Miguel Juan Payán

Miguel Juan Payán

Profesor de Historia del cine, Géneros cinematográficos y Literatura dramática

Cuarenta y cinco minutos caminando por un cable tendido entre las Torres Gemelas a 400 metros de altura. Ocho cruces de ese cable. La actuación de Philippe Petit en una mañana del verano de 1974 pasando de un lado a otro entre las torres del World Trade Center que estaban a punto de ser inauguradas ha sido calificada como un hito del funambulismo por unos. Para otros fue un delito, un crimen. Su protagonista afirma sin embargo que fue para él arte, y un momento de gran felicidad en el que cumplió su sueño. Para Petit: “luchar quiere decir crear”, y lo que hizo caminando por el cable entre las Torres Gemelas fue un acto de creación, una manera de compartir su arte con el público. .‬

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Miguel Juan Payán nos da su opinión de Star Wars: el despertar de la fuerza.‬

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Miguel Juan Payán nos comenta el tráiler de Star Trek Más Allá‬

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Miguel Juan Payán nos comenta el tráiler de -Men Apocalipis‬

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Miguel Juan Payán nos comenta el tráiler de La leyenda de Tarzán‬ que veremos en cines en Julio de 2016

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Miguel Juan Payán nos comenta el tráiler de Batman v Superman. El Amanecer de la Justicia‬

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Crítica de la película Mad Max: Furia en la carretera

Mad Max furia en la carretera recupera y supera todo lo bueno de Mad Max el guerrero de la carretera. La mejor entrega de la franquicia.

Dos horas de persecuciones imparables y plenas de imaginación. Hemos tenido que esperar unos cuantos años, pero la espera ha merecido la pena: finalmente tenemos en la cartelera una digna heredera de la mejor película de la saga del loco Max, y descartando fatuos y oportunistas arrebatos de nostalgia ochentera que ademas cada vez me parecen más fruto del postureo generacional friqui, lo cierto es que teniendo las más mínimas dosis de sentido común no creo que nadie pueda discutirle a e este trepidante, espectacular y muy oportuno ejercicio de puesta al día de la franquicia cualidades que mejoran la película que toma como referencia principal, la segunda de la trilogía original, aunque en algunos momentos hace guiños a la primera, con ese antagonista de la misma tuneado para la ocasión, e incluso a la tercera, ese fallido ejercicio de lo que pudo ser y no fue, o de lo que solo era realmente Mad Max en su primera parte. Ya el hecho de que Miller haya ido directamente a buscar referente estético y argumetal en la segunda de Mad Max es toda una declaración de principios y hasta una disculpa por lo que hizo en la tercera. Rectificar es de sabios. Pero es que además, con te comentado al principio, creo que mejora algunos aspectos de aquella película. La segunda de Mad Max siempre me ha parecido casi perfecta en su astuto ejercicio de renovación de las claves del western y cruce de las mismas con la ciencia ficción de tono apocalíptico, pero era muy parca en su anécdota argumental. Lo positivo de eso es que te quedaban ganas de ver más. Y ese "más" está ahora en Mad Max furia en la carretera. De hecho ese "más" tiene nombre propio: Charlize Theron. Como digo siempre, cualquier cosa es mejor con mujeres. Y cuanto más completas y resolutivas por sí mismas sean dichas mujeres, mucho más divertido todo. Theron ya por sí misma demuestra aquí, otra vez, que se basta ella solitario para sostener lo que haga falta en una pantalla grande que ademas George Miller agiganta con su peculiar estilo de entender y filmar el cine de acción. Más claro: a mí Theron ya me vale ella solita como variante femenina de Max Rockatansky. Además mis ojos disfrutan más, no voy a negarlo. Por otra parte su personaje introduce en la trama nuevas claves que ampliando el arco de posibilidades dramáticas. Para que quede todavía más claro, George Miller ha hecho aquí lo que quiso hacer y no supo o no pudo hacer Sam Raimi con Sharon Stone y el espagueti western en Rápida y mortal (1995). La diferencia es que Miller trata a Theron y su personaje con más respeto y le da más sentido y contenido que el que le proporcionó Raimi a Stone, que a pesar de las apariencias en esa película era sólo una cáscara decorativa en una trama eminentemente masculina que se repartieron Gene Hackman, Russell Crowe y Leonardo Di Caprio.

Y así llegamos al otro punto fuerte de Mad Max furia en la carretera: Tom Hardy. Si había alguien capaz de estar a la altura de Mel Gibson en las originales era él. Este tipo es una máquina. Intenten ver la película en versión original porque la voz de este actor es única. Si hace un tiempo me hubieran preguntado quien podría heredar el personaje de Max Rockatansky de manera competente habría dicho que Russell Crowe, pero hoy sin duda es mejor Hardy, que con todos mis respetos para el de Gladiator me parece un actor mas completo, capaz de ir más a fondo con el personaje incluso en un vehículo de acción trepidante como el que nos ocupa. Creo que Hardy aporta a Max más matices y una personalidad diferente de la que propusiera Gibson. Hardy no se limita a tunear a Max para a actualizarlo y darle algún toquecillo personal. Hace mucho más. Hace que el personaje crezca, y sin faltar al respeto o renegar de su precedente, algo que no es nada fácil, especialmente teniendo en cuenta que dicha precedente es un icono de la cultura popular. Afirman los rumores que Hardy quiere interpretar al Castigador de la Marvel, y después deber Mad Max furia en la carretera no se me ocurre mejor actor para darle a ese personaje todo lo que merece en la pantalla grande, todo lo que hasta ahora no han conseguido darle ni Dolph Lundgren, ni Thomas Jane, ni Ray Stevenson.

El tercer punto a favor de MadMax furia en la carretera es su capacidad para hacer la evolución desde la personalidad más cercana a la serie b de las dos primeras películas de la trilogía original hasta el producto de era blockbuster que ahora se presenta en la cartelera. Esa evolución quedó fatalmente truncada en Mad Max III porque Miller hizo una serie de concesiones de cara a la galería que desvirtuaban el espíritu de las dos primeras películas, pero en Mad Max furia en la carretera ha sabido gestionar mucho mejor esa evolución hacia lo comercial sin perder por el camino todo lo que perdió en Mad Max III, y además nos propone algo distinto, más sólido y coherente.

Quiero ver más entregas de esta franquicia, y con eso creo que ya está dicho todo. El tope son cinco estrellas pero por diversión y entretenimiento sólido y coherente merece seis.

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Crítica de la película Exodus: Dioses y reyes

Más sólida y madura que Gladiator aunque también más fría.

Espectacular y muy bien dirigida, esta versión de la trama de Moisés que ya conocemos se enfrenta al reto de encontrar su propia personalidad más allá de todos los estereotipos e imágenes asumidas por un público que además tiene en la cabeza su propia versión de la historia que Ridley Scott pretende contarnos. Entran ademas en juego todo tipo de idealizaciones y prejuicios a favor o en contra de la vertiente mítica o religiosa incorporada al relato. Añadan a todo eso que si usted cree en Dios, o en cualquier equivalente de entidad creadora supranatural seguramente tendrá su propia imagen del mismo, lo cual complica mucho más todo el asunto porque obviamente Scott no puede tirar a estas alturas de la versión pirotécnica que aplicara a este mismo tema Cecil B. de Mille en Los diez mandamientos. No es viable y no puede funcionar, por mucho que todos sigamos recordando aquella versión del tema que vimos siendo niños o muy jóvenes y recordemos al impresionante Charlton Heston abriendo las aguas con su bastón. Esta es otra época, otro público mucho más escéptico y encima adicto a los documentales de recreación histórica de Nacional Geographic. Scott sale de todo este lío connota alta, pero para ello ya tenido que rebajar el tono épico que caracterizada Gladiator y buscar su camino hacia una mayor verosimilitud de la propuesta trabajando sobre actores y equilibrando muy bien los fragmentos épicos de batalla, plagas y prodigios varios con lo que realmente le interesa, que es el reto de creer o no creer, el sacrificio doble del héroe que alejado de su familia adoptiva egipcia, de su esposa y de su hijo, y convertido en líder de un pueblo al que en realidad no conoce para obedecer a un Dios al que no acaba de entender y con el que suele discutir amargamente. Creo que Christian Bale defiende muy bien ese papel incluso en los momentos más delicados por todo lo que he enumerado al principio, otro tanto se puede decir de su antagonista, un Ramses que a ratos se da cierto aire a Russell Crowe y al que Scott humaniza eficazmente a través de sus miedos con una escena que demuestra su notable talento como director, el faraón que intenta combatir la oscuridad encendiendo antorchas en un desesperado intento de proteger a su hijo. Scott maneja bien la elipsis, impone lo visual sobre lo verbal, y a cierta en muchas cosas, por ejemplo imponiendo un protagonismo del paisaje que me ya recordado Lawrence de Arabia, de David Lean. Pero falla en otras. No llega a desarrollar lo suficiente ningún personaje salvo Moisés y Ramses. Desperdicia a Sigourney Weaver. Y en su persecución de la credibilidad renuncia en exceso a lo épico, algo que ya le ocurrió en El reino de los cielos. Esta película es no obstante mejor que aquélla y mejor que Robin Hood. Y una vez más Scott reina en lo visual.

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Crítica de la película Los juegos del hambre: Sinsajo 1

Mejor y mas sólida que las dos películas anteriores. Me ha gustado más. 

Sinsajo 1 es más cine que las dos primeras entregas de la saga. Maneja temas más interesantes. Concretamente se centra en el tema esencial de la saga, que es la forma en la que la gente común y corriente es engullida por la corriente de la historia, utilizada como anzuelo de propaganda en las guerras, manipulada como un títere sin alma por quienes se ocupan de propagar las ideas que son las que aprietan el gatillo y sueltan las bombas sobre los inocentes. Ese tema es el reto al que se enfrentan los personajes en esta entrega donde  finalmente las cartas de esta saga quedan puestas al descubierto, sobre la mesa, con más madurez y solvencia narrativa, con más seriedad, que en las dos películas que la preceden. Digamos que con esta película, el relato supera su fase más adolescente y entra en materia más interesante. Es  mejor en su primera mitad, en su exposición de la situación de cambio a que se enfrenta Katniss convertida en símbolo de la rebelión, el Sinsajo del título. Ese periodo de adaptación de  protagonista a su nuevo papel en el juego de la política es la mejor parte de todo lo que hemos visto hasta ahora en Los juegos del hambre, con diferencia. Katniss deja de ser una especie de heroína de recortable, bidimensional, para adquirir incluso cierto aire de Juana de Arco cuando acude por primera vez al frente. Además, está respaldada más que nunca por un reparto de actores que son pesos pesados capaces de levantar cualquier personaje en cualquier situación, a lo que se añade un papel más destacado y definido, tanto por su propia interpretación como por lo que cuenta de él Finnick, del personaje de villano que interpreta Donald Sutherland, un veterano, un clásico que brilla más en esta tercera entrega que en las dos anteriores. Para quien esto escribe es además una buena noticia que por cuestiones del propio argumento nos hayamos librado finalmente de esa parte más pedante y exagerada, churrigueresca, absurda y francamente molesta que eran los perifollos y jueguecitos de Barbie neurótica del Capitolio, comandados por Stanley Tucci, gran actor sin el cual sería imposible aguantar tal suplicio. El hecho de que aquí no haya juegos propiamente dichos, sino guerra, puesto que esta es una película bélica muy astuta que como digo trata el tema de la propaganda, permite que ese lastre para el relato, exagerado visualmente en las dos entregas anteriores, deje de estar presente. Una molestia menos. 

Plannos como el de la masacre del Distrito 12 testimonian el cambio del que hablo respecto a las películas anteriores. Eso sí, les ha fallado un poco la acción. Andan justos de presupuesto y lo administran bien, porque de hecho Julianne Moore, que junto con Sutherland es de lo mejor de la entrega, son el mejor efecto especial para la manera en la que se ha planteado la película, en primeros planos, con más drama que acción. Pero un poco más de escenas de esa guerra que apenas vemos le podrían haber venido bien al conjunto del relato. Imagino que se lo guardan prara Sinsajo 2,. 

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Crítica de la película La leyenda del Samurái: 47 Ronin

La leyenda del samurái. 47 ronin. Entretenida fábula de espada y brujería, eficaz cine de evasión.

Me ha gustado más que El llanero solitario. Me ha gustado más que aquella absurda revisión de los clásicos del cine de artes marciales producidos por Shaw Brothers que dio en titularse El hombre de los puños de hierro. Y para ser sincero, me lo he pasado mucho mejor que viendo El último samurái. Por otro lado, es cierto que no alcanza, ni de lejos, a otras muestras esenciales recientes del cine de samuráis producidas en Japón, auténticas joyas de las que está muy lejos. Me refiero a Zatoichi, dirigida por Takeshi Kitano y 13 asesinos y Hara-Kiri: muerte de un samurái, ambas dirigidas por Takashi Miike. Con El llanero solitario tiene en común ese intento desesperado de crear espectáculo visual para ganarse el éxito en la taquilla que sufre el cine estadounidense de presupuestos más abultados. He leído cifras de presupuesto de La leyenda del samurái que van de los 175 a los 225 millones de dólares. Mucha inversión para no intentar jugar sobre seguro. Así es como entran en este baile las brujas, los dragones y la inconografía visual de gran despliegue de efectos visuales y espectáculo circense que amenaza con comerse a los personajes, el conflicto, la trama, el guión, devorándolo casi todo en beneficio de los simples fuegos artificiales. Y la copia de lo que ya ha funcionado antes, claro. Esa copia es lo que incorpora a la película influencias, apuntes o referencias de 300, Gladiator y El señor de los anillos. Pero presumo que en este tema, los árboles no les dejan ver el bosque a algunos críticos y espectadores. Lo cierto es que la película es mucho más coherente y tiene las cosas más claras de lo que nunca las tuvo El llanero solitario, que no sabía si quedarse a pares o nones, si ser comedia o ir en serio. Creo que La leyenda del samurái tiene las cosas más claras en cuanto a su tono, o dicho de otro modo, despista mucho menos al espectador en general. Está claramente afincada en el territorio del género de espada y brujería, esto es, más cerca de las historias de Conan el Bárbaro que de una reconstrucción sería de la leyenda de los 47 ronin. Y eso me lleva a trazar su parentesco con El hombre de los puños de hierro y explicar por qué creo que es mejor que aquella. Comparte con esa otra película su intento de explotar y trasladar fórmulas de las historias de caballería de oriente a occidente. Ardua tarea, especialmente si cae en manos de alguien que no pertenece a esas culturas e inevitablemente va a convertir todo eso en un pastiche, puro tópico, visita a todas las claves más superficiales del asunto. Pero en ese ejercicio, El hombre de los puños de hierro se limitaba a amontonar estereotipos sin gracia ni ritmo narrativo, desperdiciando sus mejores bazas y metiendo con calzador a un protagonista negro interpretado por el rapero Rza, director y actor principal, que no pintaba nada en la historia y era sistemáticamente devorado sin pestañear por el personaje secundario interpretado por Russell Crowe, francamente lo único que merecía la pena salvarse de aquel despropósito. La leyenda del samurái se enfrenta también a esa imposición de reforzar la presencia de Keanu Reeves en el relato, pero al menos tiene la decencia de mantener el protagonismo del personaje interpretado por Hiroyuki Sanada en el papel de Oishi, y aunque meta con calzador al personaje que encarna Reeves, Kai, su presencia en el relato no se convierte en un lastre, como sí ocurriera con la subtrama tipo Django desencadenado que se marcó Rza en El hombre de los puños de hierro. Con Oishi al frente del relato, la película mejora bastante y hasta se acerca más al trasfondo japonés de la trama de lo que nunca consiguió acercarse El último samurái. Lo cual me lleva a completar este comentario en clave de comparación aclarando que si me ha gustado más La leyenda del samurái que las aventuras de Tom Cruise en Japón no es porque crea que sea mejor película, sino porque se me antoja más descarada, más friqui y más gamberra que aquella a la hora de entrar a saco en una cultura ajena. De hecho, desde el punto de vista meramente cinematográfico, creo que es mejor El último samurái, porque si El hombre de los puños de hierro era claramente tributaria del videoclip musical más ramplón, La leyenda del samurái es visualmente heredera del videojuego más epiléptico en muchas de sus imágenes. Así que en lo referido a narración cinematográfica, está por encima El último samurái. Lo que ocurre es que aquella de Tom Cruise pretendía algo imposible, como es venderse en clave de homenaje a las tradiciones y cultura japonesas desde la americanización del argumento y protagonista, y le salió lo mismo que a John Huston cuando enganchó a John Wayne para rodar El bárbaro y la Geisha: un quiero y no puedo etnocentrista, racista y chovinista. ¡Pero de buen rollo, eh! En plan: mira los japonesitos, qué majos ellos con sus espadas y sus kimonos coloristas y tal, y tal, y tal. Por el contrario, La leyenda del samurái decide entrar a saco en una de las tramas fundacionales del espíritu de sacrificio japonés, los 47 ronin, adaptada al cine en numerosas ocasiones, y se la pasa por la piedra con singular impudicia para convertirla en el pretexto de una peripecia de espada y brujería propia de las narraciones pulp y la literatura de quiosco, digna heredera de los seriales de Fu-Manchú y las películas de serie B que veíamos en programa doble y sesión continua. Y desde esa caradura que se gasta, nos vende uno de los espectáculos más trepidantes y entretenidos que hemos podido ver en el cine este año. Algunos quizá no le perdonarán que siendo tan descaradamente serie B tenga presupuesto de serie A, pero esa es la lacra del cine de evasión de nuestros días, amigos, y La leyenda del samurái no es la primera película norteamericana que transita por esa contradicción de contar con personajes y argumentos de serie B camuflados como producción de serie A. Así que, vale, es cierto: La leyenda del samurái no es una adaptación respetuosa, ni histórica, ni siquiera digna de la historia de los 47 ronin. Observen que sólo al principio le he puesto ese apellido que no merece, 47 ronin. Secuestra y viola con enorme desvergüenza la trama de los 47 guerreros que vengan a su señor, para conocer y disfrutar la cual recomiendo cualquiera de las otras películas que le ha dedicado el cine japonés, especialmente La venganza de los cuarenta y siete samuráis, dirigida por Kenji Mizoguchi en 1941 atendiendo a una petición del gobierno militarista nipón para fabricar una película de propaganda patriótica en el escenario de la Segunda Guerra mundial. O si prefieren algo menos vinculado a la propaganda bélica, pueden probar con Chûsingura (1958), de Kunio Watanabe, que saca el máximo partido al color y el gran formato de pantalla y es cinematográficamente mucho más épica que La leyenda del samurái, lo mismo que 47 ronin, dirigida por Hiroshi Inagaki en 1962.

Entiendo que los japoneses puedan pensar que les han entrado a robar en casa, con alevosía y nocturnidad, para llevarse un monumento esencial de su cultura que es equivalente a la ressistencia en El Álamo para los tejanos, el 2 de mayo para los españoles o la resistencia de los 300 espartanos en las Termópilas para toda la cultura occidental. Pero entiendo menos que haya tantos no japoneses rasgándose las vestiduras por este acto de latrocinio tan divertido y desvergonzado. Sospecho que muchos japoneses no se sienten tan indignados como algunos gaijin simpatizantes de la cultura nipona que reaccionan ante esta película como si hubieran pillado a su parienta fornicándose a Keanu Reeves en el futón que compraron en Ikea después de mearse en la ración de sushi que habían comprado para celebrar su aniversario de boda (por cierto, incautos gaijin, aunque suene a algo japonés, Ikea es una empresa sueca y el sushi nació en China, así que tampoco nos pongamos tremendistas). Imagino que muchos japoneses pueden sentirse indignados con toda la razón, pero imagino también que muchos otros japoneses se lo tomarán a cachondeo o entre el estupor y la sonrisa, como cuando los españoles vimos a Frank Sinatra interpretando a un guerrillero de la Guerra de la Independencia contra los franceses en Orgullo y pasión, a Peter O´Toole interpretando el papel de Don Quijote en El hombre de La Mancha o a Charlton Heston dando vida a Rodrigo Díaz de Vivar en El Cid… tres películas que, dicho sea de paso, compartían un poderoso imán para que nuestra sangre española empezara a hervir y nos olvidáramos de los furores patrióticos mientras la libido se desbordaba desde nuestras córneas cuando mirábamos a Sofía Loren interpretando a una paisana guerrillera, a Dulcinea del Toboso o a Doña Jimena.

Creo que ante La leyenda del samurái toca no ser más papista que el Papa o más japonés que los japoneses (especialmente si eres un gaijin gafapasta), y entregarse con sumo cachondeo simplemente al disfrute de una de las películas más espectaculares y friquis que se asomado a la cartelera este año. Vayan verla como lo que es: una gamberrada de entre 175 y 225 millones de dólares que sólo se le puede ocurrir y puede permitirse la industria del cine estadounidense.

Miguel Juan Payán

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