Jesús Usero

Jesús Usero

Periodista cinematográfico experto en televisión

Visualmente apabullante y con un reparto magnífico. Un relato basado en hechos reales sobre una muy particular brigada de bomberos que se enfrentan al fuego en la naturaleza, y que fue golpeada por la tragedia en 2013 en el incendio de Yarnell Hill en Arizona. Una historia que con dos horas y cuarto de duración se esfuerza en construir a unos personajes, poco a poco, para hacernos empatizar con ellos, para comprenderlos y admirarlos, hasta que llega el momento de la tragedia. Y lo hace de forma realmente inteligente hasta su tramo final, donde se esfuerza demasiado hasta el punto de convertirse en justo aquello que ha tratado de evitar durante la mayor parte del metraje, un melodrama.

Quizá el problema venga desde detrás de las cámaras. Delante de ellas tenemos un reparto liderado por Josh Brolin, Miles Teller y Jennifer Connelly, pero con nombres como Taylor Kitsch, Andie MacDowell, Jeff Bridges o James Badge Dale, que hacen no sólo un trabajo excelente con sus personajes, sino que tienen donde apoyarse en un guión escrito por Ken Nolan (Black Hawk Derribado) y Eric Warren Singer (La Gran Estafa Americana), que maneja muy bien la historia para hacer crecer a los personajes, como mencionábamos antes. Sus historias pequeñas, humanas y cercanas son de esas con las que uno puede identificarse durante gran parte de la película, aunque flaquee al final de la misma. Especialmente el personaje de Teller, que es el que más miga tiene desde el inicio al final.

Parece ser que las redes sociales están funcionando para conseguir trabajo estos días, como vimos hace nada con la posibilidad de que Batgirl haya encontrado una nueva guionista tras la marcha de Joss Whedon, pero ahora una situación similar ha sucedido en el otro bando, en Marvel, porque a través de redes sociales hemos descubierto que Mark Hamill podría aparecer en la película de James Gunn que cerrará la trilogía de Guardianes de la Galaxia.

Crítica de la película Gorrión Rojo

Buena muestra de cine de espías con aires de los setenta. La nueva colaboración de Francis Lawrence y Jennifer Lawrence, nos presenta una película única en estos días, imperfecta pero fascinante, como el laberinto en el que se introducen sus personajes, del que aparentemente es muy fácil escapar, pero que en realidad es el más complejo de todos, el que creamos nosotros mismos. A veces incluso parece que estemos viendo una versión alternativa de los inicios de La Viuda Negra, el popular personaje de Marvel, aunque en este caso sería más bien la versión moderna del mismo, la de Yelena Belova, pero pronto los parecidos se terminan porque, como mencionaba al principio de esta crítica, la película está más cerca del cine de género de los 70, no busca mostrarnos un vehículo de acción y suspense, sino sólo lo segundo, centrándose en las relaciones entre personajes, en su mundo interno y la creación de un mundo externo en el que todos son potenciales enemigos o víctimas, en un continuo juego del gato y el ratón en el que las armas principales que emplean los jugadores son las de la seducción, el miedo, el sexo, la manipulación y las mentiras. Una historia bien planteada desde el inicio que tiene más de un bache que superar pero que aprovecha a la perfección un detalle importantísimo, el de su protagonista. Una Jennifer Lawrence sin miedos ni complejos que se echa sobre sus hombros la película construyendo un personaje tan fascinante como diferente a lo que plantea al cine hoy día.

Por si alguno de vosotros todavía no lo sabía, Hasbro, la empresa de juguetes responsable de licenciar y producir películas como Transformers o GIJoe, planea convertir en películas más licencias de sus líneas de juguetes, incluyendo títulos como el reboot de G.I.Joe, Micronauts e incluso Action Man, además de un planeado nuevo universo para Transformers, que podría dar comienzo con la película de Bumblebee. Y junto a todas ellas, Dungeons&Dragons, el juego de mesa (y rol) que ya tuvo una terrible adaptación con Jeremy Irons como uno de sus protagonistas, y que pretende regresar ahora con un reparto y un presupuesto en condiciones. Y con un director capaz de llevar la película a buen puerto. Según Variety, dicho director será Chris McKay, responsable de Batman: La LEGO Película. McKay ya ha tenido éxito adaptando un juguete a la gran pantalla con LEGO, así que esperan que repita aquí, mientras que Michael Gilio se encargará de la nada fácil tarea de escribir el guión.

Jesús Usero

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©accioncine

La confirmación, si hacía falta, del enorme talento de Margot Robbie. Quizá sea innecesario decir que Robbie es una de las mejores actrices que ha dado Hollywood en los últimos 10 años. Sí, es cierto que su físico ha determinado en muchos momentos los papeles que le han ofrecido y que ha podido interpretar en cine. Quizá pueda parecer que Yo, Tonya es su primer papel serio, pero no es cierto. Lo que hace en El Lobo del Wall Street no es ni mucho menos sencillo, sobre todo con los giros que da la historia y por cómo es presentado el personaje ante nosotros. Su presencia en La Leyenda de Tarzán le daba un empuje a la película que otra actriz no habría sabido darle, y en Escuadrón Suicida es la reina de la función y nadie es capaz de contenerla, en un papel en el que puede parecer que sólo juega con su apariencia, pero que tiene detalles de mucho talento, y un magnetismo con la cámara a la altura de muy pocas estrellas de cine. Yo, Tonya sólo es la confirmación de todo eso, la muestra de que la actriz ha alcanzado una madurez como intérprete que mucha gente tarda muchos más años en conseguir. Su merecidísima nominación llega justo con una película que tuvo que producir ella misma para que le diesen el papel central, porque su imagen, como tantas otras veces en esta industria machista, jugaba en su contra y nadie la veía capacitada para hacer justicia a esta historia… Qué equivocados estaban…

Buen pulso narrativo, fantástico reparto, Scott regresa a su mejor versión. O al menos a una versión muy superior a la vista en Alien Covenant, película de enorme virtuosismo visual, pero poca o nula capacidad dramática en su guión. Aquí, más cerca del espíritu de películas como American Gangster o El Consejero, cine de género negro, muchas veces inspirado en hechos reales, sin tono de ciencia ficción. Ojo, no es que precisamente Scott no sepa dirigir ciencia ficción, pero para hacer las historias que hace en la saga Alien, mejor que regrese a este tipo de historias más terrenales, donde es capaz de dar una versión de sí mismo mucho más interesante, aunque la película no sea ni mucho menos perfecta, pero deje un muy buen sabor de boca.

La película además ha traído una enorme polémica consigo, tras el escándalo de las acusaciones de abuso y acoso recibidas por Kevin Spacey, el actor, que tenía un papel fundamental en la película como John Paul Getty, fue sustituido por Christopher Plummer quien rodó de nuevo las escenas del personaje poco antes del estreno de la película, consiguiendo además ser nominado al Oscar a mejor actor secundario. No es inmerecido y Plummer, un actor no tan valorado como debería (pese a que ya tiene un Oscar en su haber), está inmenso y conforma un personaje tan interesante e intrigante como hipócrita, artero y cínico en muchas ocasiones. Para darle respuesta, el alma de la película, la magnífica Michelle Williams.

Me quedo sin palabras para describir el cierre de la trilogía… Porque a estas alturas de película (perdón) esperar de la franquicia Cincuenta Sombras algo distinto es ingenuo y ridículo. Las dos películas anteriores crearon un estilo muy definido, cercano a los libros, y en esta tercera no van a cambiar las cosas por mucho que uno entre en la sala soñando con ello. No va a suceder. Y menos cuando esta última película fue rodada a la vez junto con la segunda, de la mano del mismo director, James Foley. A partir de aquí, hay dos opciones… O nos tomamos todo a broma (algo en lo que hasta la película parece incidir) o ponemos los ojos en blanco cada dos minutos más o menos…

Y se puede argumentar que la saga ha llegado a un punto de autoparodia consciente, que no aparecía en los libros (sí, los he leído) y que de cuando en cuando consigue una carcajada cómplice con el público (esa arquitecta forzadísima de Arielle Kebbel. Pero son más los momentos en los que el público se ríe cuando no debe, por incomodidad o incredulidad. O porque hay instantes que son simplemente ridículos hasta el exceso (los últimos 20 minutos). Uno podría argumentar que hay que tener en cuenta al público al que se dirige la película, pero cuando ese público te comenta a la salida de la película que es peor que la anterior y que no les ha gustado nada… Algo falla en la fórmula.

Muy alejada de las mejores películas de Clint Eastwood. Una versión de los hechos reales acontecidos en el tren a París en el que hace unos años unos héroes anónimos por aquel entonces, impidieron una masacre terrorista a bordo del mismo, salvando las vidas de quienes viajaban allí. Una historia contada a partir de la experiencia de tres amigos que se interpretan a sí mismos en la película, y en la que el veterano director ha querido contar qué nos convierte en héroes en una situación tan desesperada como la que allí se vivió, pero sin conseguir hacer que la película llegue a funcionar en ningún momento. Tiene detalles de lo que podría haber sido, aunque no son tantos como para hacer una buena película.

La historia está contada a modo de flashback que nos lleva a la infancia de los tres protagonistas, Anthony, Alek y Spencer, desde que nace su amistad siendo niños, hasta el camino que les lleva a ese tren, justo ese día. La película hace especial hincapié en la historia de Spencer, dejando bastante huérfanas las de Anthony y Alek, y olvidando por completo la del cuarto individuo que ayudó aquél día a impedir la tragedia y que también se interpreta a sí mismo en la película. Una historia de aparente sencillez sobre estos tres hombres que nos permite conocer un poco más quienes fueron, pero que carece de gancho real. La clave de todo es un guión plano y sin ningún tipo de fuerza.

Magnífica película de superhéroes… Una de las mejores de Marvel. Y si a Thor le di cuatro estrellas, qué menos puedo hacer que darle cinco a la que ha entrado entre las mejores de la compañía y que supone un cambio de rumbo de lo visto en los últimos tiempos en la compañía, donde 2017 ha sido un completo baile de comedias, unas más acertadas que otras, alejándose por un tiempo del tono más serio y profundo que vimos en Doctor Strange, por ejemplo. Black Panther lleva ese mismo camino y lo eleva un poco más, haciendo una película más dramática, más compacta, más adulta en fondo y forma, y con una de las interpretaciones más sólidas que recordamos en uno de los superhéroes de la familia, la de Chadwick Boseman. La película apunta a convertirse en uno de los mayores éxitos de Marvel en la taquilla norteamericana, y seguramente el fin de semana de su estreno rompa varios récords de taquilla del mes de febrero, debido a la expectación que ha levantado el proyecto y a que supone la primera película de superhéroes protagonizada exclusivamente por un personaje africano y con un reparto que es afroamericano al 90%. Y todo eso funciona…

Parte de la culpa del buen resultado de Black Panther la tiene su director, Ryan Coogler. Llevo tiempo diciendo en esta web o en nuestros vídeos, que pese a los buenos resultados en taquilla y crítica, Marvel estaba cometiendo un error, que era ceder sus películas a directores de comedia. De hecho no pocos me criticaron cuando dije que Marvel había perdido épica desde que Joss Whedon se marchó de la compañía… Y lo mantengo. Creo que Scott Derrickson en Doctor Strange era una presencia magnífica, pero nombres como Peyton Reed, James Gunn o Taika Waititi quizá no sean los más indicados para hacer cine épico. Es una opinión personal que, aunque no me terminen de gustar, no le resta méritos a películas como Thor Ragnarok, que sigue siendo buena o muy buena incluso, aunque a mí personalmente no termine de gustarme. Por eso la llegada de Coogler para mí fue bienvenida, porque esperaba de él un tono más serio, más adulto, y porque el director había demostrado con Creed que sabía imprimirle el tono épico necesario a sus historias, ofreciendo una de las películas de la saga Rocky más memorables y mejor narradas, la verdad.

Guillermo del Toro demuestra nuevamente su maestría visual en este cuento de hadas peculiar. Si algo se puede decir sin tener casi ninguna duda de La Forma del Agua, es que es una película de su director. Esto que puede parecer a primera vista una perogrullada, no lo es en absoluto. A lo que me refiero es a que tiene el sello de autor inconfundible de del Toro y además es una película que ya desde sus primeros compases, con esa escena bajo el agua como parte de un sueño, uno identifica como suya, como algo que viene de la mente del director mexicano, y que sólo de allí podría salir. Pese a que indudablemente es una película que requiere de un presupuesto y unos medios relativamente holgados, es una cinta de autor, que tiene un rastro inconfundible que se origina en el director y guionista, y que podemos seguir hasta películas como El Laberinto del Fauno, El Espinazo del Diablo o incluso las dos entregas de Hellboy. Más de uno ha bromeado incluso de que se puede tratar de una precuela de las dos aventuras de cómic dirigidas por del Toro, y algo de razón tienen en ciertos conceptos visuales y argumentales.

Tiene algo de cuento gótico, tenebroso y perverso, pero sigue siendo en el fondo un cuento de hadas de los de antes, que casi recuerda a la Cenicienta en la historia de esa mujer humilde, que trabaja limpiando un lugar de investigación, y que no tiene voz. Con una vida solitaria en la que sueña, aunque apoyada por la gente que la rodea. Y es en su trabajo donde descubre la presencia de un ser que muchos consideran menos que un humano, un monstruo con un enorme parecido con Abe Sapien, que es estudiado por científicos y militares pensando en los avances que pueden conseguir a través de él, algo que también interesa a los rusos. Entre ella y la criatura surgirá una relación de comprensión y empatía, de entendimiento que va más allá de las palabras que ninguno de ellos puede pronunciar, de lo que no pueden expresar más que con sus gestos, sus actos. Una historia de amor, quizá, pero sobre todo una historia de superación, de varios personajes enfrentados a un mundo, el de la Guerra Fría, que no les acoge como debiera, ya sea por sus condición de mujer, por su sexualidad o por el color de su piel. Un grupo de inadaptados que se refleja perfectamente en el mundo actual.

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