Crítica de la película Redención de Antoine Fuqua

Buena propuesta de cine sobre boxeo y bajada a los infiernos defendida con solvencia por su reparto.

Redención llega tarde, quizá demasiado tarde, a nuestra cartelera. Es una película de 2015. Y llega casi como de tapadillo. En silencio. Puede pasar desapercibida pero es una buena película. Una de las mejores sobre boxeo que he visto, servida además por un reparto que con Jake Gyllenhaal, Rachel McAdams y Forest Whitaker está bien servida de talento ante la cámara. Y detrás de la cámara es un trabajo de Antoine Fuqua mucho mejor resuelto y en general más completo e interesante que el empeño descarado de explotación comercial de la “marca” que fue Los siete magníficos. Me atrevo a decir que en la filmografía de Fuqua es la que más se ha acercado al nivel que alcanzó en la que sigue siendo su mejor película, Día de entrenamiento.

Crítica de la película Los siete magníficos

Floja y decepcionante en varios aspectos, es entretenida pero no convence.

La asociación de Antoine Fuqua y Denzel Washington en una película del oeste merecía más. Su visita a la mitología de la icónica Los siete magnificos merecía más. Ye esperaba más de un guión del creador de True Detective, Nic Pizzolatto. El personaje de Chris Pratt merecía más desarrollo del que tiene, no puede ser simplemente un comparsa humorístico de Denzel. El propio Denzel merecía más porque su personaje, aún teniendo todo el apoyo del director, que parece haber devaluado el resto de “magníficos” para reforzar la “magnificencia” de su protagonista, está dibujado con trazos desiguales y como a todo el resto de sus compañeros le falta una escena definitoria que marque al personaje similar a la que tuviera Yul Brynner en la versión de John Sturges en los años 60 en el cementerio, junto a Steve McQueen, lo que podríamos llamar la clave épica. En lugar de esa presentación de clave épica, Fuqua y sus guionistas prefieren darle al personaje una explicación final que además de innecesaria incluye una especie de giro al modo del western europeo con sus historias de venganza que llega demasiado tarde al relato para proporcionarle al personaje una motivación sólida para su conducta, y tampoco ejerce bien el rol de elemento de intriga sobre su pasado, aunque lo pretenda.

El tándem Denzel Washington/Antoine Fuqua nos trae un buen thriller de acción. Un tándem que es más conocido por los espectadores por habernos brindado aquella magnífica película a camino entre el thriller y el policíaco, llamada Training Day, que supuso un Oscar para el actor y que se quedó en la memoria del espectador. Años después, el listón estaba tan alto que no les perdonamos ni una, y por eso The Equalizer, que juega en una liga completamente distinta, no tiene ni las mismas metas ni las mismas bases que Training Day. En este caso sólo busca entretener y, en caso de funcionar en taquilla como lo está haciendo, crear una saga basada en el personaje, heredado de la serie de tv del mismo título.

Para empezar, el guión de aquella era de David Ayer, y eso se nota, y aunque el trabajo de Richard Wenk al adaptar la serie es más que competente, no está al mismo nivel. Un hombre con un misterioso pasado, que intenta pasar desapercibido por el mundo, resulta ser un agente de la CIA retirado que no puede dejar atrás quién fue cuando se decide a ayudar a una joven prostituta en manos de unos mafiosos rusos. Algo que desencadenará una serie de eventos casi impredecibles. Podría decirse que la película es una suerte de origen para el personaje de Robert McCall, aquí interpretado por el siempre magnífico Denzel Washington. El actor se bebe el papel, con sus frases lapidarias, su parquedad de palabras, su determinación y esa mirada que tan bien describe el personaje de Chloë Grace Moretz, una joven que cada vez es mejor actriz.

Ni qué decir que poner de villano a Marton Csokas es otro acierto de la película, que va generando tensión poco a poco, haciendo crecer la trama de forma interesante sobre todo en su primera hora de metraje, pero a la que finalmente le sobran kilos y termina por agotarse durante algunos tramos. Digamos que sus casi dos horas y cuarto de duración terminan teniendo demasiados valles, demasiadas historias innecesarias (el compañero que quiere ser guardia de seguridad, por ejemplo, esa historia debería haber sido muy podada) y apariciones estelares, las de Bill Pullman y Melissa Leo, sin casi ningún peso.

Por eso el resultado finalmente es descompensado. El personaje de Moretz desaparece a mitad de película sin explicación hasta el final de la misma, y no está tan aprovechado como debería. Cuando la investigación avanza, cuando McCall entra en acción (de una u otra forma, no sólo a golpes), recuerda a los mejores papeles de Liam Neeson en el cine reciente de acción y suspense. Pero cuando pretende abarcar demasiado se despista y cansa al espectador hasta que retoma el rumbo. El conjunto final es una película muy satisfactoria, sobre todo en su primera parte, entretenida y potente por momentos (tiene escenas de una fuerza incontestable y Fuqua es un gran director de escenas de acción, grandes y pequeñas), pero a la que terminan sobrándole algunas cosas. Con todo, es perfectamente disfrutable.

Jesús Usero

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