Crítica de la película Mi vida con Amanda

Emotivo y accidentalmente muy oportuno viaje de reflexión ante la pérdida.

    “Cuando en el plato hay algo que no te gusta ¿Lo comes al principio o al final?”. Es lo que le pregunta Amanda, la niña de la película, a su tío, encargado de cuidarla, en uno de esos momentos en que, ya para empezar, la película formula la clave argumental del asunto que se nos propones, esto es: los adultos-niños frente a los niños que enseñan a los adultos. O dicho de otro modo, lo que los adultos pueden llegar a aprender de los niños, especialmente si sus vidas no son precisamente organizadas, y necesitan un toque de responsabilidad.

     La infalible asociación niño-adulto suele funcionar bien en el cine casi siempre, el 95 por ciento de las veces. En el peor de los casos resulta en una historia entretenida por ese choque de mundos distintos y porque los viajes de quienes los representan puestos en paralelo da casi siempre buen juego argumental. Pero en este caso el dúo formado por David y Amanda, un adulto aniñado y una niña obligada quizá a crecer demasiado pronto desde la inocencia demoledora de sus siete años, consigue ser además un buen cebo de arranque para plantearnos un puñado de cuestiones interesantes.

Crítica de la película La Estafa (Bad Education)

Buena comedia que explica muy bien claves que conducen a la corrupción.

    Basada en hechos reales, aborda el que se conoce como el mayor robo a escuelas de Estados Unidos. El contexto en el que se produce ese robo es el mundo de la educación, en Estados Unidos. Pero lo que propone vale para la política, pero también es válido para cualquier otro contexto, para cualquier posición o cargo de responsabilidad. En cualquier país, ciudad o pueblo del mundo. Vale para cualquier acto de corrupción, por pequeño que sea.

Crítica de la película Entre la razón y la locura

Mediocre drama de época salvado por un imperioso reparto.

    Una película liderada por Mel Gibson y Sean Penn que tristemente se quedó sin fondos antes de tiempo, al parecer, y que los productores exigieron ver terminada antes que ver completa. Eso obligó a muchas cosas, eso provocó ciertos agujeros en la historia, muchos saltos de fe y la sensación de un producto a medio cocer, a medio hacer, pese a su magistral reparto. Incluso su director y guionista, Farhad Safinia, quien no fue reconocido en los créditos, firmados con el seudónimo P.B. Shemran. Gibson y Safinia querían rodar en Oxford, pero los retrasos y el exceso presupuestario llevó a la productora a obligar a rodar en el Trinity College, le retiraron los derechos de montaje final a Safinia, también su nombre y además comenzaron una batalla legal con Gibson y su productora que se negaban a que ese fuese el producto final que se lanzaba. Ninguno hizo promoción de la película.

Moira ★★★

Mayo 12, 2020

Crítica de la película Moira

Daniel Lovecchio construye una película de ritmos ralentizados, para narrar el salvajismo experimentado durante la dictadura militar en Argentina.

    El miedo a sentirse perseguido, el terror que provocaban los miles de desaparecidos, la angustia de vivir en un país donde la libertad de expresión y la crítica contra el gobierno y los estamentos represores eran causas suficientes para sufrir la tortura y la muerte… Todas estas sensaciones, más un sinfín de pesadillas inenarrables, atenazaron a la mayoría de la población argentina, durante los infernales años de la dictadura del general Videla. Después del tiempo transcurrido, el cineasta y experto teatral Daniel Lovecchio ha querido acercarse a esa época pretérita, que es la suya propia; y la ha ilustrado con una película que discurre lentamente y con paciencia por dos realidades coincidentes en un mismo personaje: un hombre de tristeza permanente, llamado Germán.

Crítica de La Unidad Temporada 1

Acción, intriga, realidad y actualidad se citan en una excelente serie policial.

     La unidad tiene todos los ingredientes necesarios para atrapar al espectador en una montaña rusa de intriga que además se asienta sobre hechos reales siguiendo la pista de los agentes de la policía española que integran la primera línea de la lucha contra el terrorismo yihadista en Europa.

     Es así. Lo dicen los datos y de ello da buena cuenta la frase que encabeza el primer capítulo de esta serie creada por Dani de la Torre y Alberto Marini. Lo que nos proponen es abordar sin complejos y con un ambicioso despliegue de producción que se desarrolla en varios países a la vez, un drama de ficción televisiva que no tiene nada que envidiarle a las propuestas que nos llegan de otros países en el género de intriga policiaca.

Crítica de la película Cartas a Roxanne

Colorista y libre aproximación de Alexis Michalik a la vida de Edmond Rostand, cuando este dio pie a la idea de escribir Cyrano de Bergerac.

     Los mecanismos de la creatividad son caprichosos, y muchas veces llegan sin sentir. Algo así plantea el cineasta novel Alexis Michalik, en esta ópera prima sobre la existencia de uno de los dramaturgos franceses más populares en el país de La Marsellesa, merced a su obra Cyrano de Bergerac.

     La acción arranca en el París del caso Dreyfuss y de los primeros ensayos del cinematógrafo de los hermanos Lumière. Allí, en la Ciudad de la Luz y del arte de vanguardia, el joven Edmond Rostand intenta sacar adelante su carrera como autor de textos teatrales. Sin embargo, su estrella parece apagada, y no hace más que fracasar una y otra vez. Pese a que la actriz Sarah Bernardt es su mentora, la inspiración no hace mella en la imaginación del autor y poeta. No obstante, el encuentro con el dueño de una brasserie –momentos antes de acudir a una cita con el famoso intérprete Constant Coquelin- enciende la luz de las musas en Rostand; al dar por casualidad con la historia de un héroe marcado por la desgracia y el talento, llamado Cyrano de Bergererac. Con solo apuntes de lo que tiene en mente y su facilidad de palabra, Edmond consigue interesar a Coquelin, y empezar a pergeñar lo que posteriormente será Cyrano de Bergerac.

Crítica de la película Dangerous Lies

Ni el reparto ni los giros de guión la salvan de ser un telefilm

     Más que nada porque la trama es de telefilm, los actores muchos son televisivos y no les dejan escapar de ese tipo de interpretación, y porque los giros se ven venir a doscientos kilómetros de distancia, cuando la película todavía está en pañales. Me juego con ustedes veinte euros a que la mayoría son capaces de descubrir el truco y detectar al villano o villana de la función, o villanos o villanas, en cuanto asomen la cabeza. Es cuestión de presentación de personajes y de estilo visual. De tópico de película de sobremesa de algunas cadenas televisivas y de argucias ciertamente… poco interesantes en el desarrollo. De nuevo, vean la película y díganme si no lo vieron venir ustedes también. Todo.

     La película cuenta la historia de una joven pareja, casada y con problemas de dinero (ya pasaremos a ello después). Ella trabaja como camarera mientras él estudia. Una noche tras un atraco, él impide el mismo y su vida cambia cuando ella empieza a trabajar para un anciano con mucho dinero que fallece misteriosamente y deja todo lo que tiene en herencia a la joven. A partir de eso, un juego de engaños, mentiras y traiciones se desarrollará ante nuestros ojos para dejarnos como estábamos… con la sensación de que la película no tiene nada nuevo, absolutamente nada nuevo, que ofrecer. De hecho algunas cosas además las ofrece de una forma muy, muy irregular. Casi sin alma o interés. Especialmente en su tramo final, donde nada encaja.

Crítica de la película Amor. Boda. Azar.

El reparto intenta salvar los muebles de esta comedia ramplona.

     Comedia romántica de hecho, un proyecto y un producto que viene de una película francesa, Plan de Table, que además emplea aquí un guiño o giro que podía haber dado muchísimo más juego, con un elemento de homenaje o broma, ya desde el título, a Al Filo del Mañana, que es conocida también como Live. Die. Repeat, igual que esta nueva película tiene como título original Love Wedding Repeat, porque en un momento determinado juega con esa circunstancia y con ese elemento de repetición. No diremos exactamente cómo, pero sí puedo garantizar que no pasa de la anécdota y que como siempre, se queda simplemente en un guiño, cuando podía haber dado pie a otra nueva película. Una muchísimo más divertida.

     Dos personas que se conocen y conectan, pero que por azares del destino y porque viven a un océano de distancia, no consiguen que esa cita inicial se convierta en algo más. No vuelven a verse hasta que la hermana de él, prepara su boda y se reencuentran. Pero todo lo que puede salir mal, sale mal en esa boda gracias a un curioso cambio de orden en las mesas de la boda… Aunque ¿y si el destino te diese la oportunidad de repetir las cosas hasta encontrar la fórmula correcta? Más o menos ese es el punto de partida de la película, un punto de partida que tarda demasiado en llegar porque la película tarda demasiado en arrancar para una comedia romántica. O para una comedia. Es indiferente.

Crítica de la película Monos

El brasileño Alejandro Landes muestra una gran capacidad narrativa con esta intensa película.

     Un lugar perdido en la selva de un país no identificado, un conflicto armado del que tampoco se dan datos, y un grupo revolucionario que no se sabe muy bien qué es lo que busca ni cuáles son sus demandas específicas. Bajo estos parámetros de misteriosa trascendencia, el cineasta Alejandro Landes monta un cuadro coral contundente y con suficiente fuerza escénica, como para transmitir un conjunto de emociones diversas entre los espectadores.

     La trama arranca con unos adolescentes en actitud marcial, los cuales se machacan en una montaña alejada de cualquier foco de civilización. Allí llega un hombre que les instruye en ejercicios tácticos y entrenamiento militar, al tiempo que les pone al corriente de lo que la supuesta organización en la que se han alistado espera de ellos. Los muchachos son reclutas al servicio de una causa revolucionaria, y –entre otros cometidos- deben mantener en buen estado a una doctora norteamericana que se encuentra secuestrada (a la vez de una vaca a la que tienen que proteger para obtener leche de ella). Lobo, Lady (Leidi), Sueca, Pitufo, Perro, Bum Bum, Pata grande y Rambo son los apodos que estos jóvenes portan en el campamento. Poco a poco, la selva y el aislamiento hacen que estos perdidos protagonistas se enfrenten entre ellos, mientras la violencia del entorno penetra en su psique y determina sus actos de manera irremediable.

Crítica de la película Fuga de Pretoría

Entretenida e ilustrativa, con un magnífico Daniel Radcliffe de protagonista.

   Quizá ese sea el mejor motivo para ver la película, el trabajo de un joven actor que poco a poco se va quitando la etiqueta de Harry Potter haciendo lo más difícil, alejarse de productos excesivamente comerciales e interpretando los papeles que realmente le interesan, aunque eso lleve a películas con estrenos limitados, con pocas miras comerciales o que se estrenan directas en video o streaming, como sucedió hace nada con Guns Akimbo, por ejemplo. Pero a Radcliffe le interesa hacer esos papeles, esas películas, interpretar cosas muy distintas, personajes que no se parecen en nada unos de otros y que le permitan jugar con su imagen, y con la percepción que el público tiene de él y de su trabajo.

   Basada en hechos reales, la película narra la historia de dos jóvenes activistas políticos, dedicados a luchar contra el apartheid en Sudáfrica. Pese a ser blancos, ambos desean un mundo de libertad e igualdad para todos, así que reparten propaganda de una forma peculiar (una que hace intuir otro camino para la película, más cercano a Munich por ejemplo. Por desgracia no es ese tipo de historia) y son condenados a varios años de prisión en Pretoria. Allí planean escapar a toda costa en una lucha contra el tiempo. Así, tras ese arranque, la película pasa por una etapa cercana a El Expreso de Medianoche, pero mucho más liviana, y termina con una suerte de Fuga de Alcatraz pero basada en hechos reales. Esos tres referentes que tiene la película acaban haciéndole más mal que bien, porque nunca está a su altura…