Crítica de la película Mula 

Clint Eastwood llena la pantalla como un entrañable octogenario cascarrabias y mulero

Acaba de llegar a los cines Mula, película dirigida y protagonizada por Clint Eastwood, quien ha declarado que a pesar de tener 88 años aún no ha colgado las botas y que, cuando lo haga, no avisará de ello, simplemente dejará de aparecer.

Por si acaso, debemos aprovechar esta ocasión para ver en pantalla grande a uno de los actores más carismáticos del séptimo arte y que en esta ocasión nos trae una historia más personal en la que Eastwood interpreta a Earl Stone, un anciano que ha dedicado su vida a cultivar flores mientras dejaba de lado a su familia hasta que la llegada de internet provoca que su negocio acabe quebrando.

Con su ex-mujer (Dianne Wiest) e hija (Alison Eastwood) resentidas por todas sus ausencias en las ocasiones especiales (bodas, bautizos y comuniones, como los restaurantes…) y con su pasión ya desaparecida, su vida toca fondo cuando Stone no tiene dinero para ayudar a su nieta Ginny (Taissa Farmiga) con los costes de su boda. Es en ese momento cuando alguien le ofrece una oportunidad para ganar dinero fácil simplemente por conducir llevando mercancía de un punto a otro.

Videocrítica de la película MULA de Clint Eastwood por Jesús Usero

Crítica de la película Mula

Se esperaba más del regreso de Clint Eastwood delante de las cámaras, pero La Mula cumple. 

NO es ni mucho menos la película más brillante de Eastwood a ningún nivel, pero es cierto que los fans del actor, que son muchos, esperaban que Gran Torino no fuese su última película como actor y director. Es encomiable que con 89 años, el cineasta siga al pie del cañón, y que aquello de que se retiraba como actor era en realidad una broma, tampoco está mal. Pero si esperaban algo a la altura de Gran Torino o Million Dollar Baby, se van a llevar una tremenda decepción. Mula es una buena película, pero está muy lejos de alcanzar el nivel de aquellas dos, por ejemplo, y la culpa puede repartirse entre el guión y el propio director.

Sondra Locke, actriz nominada al Oscar, que fue pareja de Clint Eastwood delante y detrás de las cámaras, además de directora, falleció hace más de un mes debido a una larga enfermedad…

A algunos puede que no os suene el rostro de esta actriz que nos ha dejado a los 74 años, fallecida el pasado 3 de Noviembre, aunque la noticia se ha hecho oficial el 13 de Diciembre. Pero la actriz fue nominada al Oscar y participó en seis películas de mucho éxito con Clint Eastwood, quien también dirigió cuatro de ellas, y con el que convivió durante 14 años.

Tráiler de LA MULA de Clint Eastwood

Nuevo trabajo de Clint Eastwood como director y actor en cuyo reparto podemos encontrar además a Bradley Cooper, Laurence Fishburne, Michael Peña, Dianne Wiest y Andy Garcia

Crítica de la película El Francotirador

Cine con agallas, la mejor película de Eastwood en mucho tiempo.

Por lo menos desde Cartas desde Iwojima, si no antes. Parece que el parón creativo del director le ha sentado de lujo a su cine, y, aunque en septiembre nos llegó el fallido musical Jersey Boys, parece que estaba guardándoselo todo para El Francotirador, una película que ha arrasado en la taquilla americana como pocas lo han hecho en los últimos tiempos (a la hora de escribir estas líneas llevaba más de 307 millones sólo en Norteamérica), y que se ha convertido en la de mayor éxito para su director en toda su filmografía, aunque también ha levantado una enorme polémica entre el público americano que ha acusado, una parte de él al menos, a su protagonista real, Chris Kyle, y a la película poco menos que de asesinos y de fascistas. Creo que alguien ha malinterpretado el tema de la historia y la propia película en sí. No estamos ante la historia de un asesino, estamos ante el descenso a los infiernos de un hombre, ante la crueldad del conflicto armado, sea donde sea, y ante lo que la guerra es capaz de hacerle a cualquier persona, por muy buenas intenciones que ésta tenga.

He de mencionar que, aunque considero a Clint Eastwood un genio, su cine casi nunca termina de gustarme como debería. Tiene películas magistrales que me encantan (Cartas desde Iwojima, Sin Perdón, Mystic River…) pero no soy fan. A veces me parece demasiado blando (Gran Torino, y si tienen dudas, vean la genial Harry Brown, con Michael Caine) y otras no termina de engancharme. Ojo, como espectador subjetivo, como crítico objetivo, repito, me parece un monstruo detrás y delante de las cámaras. Tiene que ver con gustos y no con la calidad de su cine. En El Francotirador me he encontrado con una de esas películas sensacionales que el director nos dedica de cuando en cuando y que se te quedan grabadas dentro, a poco que sepas separar el polvo de la paja y no te quedes sólo en la superficie. Sí, es la historia de un francotirador, el que mayor número de bajas ha causado en la historia del ejército de Estados Unidos, sí, es una película violenta, sangrienta y cruda que nos muestra lo salvaje que es una guerra. Y no, la película no juzga a su protagonista, ni fuerza las cosas. Deja que sucedan y que seamos nosotros quienes juzguemos si Chris Kyle era un héroe, un villano o simplemente un hombre que no sabía cuándo retirarse a tiempo.

Apuesten por la última, por favor. Hay una frase al inicio de la película que demuestra de lo que realmente va la historia, la explicación que el padre de Kyle da a él y su hermano (un hombre recto, pero justo) sobre los tres tipos de personas que hay en el mundo, lobos, ovejas y perros pastores. Y cómo algunos creen que el mal no existe, pero el mal existe y es deber de los perros pastores proteger a las ovejas de los lobos. Esa frase quedará grabada en el personaje y determinará quién va a ser, en quién va a convertirse, a lo largo de los años que vendrán. Sobre todo una vez se incorpore al ejército y demuestre que su verdadero talento (como ya aventuraba su padre) sea el de ser un cazador. Un francotirador. Y sí, la película tiene una estructura de thriller de acción, con escenas que recrean el conflicto en Irak, sin plantearse realmente nunca si era justo o no, si Estados Unidos debía haber invadido el país o no. Simplemente, la película no va de eso. La película analiza lo que ese conflicto deja como secuela en el corazón de un hombre.

Quizá no tenga ninguna posibilidad en los Oscars, sobre todo porque hace de tipo normal y corriente, arrastrado por las circunstancias. Pero qué pedazo de interpretación se marca Bradley Cooper como Chris Kyle. Qué sutil, llena de matices, vigorosa y auténtica. Cómo nos muestra el viaje del personaje, perfectamente orquestado por el guión y un soberbio director, para mostrarnos cómo aquél convencimiento de que está luchando por su país, queda borrado según pasan los años, para perderse y dejar simplemente el sentimiento de proteger a los suyos, al soldado que está a su lado. Salvar más vidas de los suyos. Salvarlos a todos. Algo imposible que será lo que le lleve a perderse y casi perderlo todo. Ojo a Sienna Miller y su interpretación también, injustamente olvidada en los premios y nominaciones. Con la fuerza de un ancla para salvar a su marido. Ambos son el núcleo de la historia y el corazón de una película con mucha tela que cortar y mucha miga. No es postureo lo de El Francotirador. Son agallas de no amilanarse ante el qué dirán. Sus actores también entienden eso. Además de las vibrantes secuencias de acción, Eastwood sabe exprimir a sus actores y dejar que la naturalidad fluya, que la historia nos lleve al punto donde el director quiere dejarnos meditando. Ese final sutil, sencillo y tan irónico que asusta (cuando la vean discutimos sobre esa tremenda ironía del azar, sobrecogedora). Y deja en los créditos finales imágenes de archivo para no ser él quien ponga la nota final, sino la realidad y la opinión que de todo ello se haya creado el espectador. Digan lo que digan, El Francotirador es una película antibelicista, que demuestra en qué se puede convertir un ser humano, y cómo queda por dentro cuando no es capaz de abandonar la trinchera (esa escena frente al televisor, ese momento en el bar…). No, no defiende las acciones de Chris Kyle, pero tampoco las critica. Nos deja elegir. Nos deja pensar en lo devastador que es quitar una vida o cien, incluso para el más justo de los mortales. Lo que hace a las familias. Eastwood, digan lo que digan algunos, sale vencedor y nos presenta una de esas películas que no olvidaremos con facilidad. Cine en estado puro.

Jesús Usero

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Crítica de la película Invictus

Invictus supone un cambio importante en la carrera de Clint Eastwood como director, un nuevo rumbo en mi opinión, comparable al que experimentó en su día con la sorprendente y desconcertante Medianoche en el Jardín del Bien y del Mal. Estamos ante un vuelco estilístico, y, lo que es más destacable, un llamativo cambio argumental. Pero sin duda, lo mejor, es que el nivel de su obra no se ha resentido. Invictus es una película estupenda.

Pero trata sobre el perdón, representado en esa figura icónica en la que se ha convertido Nelson Mandela. Efectivamente, varias de las anteriores y exitosas películas del cineasta trataban sobre la venganza, obras sin duda beneficiadas por las posibilidades que ofrece un tema tan visceral. Pero, no lo neguemos, el perdón vende menos, y ésa puede ser, en mi opinión, la razón por la que la película ha sido recibida por la crítica con menos entusiasmo que otros anteriores trabajos de un cineasta que, toque el tema que toque, lo hace con una maestría indudable. Invictus carece de la energía y de la contundencia de Mystic River o Gran Torino, pero no por ello resulta menos estimable. Es más reposada, más tranquila, casi como la figura del propio Mandela. Y es que la historia que cuenta así lo requería.

Cint Eastwood, republicano recalcitrante, nos muestra alguno de los mayores actos de generosidad que se le conocen a un ser humano, y retrata la imponente figura de alguien que tras casi tres décadas encerrado injustamente en una mínima celda fue capaz de perdonar a todos aquéllos que provocaron su cautiverio. Todos estamos convencidos de que el director no hubiese actuado precisamente así si estuviese estado en la piel de Mandela, pero ni él ni probablemente muchos de nosotros. La figura de Eastwood, puesta en duda ahora que se ha editado en nuestro país una biografía no precisamente amable, se engrandece con semejante retrato, tan generoso, tan veraz y tan edificante para quien por un momento haya dejado de creer en la condición humana.

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Como todo el mundo sabe, Invictus se basa en El Factor Humano, el libro en el que John Carlin recogió las intensas fechas en las que en Sudáfrica se disputaba la Copa del Mundo de Rugby, en 1995, apenas cuatro años después de que Nelson Mandela fuese elegido presidente del país en sus primeras elecciones democráticas bajo un sufragio universal. La película cuenta la disposición de Mandela a ser el presidente de todos sus compatriotas, negros y blancos, a pesar de la segregación racial que éstos habían practicado contra aquéllos, y que provocó el encierro del propio presidente. Se nos muestra que el deporte, contra la opinión de muchos, es un imparable fenómeno de masas capaz de aglutinar a gentes de muy distintas convicciones, y de promover la unidad de un país tan dividido como aquella Sudáfrica de los años 90.

La película se divide entre los pasajes en los que el nuevo mandatario toma posesión, y los que reflejan los intensos partidos que llevaron al país a proclamarse campeón del mundo. En mi opinión son los primeros los que demuestran, una vez más, el buen hacer de Eastwood tras las cámaras, gracias a su excelente ritmo narrativo (que para nada se resiente de la reposada trama que se nos cuenta), mientras que a la hora de filmar esos partidos cae en la reiteración y en los tópicos tantas veces vistos en las películas deportivas (las arengas desatadas, el plano a cámara lenta mientras el balón surca los aires...). Pero a pesar de esa irregularidad, el resultado final es una película preciosa, emotiva, y que cuenta con esa solvencia que presentan todos los biopics que Hollywood produce, aunque en este caso se nos cuente sólo un periodo muy concreto en la vida del protagonista.

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Mención especial merece el gran Morgan Freeman, quien se mete en la piel de Mandela con una sutileza impecable, sin que dejemos de ver al actor que tantas veces nos encandiló, pero detectando al mismo tiempo el temple del hombre al que interpreta, con su exquisita educación, sus gestos de complacencia y su infinito liderazgo. Por su parte, Matt Damon tampoco defrauda, en un papel más asumible como es el del capitán de la selección de rugby.

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Lo que no acierto a comprender es la ausencia de esta película en la terna de nominadas, sobre todo este año en el que el número de aspirantes es de diez. Me cuesta creer que las nominadas que están pendientes de estreno aquí sean mejores que Invictus, aunque tendremos que esperar para comprobarlo. Lo que tengo claro es que Distrito 9, Un Tipo Serio o Malditos Bastardos son estupendas películas, pero inferiores en mi opinión a ésta. Pero es de esperar que Morgan Freeman logre el premio al mejor actor.

Hay historias que deben de ser contadas en una película, y si el responsable de hacerlo es alguien con el talento de Clint Eastwood, mejor que mejor. Eastwood, como Mandela, es el amo de su destino, el dueño de su alma, la que le lleva a filmar como los más recordados clásicos, y es que, para mi, es el último clásico de Hollywood.

 

Santiago Vázquez Gómez

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