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Crítica de la película El Vicio del Poder

Adam McKay vuelve a satirizar la sociedad americana.

Con un reparto brillante, el director de La Gran Apuesta se mete de lleno en la política americana tras asaltar la economía en su anterior película, también una de las nominadas a diversos premios el año de su estreno. En esta ocasión repiten junto a McKay gente como Christian bale o Steve Carell, el primero como protagonista imprescindible de la película y uno de los grandes favoritos a llevarse el Oscar este año, dando vida a un político republicano como Dick Cheney, quien fuese vicepresidente de George W. Bush, un puesto que podía ser decorativo en manos de otros, pero que en su caso le convirtió en uno de los hombres más poderosos del mundo, que cambió en gran medida la política americana y mundial…

Crítica de la película Exodus: Dioses y reyes

Más sólida y madura que Gladiator aunque también más fría.

Espectacular y muy bien dirigida, esta versión de la trama de Moisés que ya conocemos se enfrenta al reto de encontrar su propia personalidad más allá de todos los estereotipos e imágenes asumidas por un público que además tiene en la cabeza su propia versión de la historia que Ridley Scott pretende contarnos. Entran ademas en juego todo tipo de idealizaciones y prejuicios a favor o en contra de la vertiente mítica o religiosa incorporada al relato. Añadan a todo eso que si usted cree en Dios, o en cualquier equivalente de entidad creadora supranatural seguramente tendrá su propia imagen del mismo, lo cual complica mucho más todo el asunto porque obviamente Scott no puede tirar a estas alturas de la versión pirotécnica que aplicara a este mismo tema Cecil B. de Mille en Los diez mandamientos. No es viable y no puede funcionar, por mucho que todos sigamos recordando aquella versión del tema que vimos siendo niños o muy jóvenes y recordemos al impresionante Charlton Heston abriendo las aguas con su bastón. Esta es otra época, otro público mucho más escéptico y encima adicto a los documentales de recreación histórica de Nacional Geographic. Scott sale de todo este lío connota alta, pero para ello ya tenido que rebajar el tono épico que caracterizada Gladiator y buscar su camino hacia una mayor verosimilitud de la propuesta trabajando sobre actores y equilibrando muy bien los fragmentos épicos de batalla, plagas y prodigios varios con lo que realmente le interesa, que es el reto de creer o no creer, el sacrificio doble del héroe que alejado de su familia adoptiva egipcia, de su esposa y de su hijo, y convertido en líder de un pueblo al que en realidad no conoce para obedecer a un Dios al que no acaba de entender y con el que suele discutir amargamente. Creo que Christian Bale defiende muy bien ese papel incluso en los momentos más delicados por todo lo que he enumerado al principio, otro tanto se puede decir de su antagonista, un Ramses que a ratos se da cierto aire a Russell Crowe y al que Scott humaniza eficazmente a través de sus miedos con una escena que demuestra su notable talento como director, el faraón que intenta combatir la oscuridad encendiendo antorchas en un desesperado intento de proteger a su hijo. Scott maneja bien la elipsis, impone lo visual sobre lo verbal, y a cierta en muchas cosas, por ejemplo imponiendo un protagonismo del paisaje que me ya recordado Lawrence de Arabia, de David Lean. Pero falla en otras. No llega a desarrollar lo suficiente ningún personaje salvo Moisés y Ramses. Desperdicia a Sigourney Weaver. Y en su persecución de la credibilidad renuncia en exceso a lo épico, algo que ya le ocurrió en El reino de los cielos. Esta película es no obstante mejor que aquélla y mejor que Robin Hood. Y una vez más Scott reina en lo visual.

Miguel Juan Payán

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El próximo 5 de diciembre llega a los cines el mejor Ridley Scott con EXODUS: DIOSES Y REYES. Os presentamos el tráiler de esta épica película que cuenta con un reparto de lujo encabezado por Christian Bale como Moisés.

Del aclamado director Ridley Scott (Gladiator, Prometheus) llega EXODUS: DIOSES Y REYES, una aventura épica que narra la historia de un hombre cuyo coraje desafió a un imperio. Mediante los efectos visuales y el 3D más vanguardistas, Scott da nueva vida a la historia del desafiante líder Moisés (Christian Bale) y su rebelión contra el faraón Ramsés (Joel Edgerton), liberando a 600.000 esclavos en una épica huida de Egipto tras un terrorífico ciclo de mortíferas plagas.

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Jesús Usero

Crítica de la película El caballero oscuro, La leyenda renace

Nolan pone el broche de oro a su saga de Batman con una obra maestra del cine. Una película que supera todas las expectativas, que eran extremadamente elevadas tras esa pedazo de película que fue El Caballero Oscuro y que sirvió para redefinir el cine de superhéroes, aquí haciendo el más difícil todavía para cambiar las reglas del juego de los blockbusters. El listón se ha puesto a una altura desmesurada porque Nolan ha demostrado que se puede y se debe hacer un blockbuster cargado de acción, trepidante y épico, pero a la vez lleno de personajes memorables, drama humano y social que se conjuga de forma espectacular, vibrante y emotiva en uno de los mejores cierres que se puede dar a una trilogía jamás visto en una sala de cine.

Olvídense de los Peter Jackson, los James Cameron y similares de rigor. En lugar de apostar por las nuevas tecnologías y vender la vida por epatar visualmente al espectador, sin que haya mucha tela que cortar en el guión, Christopher Nolan siempre ha apostado por hacer de sus guiones y su tradicional forma de contar el cine su mayor baluarte. Hacer historias que realmente interesen al espectador, con personajes que traspasen la pantalla y te lleven a un mundo ficticio pero real, aunque se trate de cómo controlar los sueños de la gente. Aunque se trate de un tipo enmascarado con capa y un coche que parece un tanque. Nolan apuesta por esas historias que se nos quedan dentro, que no nos dan todo mascado y pulido para que no tengamos que pensar. Películas que te apetece repetir a los dos minutos de terminar la proyección. El auténtico revolucionario del cine moderno es Christopher Nolan, y ni señores del Anillo, ni Avatares ni Matrix varios van a cambiar eso.

Crítica de la película Terminator: Salvation

El Mecano fue un célebre juego de construcción de metal que hizo furor entre la chiquillería de varias generaciones (siempre que sus padres tuvieran dinero para pagar el invento) y que hoy se ha convertido en pieza de coleccionista. Y el Mecano es lo que siempre me viene a la memoria cuando veo una película de la saga de Terminator. Volvió a aparecérseme ayer noche cuando estaba viendo el Telemadrid las dos primeras entregas de la serie Las crónicas de Sarah Connor, buscando inspiración sobre cómo plantear esta reflexión respecto al estreno de Terminator: Salvation. Fue así, entre miradas de creciente admiración por la belleza sin par de Lena Headey, como reafirmé mi idea de que la saga es un mecano narrativo que se construye y destruye en cada nueva entrega para volver a reconstruirse en la siguiente. Una idea muy atractiva y una política muy astuta para mantener viva la atención del espectador. La línea cronológica de acontecimientos continuamente alterada, creadora de distintos futuros y pasado, alcanza nueva complejidad y nuevas posibilidades con el argumento de la cuarta película de la saga, girando siempre en torno a una serie de personajes carismáticos sometidos continuamente a un nuevo volver a empezar en la narración del presente, el pasado y el futuro. Y todo gira en torno a Sarah Connor, la gran protagonista incluso cuando, como en el caso de Terminator: Salvation, está más o menos ausente pero sigue imponiendo su presencia imprescindible en el relato en un gesto de coherencia con la continuidad  de la saga que habla mucho y muy bien de la pericia de sus artífices a la hora de armar el relato. Una simple foto, siguiendo la pauta establecida por James Cameron en el desenlace de Terminator, es más que suficiente para mantener a Sarah en el relato. Junto a ella encontramos otros dos personajes cuya presencia y ausencia también han marcado la saga: su hijo John,  presente y al mismo tiempo ausente en la primera entrega –y algo maltratado por los guiones de las dos entregas siguientes-, y el padre igualmente ausente y presente, Kyle Reese. Y Frente a esta familia espaciotemporalmente disfuncional, los distintos modelos de Terminator, enviados para salvar –si quieres vivir, sígueme-, o para matar. Todos estos personajes, que otorgan alguna que otra resonancia religiosa judeocristiana al relato –¿de verdad estamos ya tan lejos de nuestras raíces culturales católicas que no vemos las sombras de Cristo, María y José en todo este asunto?-, nadan en una piscina de líneas temporales cambiantes que hace a cada nueva película y a la propia serie partir casi de cero, el verdadero secreto para mantener la continuidad de la saga sin entrar en contradicciones entre las distintas propuestas argumentales que hasta el momento la integran, porque nada odia más el espectador que la secuela pura y dura, previsible, repetitiva, cansina, y los artífices de la saga de los robots asesinos intentan esquivar a toda costa ese obstáculo huyendo de la secuelitis pura y dura, cosa que nuevamente han conseguido de manera brillante con Terminator: Salvation (hay también series de tebeos dedicadas al asunto, como la colección Terminator contra Robocop, con guión de Frank Miller y dibujos de Walter Simonson, pero esa es ya otra historia).

            En el primer capítulo de Las crónicas de Sarah Connor asistimos ya a un nuevo viaje en el tiempo desde 1997 a 2007 que vuelve a cambiar la línea de acontecimientos: Sarah no murió el 4 de diciembre de 2005 víctima de un cáncer, como planteaba el argumento de Terminator 3: la rebelión de las máquinas, sin duda la más floja de toda la saga. De manera que la serie es como un tren que arranca desde el final de la estación Terminator 2 pero argumentalmente hablando no llega hasta la estación Terminator 3, sino que queda suspendida en un limbo del puzzle espaciotemporal de la saga que quizá tampoco tenga nada que ver con Terminator: Salvation, aunque por el momento encaje con los acontecimientos que en dicha película se narran. Todo vuelve a empezar, no hay nada escrito, y lo que ocurra es imprevisible, o como expone un diálogo entre Sarah y Cameron, el Terminator femenino enviado a proteger a John cuando tiene 15 años

 

            Sarah: Aceptas órdenes de John.

            Cameron: No de éste John.

            Sarah: ¿No son todos el mismo?

            Cameron: Aún no.

 

            Este espíritu de reconstrucción y reinvención continua que otorga vida a la saga y la hace más atractiva, recuerda curiosamente la propia capacidad de los Terminator para reconstruirse y seguir con su misión de exterminio o protección pase lo que pase, y es también una clave esencial para entender Terminator: Salvation, en cuyo trailer escuchamos al John Connor interpretado por Christian Bale decir: “Este no es el futuro del que me habló mi madre”. Algo ha cambiado. Algo siempre cambia en la saga de Terminator, porque, como decía Giuseppe Tomasi, príncipe de Lampedusa en El Gatopardo, su novela sobre tiempos convulsos en Sicilia (brillantemente adaptada al cine por Luchino Visconti): “Hay que cambiar para que todo siga igual”.

            De manera que con Terminator: Salvation el juego del mecano de la saga vuelve a comenzar, en mi opinión de manera bastante competente y con la solvencia que le otorga a este tipo de proyectos el afecto que sus artífices profesan a sus predecesoras. El director McG arma su propio mecano mostrando un inteligente respeto, teñido a ratos incluso de algo muy cercano a la veneración, hacia Terminator y Terminator 2 (más por el primero que por el segundo). De ahí que haya elegido recuperar a Kyle Reese (AntonYelchin), algo que el propio Cameron se planteó en la segunda pero no llegó a incorporar al montaje de la misma, a pesar de que ya había rodado la secuencia onírica de Linda Hamilton con Michael Biehn. De ese modo, hace que el reencuentro del hijo con el padre, tema planteado en Terminator, se convierta en una de las tramas centrales también de Terminator: Salvation, cuya clave esencial radica en que McG refunda en sentido contrario al camino recorrido por James Cameron, y buscando finalmente un punto de encuentro intermedio entre la trilogía clásica y sus nuevas propuestas (de hecho, McG ha elegido el futuro como paisaje dominante de la narración tras un breve prólogo en la actualidad, mientras Cameron eligió el presente como paisaje central dejando el futuro como una serie de flashbacks a modo de reconstrucción mitológica del relato). Dos caminos que van camino de encontrarse y darse la mano, y en el que por lo que se refiere a Terminator: Salvation  destaca también la recuperación de la textura visual de las secuencias de Sarah en el manicomio de Pescadero de Terminator 2 en las secuencias iniciales de Marcus (Sam Wortihington) y la doctora Serena Kogan (Helena Bonham Carter), así como la tensión en las secuencias de acción trepidante, que a su manera rinden también homenaje a los logros visuales alcanzados por Cameron en Terminator 2, al tiempo que supera claramente en esa parcela a Terminator 3, demostrando que todo alarde en las secuencias de acción debe ponerse al servicio de una trama sólida y un buen arco de desarrollo de los personajes, cosa en la que su predecesora andaba notablemente más floja, aún resultando entretenida, por haber caído en la misma trampa en la que se consumieron las dos secuelas de Matrix: fuegos artificiales visuales sin respaldo de un buen guión.

            De manera que con Terminator: Salvation el mecano vuelve a cambiar, nada es lo mismo. Es el mejor homenaje a las palabras finales de Sarah Connor en Terminator 2: el día del juicio, que reflejan el espíritu de renovación constante perseguido por James Cameron para la saga que él inició: “El futuro desconocido rueda hacia nosotros. Por primera vez lo afronto con un sentimiento de esperanza…” 

Miguel Juan Payán

 

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