Miguel Juan Payán

Miguel Juan Payán

Profesor de Historia del cine, Géneros cinematográficos y Literatura dramática

Crítica de la película Jason Bourne

Muy buena. Tan buena como el resto de la saga. Damon vuelve a lo grande al papel de su vida.

No hay agotamiento. No hay desgaste. La saga de Jason Bourne sigue gozando de una vitalidad poco frecuente en lo que se refiere a franquicias cinematográficas que es digna de estudio. ¿Qué hace que esta serie de fábulas de espionaje no muestre los inevitables rastros del paso del tiempo a pesar de estar ya en su cuarta entrega? ¿Cómo se las ingenia Paul Greengrass para que su propuesta mantenga la sorprendente energía e incluso mejore en muchos aspectos a sus precedentes? Se me ocurren varias respuestas que voy a intentar explicar en las siguientes líneas.

Si Jason Bourne es tan buena, y en algunos momentos y aspectos incluso mejor que sus predecesoras, se debe principalmente a su capacidad para convertirse en fiel espejo de la actualidad en lo referido al tema que aborda. Lo mejor de la saga y de esta cuarta entrega es que navega en paralelo a la realidad, se mantiene absolutamente fiel a las claves reales de la geopolítica que se manifiestan en cada momento… pero no por ello se deja abducir por las mismas, lo que podría llevarla a perder su propia personalidad o caer en el oportunismo de utilizar la realidad como mera anécdota o escusa promocional de cara al estreno. Al contrario: en la ficción de la saga, Bourne siempre se impone a su entorno, y en la realidad de la concepción de las películas, Bourne vuelve a imponerse a la realidad. Lo que vemos en la saga y en Jason Bourne, su última entrega, está lejos del oportunismo de la realidad tomada como escusa. Se trata de una cooperación entre realidad y ficción, una curiosa fórmula de sinergia en la cual las películas saben tomar elementos de la realidad como combustible para sus argumentos de ficción. Sólo he visto similar de sinergia entre realidad y ficción en la serie Homeland.

Crítica de la película X-Men Apocalipsis.

Está entre lo mejor de la saga de mutantes de la Marvel.

Me ha gustado. Me ha convencido. Me ha entretenido. Ha cumplido con sus objetivos. A pesar de la Singerfobia que se huele en el ambiente. A pesar de esas críticas negativas que no me explico y de las que tanto se ha hablado, creo que X Men: Apocalipsis está entre lo mejor que ha hecho Bryan Singer con esta saga.

Llegado a este punto, me voy a permitir dedicarle un espacio a los prejuicios frente a la saga, frente a Singer y frente a los superhéroes Marvel fuera de Marvel. Me parece que no se está siendo justos con esta película, y lo digo claramente. De hecho, y al decir esto estoy seguro de que alguien de poco leer va a hacerse un lío y trabarse las patas con las palabras por falta de costumbre, así que luego vendrán a tocarme las narices en las redes sociales y los mandaré a freír puñetas, pienso que la fórmula que aplica Singer en esta película es muy parecida –ojo, no igual, hay obvias diferencias, pero sí se acerca bastante- a la que se ha aplicado a Capitán América: Civil War. Me refiero al esqueleto de funcionamiento del argumento. Obviamente los resultados no son los mismos. Por eso a Capitán América: Civil War le metí cinco estrellas y a ésta le pongo cuatro. No estoy diciendo que Apocalipsis sea tan buena como Civil War. Lo que digo es que su fórmula de explotación del tema superheróico es más o menos la misma, o muy parecida. Así que los palos que le caen a una no me encajan con los elogios que le caen a la otra. Eso para empezar a polemizar.

Crítica de la película La bruja

Una de las propuestas de terror más inquietantes de este año. Renueva el interés por el género.

El cine de terror necesita encontrar nuevos caminos y/o redescubrir algunos que transitara en otros momentos para renovarse y eso es precisamente lo que hace La bruja. Frente a la aplicación de fórmulas repetitivas en la mayor parte de las películas del género que llegan a la cartelera, La bruja apuesta por volver a suscitar la incomodidad en el espectador convocando lo más siniestro que anida en nuestro interior y sacando a la luz la parte oscura de nuestros miedos e inquietudes. Su director muestra ser muy hábil y muy astuto a la hora de pulsar las teclas adecuadas para predisponernos a favor de lo que empieza siendo un aparentemente muy sencillo pero en el fondo muy elaborado juego de intriga y acaba por convertirse en una verosímil oleada de miedo visceral y atávico.

Freeheld. Los actores levantan el interés de un docudrama revindicativo de tono telefílmico.

Julianne Moore, una actriz todoterreno, absolutamente incombustible, que por sí sola puede hacer interesante cualquier fotograma en el que aparezca, es la mejor baza con que cuenta esta película para llevarnos hasta el cine. Mientras veía Freeheld confirmé una vez más que existe un tipo de actriz y de actor que forman parte de una estirpe de “animales cinemtográficos” puros y son capaces de establecer su propia relación singular con la cámara asociando su indiscutible talento con una fotogenia con personalidad propia y una manera de construir y vender sus personajes que el espectador no puede sino admirar y comprar cualquiera que sean las circunstancias que rodeen a los mismos. Dicho de otro modo, son actrices y actores que te venden lo que sea, bueno, regular o malo, y elevan automáticamente el nivel de lo que está en pantalla. Compras sus historias automáticamente. En otras épocas esto correspondió a estrellas como Ava Gardner, hoy tenemos a actrices como Julianne Moore o Eva Green haciendo lo mismo. Además en Freeheld Moore tiene buen respaldo y compañía en su ataque frontal para ganarse al espectador: Michael Shannon. De la retaguardia se ocupan Steve Carell y Ellen Page. Así que con este pequeño ejército de talentosos actores, la película consigue escapar de su propia naturaleza telefílmica de docudrama reivindicativo y de denuncia basado en personajes y hechos reales para ser una más que competente mirada a un tema que puede servir incluso como discurso pedagógico sobre la igualdad en la sociedad en la que vivimos. Peter Sollett, el director, se maneja bien en el terreno del drama con carácter independiente y reivindicativo sin entregarse del todo al panfleto y la salmodia de púlpito que suele empantanar este tipo de trabajos, y aunque me convenció más en Camino a casa, película que dirigió en 2002, aprecio su capacidad para moverse en la cuerda floja que es la frontera entre el cine y el telefilme, sin llegar a caer nunca en el territorio de éste último. Vuelve a ocurrir en este caso, y me ha convencido incluso en las partes en que rodea el tópico, principalmente porque sabe cómo apuntalar las mismas sobre el trabajo de sus actores y deja suficiente margen a los mismos para levantar sus personajes con una personalidad de la que carecerían en otras manos, pero sin caer en ese otro riesgo de este tipo de productos, que es quedarse estancados en meros ejercicios de lucimiento del actor. Algo que podría haber ocurrido, por ejemplo, en el caso de que el papel de Moore lo hubiera interpretado en esta película Meryl Streep, o Julia Roberts. Aquí va primero el personaje, no la estrella. Y eso obra en beneficio de la película, de la historia que se quiere contar, del mensaje que se quiere trasladar al público y en general de todo el planteamiento narrativo de la historia. Solo en el caso de Steve Carell entramos en ese otro territorio del lucimiento, pero como el propio personaje que interpreta lo pide con total coherencia, no es un lastre para el resto. Eso sí, me ha convencido menos Ellen Page, sobre todo en algunos momentos de postureo y postal que contrastan con la sobriedad elegante y majestuosa de Julianne Moore y Michael Shannon.

Miguel Juan Payán

Crítica de la película El Olivo

El olivo. Iciar Bollaín vuelve a dar en el blanco desde la sencillez con una película de itinerario, supervivencia y reflexión.

Fiel a su cine. Fiel a sus intereses como cineasta. Fiel a su manera de entender cómo debe contarse una historia en la pantalla grande sin perder de vista la relación con la realidad y la verdad de sus personajes, Iciar Bollaín vuelve a destacarse como una de las directoras más sólidas del cine europeo.

Jesús Usero y Miguel Juan Payán nos dan sus impresiones sobre Batman v Superman, El Amanecer de la Justicia ‬

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Miguel Juan Payán y Jesús Usero charlan con los lectores sobre Civil War y series como Juego de Tronos y Arrow

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Daniel Calparsoro tiene a sus espaldas una colección de películas de género en las que nunca ha descuidado los toques de autoría y donde siempre ha sabido sacar el máximo partido a sus actores. Ahora nos propone un nuevo viaje al cine policíaco en el que además hay espacio para la intriga sobre corrupción y hasta algunas pinceladas de humor y realidad a la sociedad de nuestros días, junto a algunos otros referentes cinematográficos y claves de localización geográfica y lenguaje visual que la diferencian de otras de sus películas. De todo ello nos habla en la siguiente entrevista.

Miguel Juan Payán

Dos atracadores y una rehén: Luis Tosar, Patricia Vico y Rodrigo de la Serna, tres de los protagonistas de la última película de Daniel Calparsoro, Cien años de perdón, nos comentan algunos detalles de esta recomendable propuesta de cine policíaco ambientada en el atraco a un banco en Valencia donde nada ni nadie es lo que parece en principio. ¿Es o no es ella una mujer fatal? ¿Dónde está el secreto para rodar una buena intriga de acción? ¿Cuáles son las películas de atracos preferidas por los protagonistas? Estas y otras cuestiones quedan contestadas en la siguiente entrevista.

Miguel Juan Payán

Jesús Usero y Miguel Juan Payán nos dan su opinión sobre las series del 2015.

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