quienes pasan por el frente. En ese sentido son especialmente contundentes el plano de las chapas de los soldados al principio, la secuencia que recorre la sala de espera de los veteranos esperando la ayuda y la charla del protagonista y su esposa con la psicóloga encargada de evaluar su caso, en la que se impone la demoledora frase: “Cientos de miles de veteranos hombres y mujeres buscan ayuda”.

Asentada sobre la eficacia de su reparto, la película se desliza pausadamente sobre el drama de los veteranos que vuelven a la vida civil, construyendo una alegoría propia del argumento universal del retorno a casa protagonizado por Ulises en la que los guerreros se arrastran incompletos y mentalmente enfermos hasta sus Penélopes y sus Telémacos pero nunca volverán a encontrar la vida que dejaron atrás cuando partieron para el frente en el que les hicieron pedazos física y mentalmente.

Marvel recupera seriedad y solidez con una película mejor que Guardianes 2 y Thor Ragnarok.

A ver, que dicho así, puede parecer cosa de poco, pero, oigan, qué gusto que no te metan un chiste a rosca cada cinco minutos y sin venir nada a cuento, que se tomen en serio a los personajes, que dejen a un director tripular la nave con pulso firme y personalidad, buscando además nuevos caminos para explotar eso de las fábulas de superhéroes.

Pantera Negra tiene claramente a su favor la capacidad para hacer honor al cómic original, incluyendo algunas imágenes y visión de personajes (los Jabari, por ejemplo, o Killmonger) que remiten directamente a algunas de las más carismáticas viñetas de los cómics del personaje. Pero sobre eso impone con eficacia la personalidad de la narración cinematográfica, llevando a Wakanda y su corte a un dibujo más completo de personajes más interesantes y con más entidad que la de la corte de personajes secundarios de Asgard en cualquiera de las tres películas de Thor. Con esto quiero decir que es cine cine, con todas las letras, y saca del respeto a la fuente original del personaje en los cómics el máximo rendimiento precisamente a base de poner ante las cámaras y detrás de ellas a gente muy competente.

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