Crítica de la película Encontrarás dragones

Nuevamente nos encontramos con una película ambientada en la guerra Civil española, al menos durante la mayor parte de su metraje, con todo lo que eso conlleva para gran parte del público español que está, reconozcámoslo, un poco hasta el moño de tanta historia de la guerra, normalmente partidista o decantada hacia un bando, nunca imparcial, siempre llena de clichés. No se trata del caso de Encontrarás Dragones en gran parte de su metraje porque aborda un tema poco conocido, que causará polémica sin duda, y que para mucha gente será motivo de curiosidad, enfrentamiento o incluso duda. Encontrarás Dragones habla sobre la vida de Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, figura de la Iglesia Católica canonizada en 2002. Aunque la película no llega a esa fecha.

A través de un largo flashback, la historia de Encontrarás Dragones se centra en los primeros años de la vida de Escrivá hasta su huida al sur de Francia a través de los Pirineos para regresar posteriormente a Burgos. Son los primeros años del Opus Dei, su nacimiento, su creación en tiempos convulsos y sus ideales en un país en guerra. Todo ello a través de la historia que le narra un padre a su hijo escritor, que empieza una biografía sobre el sacerdote y descubre que su padre tuvo una estrecha y peculiar relación con él. Así, viajamos continuamente de la España de 1982 a las dos historias, la del padre y la de Escrivá, durante la infancia y la guerra Civil.

No voy a entrar en polémicas, debe creerme el lector, en torno a la importancia o la crítica posible sobre la figura del Opus Dei y su creador, porque no es el momento y el lugar. Y no trata sobre ello la película. Habla de muchas cosas, sí, pero intenta hacerlo de un modo neutral, sin juzgar ni hacer mayores las heridas que existen y nunca parecen vayan a cerrarse. Si sirve de algo, dejo claro que soy creyente liberal y que creo que debe respetarse a todo el mundo, por lo que no acudí a la película con ganas de hacer sangre de ella vía cuchillo jamonero ni de ensalzarla pobremente sólo porque es una película religiosa. Aquí venimos a charlar de cine, ¿no creen?

Tampoco vamos a hacer mucha mención a las varias (múltiples, claro) discrepancias históricas, que van desde los títulos de crédito, con ese error sobre el gobierno de la república en España, a la fábrica que tenía el padre de Escrivá, que era textil y no de chocolate como cuenta la película. Eso sí, aprovechando el hecho para hacer una metáfora sobre el grano del cacao y las personas. Curiosamente tampoco se llama nunca al protagonista Josemaría Escrivá de Balaguer. Esa última parte se la ahorran. Pero es cine extranjero sobre nosotros, así que hay que comprender que ni entienden ni entenderán muchas de las cosas que se ven y viven aquí. Ellos son así. Se quedan con la España de pandereta, con el flamenco y las peculiaridades hispanas (ese camión de mudanzas de la empresa España Cañí, esa música cansina y repetitiva con guitarras a saco sobre todo cuando viaja al bando republicano, ese cartel del mundial de fútbol del 82…).

Lo que quiero decir es que me esperaba mucho más a nivel cinematográfico de una película dirigida por un nombre de peso como Roland Joffé. Me esperaba más chicha, más fuerza y más convencimiento de la historia que se trae entre manos. Porque el director y guionista no encuentra un punto medio entre el ritmo aplicado a sus tres historias y el peso de cada una de ellas. La historia real, la de Escrivá está contada con estilo, elegancia y sentido del humor (la zapatería, la magnífica escena en el zoo que además humaniza al personaje como ninguna, la escena de las huellas en la nieve…) y tiene una fuerza que las otras dos historias no poseen. La de Manolo, interpretado por Wes Bentley, sobre todo en su arco de la guerra, resulta recargada, excesiva, hasta absurda, como una opereta que tiene momentos que hacen reír sin intención, como el encuentro en la cama entre Olga Kurylenko y Rodrigo Santoro. Peca por exceso, por desgracia, pese a las bien rodadas secuencias de acción bélica donde se nota el dinero. Y la del salto al futuro, con Dougray Scott, descentra, no tiene foco y acaba perdiendo el hilo de su historia, porque regresa a ella a destiempo, con motivos vagos y sin darle un verdadero foco.

Esas lagunas de ritmo y de guión son el gran lastre de una más que competente película de trasfondo bélico y religioso que resulta por momentos muy entretenida, pero que en sus saltos espacio-temporales pierde foco y pierde fuelle. Es un continuo devenir de situaciones y personajes que nunca acaban de cuajar ni siquiera en sus motivos, como con la escena de Manolo en la llegada de Escrivá a Andorra, motivos que nunca se explican del todo, mucho menos los saltos de alegría del grupo al pisar suelo extranjero como si un muro invisible fuese a impedir pasar a las balas… Cualquiera habría seguido corriendo.

Pese a ello la fotografía es magistral y no cabe duda del esfuerzo de sus actores (con Wes Bentley, Charlie Cox como Escrivá de Balaguer y Dougray Scott) por hacer aún más interesantes sus personajes, con especial mención a Derek Jacobi y, cómo no, a Olga Kurylenko, pero desaprovechando personajes y actores como Jordi Mollá, Geraldine Chaplin (que es como el Guadiana) o Ana Torrent.

En conjunto es una interesante película que intenta convertir en un acto épico el nacimiento de una figura importante de la Iglesia moderna, mientras decae en otros aspectos y en el ritmo. No intenta causar polémica, aunque lo hará, y muchos detalles controvertidos los obvia, y lo hace muy bien, pero no es ahí donde falla, sino en las historias que rodean la historia real que son el verdadero problema de una película que podía haber dado muchísimo más de sí.

Jesús Usero

Crítica de la película Sucker Punch de Zack Snyder

Zack Snyder vuelve a la cartelera con uno de los títulos más esperados de la temporada, y no defrauda en absoluto. Sucker Punch es, en mi opinión, una de esas películas que no quieres perderte si de verdad te gusta el cine.  Es un paso adelante en la carrera de su director y cuenta con una historia prodigiosamente desarrollada mediante un guión milimétricamente ajustado para ser capaz de hacernos vivir tres películas en una al mismo tiempo, visitando varios géneros en una compleja estructura dramática. Debería coronarse como reina de la taquilla no sólo por la espectacularidad indiscutible de sus secuencias de acción, sino también por hacer una reflexión de gran madurez sobre cómo han cambiado las claves de las fábulas fantásticas con las que adornamos nuestras vidas y trazar un perfil psicológico de gran interés sobre cómo cada vez más las nuevas tecnologías van difuminando las líneas de separación entre la realidad y la ficción, dando lugar a la creación de paraísos e infiernos artificiales, inmateriales, esquivos, caóticos, hedonistas y autoparódicos con los que nos gusta engañarnos en una fase especialmente infantiloide de nuestra civilización.

Jugando con claves musicales, Snyder se permite además mantener su relato no sólo en un permanente pulso de gran tensión en la ficción dentro de la ficción que viven sus protagonistas, sino que también baraja varios géneros a la vez con manos expertas de cineasta convertido en una especie de tahúr de la fabulación dispuesto a desplegar todas las claves de su talento en lo que es principalmente un homenaje musical al moderno cine de acción y una reescritura de las señas de identidad de la hibridación entre las distintas forma de ocio de nuestro tiempo: videojuegos, cómic, videoclip musical…

Trailer

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Sucker Punch se convierte así en un auténtico puzzle de referencias múltiples y multiculturales que Snyder inicia con una presentación que nos recuerda la secuencia de créditos iniciales de una obra maestra menos apreciada de lo que debiera, Watchmen. A partir de la misma, haciendo gala de gran economía narrativa para situarnos rápidamente y con una serie de secuencias encadenadas en el drama que vive la protagonista, empieza a construir una especie de variante de Moulin Rouge de Baz Luhrman, cambiando los modos y maneras del melodrama que lucía aquella por el cine de acción trepidante. No contento con eso, da otra vuelta de tuerca a su argumento y encuentra hueco para incorporar a esa propuesta una serie de fragmentos que nos hacen pensar también en la doble vida de realidad y ficción en la que existía el personaje encarnado por la cantante Björk en la película de Lars Von Trier Bailando en la oscuridad. Finalmente, y para completar su oferta, rellena la misma con una múltiple colección de guiños y referencias cruzadas que nos permite encontrar momentos propios del cine más clásico, desde la película de ambiente carcelario, con fuga incluida, a los cuentos de hadas del Hollywood clásico: la historia inicialmente podría ser una especie de variante de Alicia en el país de las maravillas, pero en su desenlace nos sitúa en las proximidades de El mago de Oz.

Todo ese puzzle está orquestado en torno a una serie de misiones (cinco, aunque la cuatro primeras son las reveladas y la última es un secreto que el propio público tendrá que desvelar), que permiten a Snyder desarrollar su propia propuesta de análisis de la estética del cómic y el videojuego sin perder en ningún momento de vista lo puramente cinematográfico.

Tan ambicioso en su arco de desarrollo y personajes como se mostró en Watchmen, pero trabajando con material propio, Snyder aplica a sus secuencias de acción una estética que las acerca a las de 300, pero además aplica una forma de narrar visualmente que como se demuestra en esa secuencia de prólogo de la que hablaba antes, manifiesta una gran pericia para manejar con carácter de cine de autor la puesta en escena de un gran espectáculo de explotación comercial.

Todo ello hace de Sucker Punch una grata sorpresa especialmente para el público física o mentalmente más joven, aunque incluso los apasionados del cine más clásico no podrán reprocharle a la película de Snyder que sea confusa, porque muy al contrario es modélicamente diáfana en su planteamiento de realidades paralelas. Además hay mucho cine clásico en los pasillos de su historia.  Podemos tropezar con momentos que son un guiño a Frank Capra mezclados con algunas gotas del cine de gánsters y con otros fragmentos que homenajean el cine de Alfred Hitchcock. De hecho los objetos que las protagonistas tienen que conseguir en sus misiones son un guiño múltiple al concepto de macguffin aplicado por el llamado “mago del suspense”, una genial broma cinéfila que además nos sirve en bandeja una pista para explicarnos qué es realmente Sucker Punch. Además de un musical de acción con ritmos que pasan de lo mejorcito de Jefferson Airplane o Jefferson Starship al rap e ilustran combates que parecen salidos de los cómics de Frank Miller, el autor de 300, esta película es un brillante ejercicio de autoexamen y reflexión que su director hace sobre el cine de acción tal y como se expresa en nuestros días, y sobre el impacto en la estética y la narrativa del medio derivado de la hibridación con otros recursos de ocio. O, dicho de otro modo: un completo manual de cómo operan las películas comerciales y de explotación de la era blockbuster.

No es arriesgado que puede convertirse en un título de culto, aunque, como todas las grandes películas, como los más brillantes ejercicios cinematográficos, no faltará quien la ponga a caldo por incapacidad para advertir sus aciertos y la pertinencia de algunas de sus reflexiones, quizá esperando algo más convencional a la hora de entrar a verla en un cine.

Por cierto, todas la películas deben verse en un cine para disfrutarlas como corresponde, pero aún más ésta, que es de verdad un espectáculo para gozar en pantalla grande.

Miguel Juan Payán

Crítica de la película Destino oculto con Matt Damon

Empiezo aclarando, para que luego el personal más despistado no se despiste y prepare los tomatazos de rigor para un servidor: sí, vale, ésta película se basa en un relato de Phillip K. Dick, y sí, a mí me ha gustado bastante, pero no esperen ver ni Blade Runner, ni Desafío total, ni Minority Report, que esto va de otro palo. Saca a la luz de una manera original y hasta cierto punto novedosa en su hibridación de géneros, lo mejor de las reflexiones paranoicas y de teoría de conspiración de este autor genial y esencial en la literatura estadounidense… moviéndose en los términos y el territorio de las historias románticas.

Sigo aclarando la fórmula, porque puede despistar en su comienzo. Empieza como lo que parece ir a convertirse en una historia centrada en la política, estilo El candidato, aquella de Michael Ritchie protagonizada por Robert Redford.

Luego da un giro y parece que estuviera uno viendo la comedia romántica de rigor, más entretenida, más creíble y mejor escrita que la media de las comedias románticas de rigor que nos caen encima en la cartelera en estos días, construida sobre la química de sus dos actores protagonistas, en una escena en un baño que, aunque el romanticismo de fórmula cinematográfica “made in Hollywood” te de cien patadas, consigue ganarte y hacer que te intereses por cómo van a acabar esos dos pardillos que se ponen a ligar en un retrete, o excusado, si son ustedes de la parte alta y finolis de la ciudad. Es entonces cuando advertí una estructura de cine más clásico de Hollywood, estilo Frank Capra, que no es mi director favorito precisamente pero nunca he sido tan imbécil como para negar que era un maestro en esto de tejer historias de “American Way of Life” y “hombre hecho a sí mismo”, de ésas que tanto les gustan a los estadounidenses y se venden tan bien fuera idealizando esta realidad perra que nos rodea para que nos parezca un cuento de Disney en el que además no han matado a la madre de Bamby.

Viene a continuación un giro inquietante que por unos momentos me hizo temer que me la habían colado doblada otra vez con un pestiño tipo ¿Conoces a Joe Black? (pues no, no le conocía, pero no me iría a tomar dos cañas con él aunque le tocara pagar después de tragarme esa abominación de más de dos horas sólo tolerable a ratos por los ojos de Claire Forlani y con Brad Pitt más empanado que nunca y Anthony Hopkins urgentemente necesitado de convertirse en Hannibal Lecter y regalarse un ración de sesos). ¡Falsa alarma! Afortunadamente Destino oculto no es algo parecido a ¿Conoces a Joe Black?

A partir de ese inquietante momento, la cosa se enfoca finalmente y se orienta más hacia el relato fantástico que hacia la ciencia ficción. Y una vez orientada, funciona muy bien, porque mantiene un curioso equilibrio entre el relato romántico con fundamento y la fábula sobre la teoría de la conspiración que tanto obsesionaba a Dick. Algún listo vendrá diciendo ahora que han copiado el argumento de Matrix, así, con un par, y estará olvidando que lo que ocurre es que los Wachowski saquearon a modo, con cierto talento para el pastiche y la mezcla en la primera entrega (de las otras dos, mejor no hablar) la narrativa de Phillip K. Dick. Siendo Destino oculto la adaptación de una de las obras de este autor, lógico es que se detecten puntos en común entre ambas.

Pero la oferta de Destino oculto va por otro camino.  En mi opinión su aportación  principal reside en su habilidad para trabajar la mezcla de géneros sin traicionar el interés inicial que suscita en el espectador. La historia sigue teniendo el vínculo romántico de los dos pardillos del retrete como epicentro,  y seguimos interesados  por lo que les pueda ocurrir. Pero cuando parece que va a estancarse en eso, da un giro que hace crecer no sólo la trama, sino los propios personajes. Y eso caminando por el filo de la navaja, al borde de un abismo que en cualquier momento podría haber sumergido toda la historia en las pantanosas aguas de bodrios infumables y “moñoños” (calificativo favorito de mi colega y sin embargo amigo Usero), como Xanadú o Tal para cual, esas dos atrocidades que machacaron la carrera cinematográfica de Olivia Newton-John, una de mis musas del paso de la infancia a la adolescencia, dicho sea de paso… Estaba totalmente encoñado con ella cuando me empecé a quitar de encima los granos, no me importa reconocerlo. Vayan al Youtube, escriban The Rumor Olivia Newton John y ya me dirán si la chica no estaba para tirarse por un barranco, o lo que toque, y con una voz para escucharla, aunque ciertamente las letras de las canciones fueran muy moñas.

Destino oculto se aparta de ese insondable abismo de moñez en el que se precipitaron Xanadú y Tal para cual y vuela más alto en su peripecia romántica precisamente cuando incorpora a la misma la trama de conspiración paranoide de clave fantástica. Conste que un servidor el romanticismo lo aguanta sólo si está muy bien hecho, si lo cantan Olivia Newton-John, Carly Simon (en mi opinión el tema Nobody Does it Better en La espía que me amó es el mejor de toda la saga de 007), Basia con su basianova, o Phil Collins, pero éste sólo si es cantando el tema Against All Odds (Take a look at me now) en los títulos de crédito de la película Contra todo riesgo y está allí Rachel Ward. A pesar de eso Destino oculto me parece una buena opción para ver cine romántico con fundamento, sin moñadas, y creíble… Y con creíble quiero decir que, como en ese tema de Phil Collins, comprendamos que, como el protagonista, estamos dispuestos a hacer todo lo que sea preciso saltándonos los planes del temible Equipo de Ajuste de Phillip K. Dick (o incluso pillando una hipoteca asesina, doy fé de ello después de 20 años de matrimonio) simplemente para que ella se vuelva a mirarnos cuando damos con la Mujer, así, con mayúscula, como decía Sherlock Holmes hablando de Irene Adler, la única fémina que le puso el mundo del revés y las hormonas a bailar la conga.

¡A ver si al final resulta que Frank Capra llevaba razón…!

¡Vaya! Ahora para quitarme toda esta tiña romántica que se me ha quedado pegada tendré que ver otra vez Grupo salvaje como penitencia… y de paso impedir por todos los medios que mi mujer lea esta crítica para que no me suba los impuestos conyugales.

Miguel Juan Payán

Crítica de la película Los próximos tres días 

Es más que interesante encontrarse una película como Los Próximos Tres Días por varios motivos. Primero porque siempre merece la pena encontrarse cine adulto, tanto en su contenido como en sus protagonistas y desarrollo, servido de la mano de un muy buen guionista como Paul Haggis. segundo porque así podemos comprobar si el cine dedicado al público más maduro sigue de capa caída, salvo éxitos puntuales, o logra remontar de alguna forma el vuelo.

Porque la verdad sea dicha, cada vez menos cintas consiguen interesar a la audiencia mayor de 35 años, que es a quien en principio van destinadas estas películas, convirtiendo en fiascos o éxitos menores, en el mejor de los casos, películas como Wall Street 2, Más Allá de la Vida, La Sombra del Poder (también con Crowe, por cierto) y otras tantas. De hecho en los últimos meses solamente The Town puede considerarse un éxito rotundo en este aspecto. La Red Social podría encontrarse dentro de los éxitos. Pero la temática y la calificación por edades de la misma ayudaron bastante en USA.

Incluso con la llegada de los premios, que suelen levantar la taquilla de estos títulos, ya no es lo que era y comienza a dejar algo que desear. El año pasado The Hurt Locker, la flamante ganadora del Oscar, se las vio y se las deseó para alcanzar los 10 millones de recaudación, mientras que este año sólo Origen ha sido ha conseguido una recaudación de lujo entre las nominadas a los Globos de Oro. The Black Swan y The Fighter andan en menos de 50 millones por cabeza, mientras El Discurso del Rey se conforma con la mitad de eso. Son cifras que van a mejorar, obviamente, en cuanto cualquiera de ellas arrample con un par de galardones importantes. Pero de ahí a asomarse a la recaudación de películas como Origen o incluso La Red Social, va un abismo. Un abismo de muchos millones de dólares que provoca que cada vez se produzca menos cine para el mercado adulto y que cuando se produce los presupuestos se reduzcan para reducir riesgos. Es decir, un marrón.

Así ocurre que películas como Los Próximos Tres Días se convierten en productos que el público general termina por ignorar, sea por falta de interés o de premios. Y no, no es que se merezca ningún premio, pero es una buena película de suspense, sólida y bien escrita, que consigue entretenernos sin ninguna complicación durante sus dos horas de metraje. Bien pensado quizá sí que se merezca un premio...

Si alguien no conoce la trama de la película esta gira en torno a un matrimonio que parece perfecto, pero vive una tragedia cuando la esposa es arrestada y condenada por asesinato. Tras tres años de lucha en vano, su marido, la única persona que cree en la inocencia de ella, tomará una decisión radical intentando acabar con la situación de su esposa. Una decisión que puede terminar con su matrimonio o consigo mismo.

Y es en esa creencia casi religiosa en la inocencia de su esposa en donde radica el verdadero interés de la película. Por encima del suspense, el drama de ese hombre, su obsesión sin límites por la inocencia de su esposa, que le lleva a cometer él mismo diversos crímenes en su intento por liberar a su esposa. A perderse y quizá perder lo que más ama. La solvencia del guión de Paul Haggis se demuestra en el tiempo que tarda en presentarnos a los personajes, sobre todo al protagonista, con paciencia, sin prisa. Haciendo comprensible motivaciones, sentimientos... Pero más aún, no juzgando las acciones del protagonista. Permitiendo entenderle y decidir si queremos creer que lo que hace es una estupidez o algo coherente a lo que le lleva la desesperación.

Haggis sabe aprovechar la puesta en escena para ayudar en su narración al relato, permitiendo que ciertas escenas.ni siquiera necesiten de diálogo, como por ejemplo la sobrecogedora secuencia entre Russell Crowe y Elizabeth Banks en la prisión cuando le va a dar la noticia de que la apelación ha sido rechazada. Ojo al juego de planos, a la importancia de lo que está fuera plano y aparece y a los actores. Y sin una sola línea de diálogo.

Claro que todo ello sería imposible sin un reparto a la altura. Por un lado tenemos a un brillante Russell Crowe capaz de mostrar todo lo que lleva el personaje dentro, desde la determinación a la obsesión pasando por el patetismo, con una simple mirada. Aunque la película peca de dejar todo el peso de la misma en el actor, convirtiendo otras geniales apariciones casi en cameos de lujo, como Liam Neeson, una intermitente Olivia Wilde (en el personaje peor escrito de la película y más tópico, pero del que ella saca petróleo) y un magnífico Brian Dennehy, por poner algunos ejemplos.

Además la trama goza de un excelente ritmo in crescendo que se va elevando poco a poco hasta llegar al último tercio de película, la fuga en sí, convertida aquí en una trepidante y emocionante persecución que, si bien se alarga demasiado, deja un excelente sabor de boca. No así la última secuencia de los policías, una bajada de pantalones en toda regla en lo que parece la necesidad de Paul Haggis por limpiar su conciencia y la del espectador, justificando sin necesidad a su personaje central. No hacía falta, para nada.

Suele sucederle a este hombre que a veces tiene ciertas lagunas de guión de peso, que dejamos pasar porque el hombre se aplica en lo que realmente importa. Los personajes. Y aquí consigue lo que pretende, una buena pieza de suspense perfectamente conducida aunque con ciertos problemas en algunos aspectos que la alejan de la perfección, algo que nunca fue su intención. Una película entretenida y adulta, convincente y que deja un buen sabor de boca. Es una pena que en USA la hayan ignorado y sería una pena ignorarla aquí. Aunque sólo sea por Crowe y Haggis merece la pena hincarle el diente.

Jesús Usero

Crítica de la película La red social

Cuando La Red Social empezó a tomar forma como película las cosas pintaban más que bien. Un película de David Fincher siempre es apetecible. Pero si además viene guionizada por Aaron Sorkin, creador de series como El Ala Oeste o Studio 60, y películas como Algunos Hombres Buenos, bueno, la mezcla parecía perfecta a priori. Pero ya sabemos cómo son estas cosas y cómo es Hollywood. Por una parte pensábamos que era un caballo ganador. Por otra teníamos miedo de que estos dos genios no llevasen a buen puerto un proyecto en principio tan interesante como este.

Gracias a Dios los miedos desaparecen durante los cinco primeros minutos de proyección.

La mezcla funciona como un reloj y la película apunta desde un principio maneras de gran cine. Y no se pierde por el camino. Mejora.

La historia de Facebook, de su creador (o creadores, según se mire), no es fácil de encarar. Puede parecer interesante desde lejos, curiosa, entretenida con todos los problemas legales que Mark Zuckerberg, el principal responsable del invento, pero podía muy fácilmente haberse convertido en una tv movie de esas que echan los fines de semana a la hora de la siesta. Basada en hechos reales y esas monsergas. Vamos, que podría haberles salido un tostón de padre y muy señor mío. Y no lo hace en ningún momento.

No lo hace porque Fincher le tiene tomado el pulso narrativo a la película desde el minuto uno. Porque los diálogos de Sorkin, como de costumbre, son balas disparadas en todas las direcciones a velocidades de vértigo (ver la película en versión original es un reto hasta con los subtítulos de marras) y porque los actores, todos ellos, están a un nivel de aúpa, con todos los premios que el lector desee incluidos.

Disfrazada entre los mimbres de una historia de lucha de poder y ambición, yace una historia sobre la soledad, la amistad y la traición con la que cualquiera puede sentirse identificado, aunque no posea los 4000 millones de dólares que Zuckerberg posee. Una historia compleja y fuerte, a la vez que refleja el patetismo de un hombre, quizá el nuevo Bill Gates, que no sabe cómo ser aceptado por los demás, no porque sea un friqui, sino porque no sabe tratar a la gente si no es al ritmo que él desea.

Prueba de ello es que la película narra desde un flashback el nacimiento de Facebook. Más que un flashback, dos en realidad, las dos reuniones entre partes enfrentadas en demandas millonarias, Zuckerberg contra el mundo o el mundo contra él. Tanto da. Fincher aprovecha esas escenas en el presente para mostrarnos a un personaje orgulloso y soberbio, brillante, inteligente, único, perfectamente interpretado por Jesse Eisenberg.

No es el único. Andrew Garfield, el nuevo Spiderman, está impresionante, perfecto, lo mismo que Justin Timberlake, como el fundador de Napster, o Max Minghella, otro rostro joven muy a tener en cuenta. El reparto está de órdagp en todas y cada una de las escenas de la película lo que la hace más creíble y más real. Sobre todo cuando se realizan diálogos sobre informática de esos que sólo los verdaderos expertos en el tema consiguen comprender. Si cuando los actores hablan de eso no te lo crees, poco hay por hacer con el resto.

La Red Social habla de un sueño y de cómo se levantó de la nada, pero también de las cosas que quedaron por el camino, lo que perdimos. Si la oferta o promesa que el personaje de Timberlake hace a Zuckerberg en el club realmente tiene sentido o no. Si un sueño merece la pena tantas cosas perdidas por el camino. Y la principal meta del protagonista, ser aceptado, no se consigue. Es la persona con más amigos del mundo, y a la vez la más solitaria.

Gran parte del interés de la película recae en la pericia visual de David Fincher, quien logra mantener el ritmo en la historia como si se tratara de un thriller trepidante, lleno de giros bien planteados e inventiva visual. Como ejemplo valga esa magnífica escena en la regata, donde logra imprimir de una fuerza a las imágenes que nos hace pensar que nosotros mismos vamos remando con los equipos. O la magnífica manera de plantear los pensamientos del protagonista, ya sea en imágenes o a través de voz en off.

Y, por supuesto, el guión de Sorkin, junto al de Inception probablemente dos de los mejores guiones del año. Sobrio y comedido, sutil cuando ha de serlo y directo cuando lo requiere. Con frases que definen a los personajes como si leyesen su alma. Como cuando un personaje le dice a un Zuckerberg que se queda solo “No eres gilipollas, simplemente te esfuerzas enormemente para que todos piensen que lo eres”.

Esa frase define toda la película con una precisión que ya quisieran para sí otros supuestos genios de la escritura.

Aunque no termina de ser perfecta la película, lo cual le añade aún más encanto. Los personajes femeninos están desaprovechados en el mejor de los casos, eso cuando no son simples bocetos de personajes y no personas reales. Lo mismo sucede con el exceso de charla técnica, que para quiénes no entiendan de informática les dejará algo perdidos en algunos momentos de la película.

Son un par de pequeños detalles que hacen pensar que podría haber sido incluso mejor. Más redonda. Sin restarle méritos al trabajo final que vemos en pantalla, que resulta soberbio. De lo mejor del año.

Ni siquiera deberíamos plantearnos si La Red Social es fiel a lo que sucedió en realidad o es más ficción. La película no pretende eso. Es una historia de sueños, genios, venganzas, pasiones, amistades rotas, soledad y éxito rodada con exquisitez e interpretada maravillosamente. Es la historia de una generación, una cultura y una sociedad que nos ha tocado vivir. No es una historia de buenos y malos, sólo una historia de personas, hay reside su brillantez. No os la perdáis.

Y, nos vemos en el Facebook…

Jesús Usero

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Reportaje: Machete

Tras estrenar Predators como productor, Robert Rodríguez vuelve ahora como director con Machete, basada en uno de los tráilers falsos que aparecían en Grindhouse, con Danny Trejo como protagonista, acompañado por Robert De Niro, Michelle Rodríguez, Jessica Alba, Jeff Fahey, Cheech Marin, Don Johnson, Lindsay Lohan… y Steven Seagal en un memorable papel de villano ¡mexicano! Mucha acción, violencia y sentido del humor para animar la cartelera.

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Rodrigo Cortés nos traslada a una nueva dimensión del terror con Enterrado, una película de intriga y tensión creciente concebida al estilo de las obras maestras de Alfred Hitchcock con la que espera conseguir que “la gente abandone el cine lanzándose inmediatamente al exterior para respirar profundamente aire fresco y recordar que están vivos, y para eso tenía que hacer una película muy física, muy tangible, muy real…”. En opinión de quien esto escribe, lo ha conseguido totalmente.

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El tiempo de espera ha terminado. Llevamos varios meses hablando de las nuevas series que, principalmente por parte de las networks, van a ser estrenadas este otoño. Como siempre hay de todo y para todos, pero sólo unas pocas sobrevivirán hasta llegar a tener una segunda temporada. De hecho, más de una no llegará a Navidades, como sucede cada año. Las apuestas de productores y cadenas son variadas y, en algunos casos, originales. ¿Revisamos algunas de ellas?

Reportaje: Las nuevas temporadas
Llega el nuevo curso televisivo y nuestras series favoritas regresan como cada septiembre para empezar las clases. Un nuevo año en el que tendrán que superar el examen de una audiencia cada vez más exigente y unos rivales cada vez más fuertes, sin contar las nuevas series que llegan y que quieren arrasar con las que ya estaban. No lo tienen nada fácil, pero sus millones de seguidores las apoyan. De momento.

FICHAS ACTORES TV:
Miley Cyrus, Paul Michael Glaser, Ben McKenzie, Marla Sokoloff

FICHA SERIES DE TV: NCIS

COLECCIONABLE HISTORIA DEL CINE
Capítulo LXIX
Año 2000. El nuevo siglo
?Llegamos con esta entrega al final del coleccionable sobre historia del cine que hemos venido publicando mensualmente en la revista ACCIÓN. Como escritor del mismo, me marqué dos objetivos esenciales cuando Héctor Alonso, actual director de esta publicación y coautor de este proyecto en toda el área gráfica, me propuso zambullirnos en este recorrido por la historia del séptimo arte. El primero de ellos era el mismo que me anima a ponerme a golpear teclas y escribir sobre cualquier asunto: aprender y descubrir. Debo decir que he aprendido mucho y he descubierto muchas cosas nuevas, en ocasiones con la ayuda de los propios lectores, trabajando en este recorrido histórico por el tema que nos apasiona a todos los que leemos y escribimos ACCIÓN. Lo primero que aprendí fue que la historia del cine es un paisaje muy vasto, interminable, algo así como un diamante con múltiples facetas ante cuya contemplación es imposible no llegar a la conclusión de que cuanto más vemos y sabemos de él, más nos queda por descubrir.

SECCIONES FIJAS

16 FICHAS CRÍTICAS
Adele y el misterio de la momia, Bright star, Conocerás al hombre de tus sueños , El americano, El aprendiz de brujo, Enterrado, Gru. Mi villano favorito, Hincame el diente, Lope, Los mercenarios (The expendables), Phillip Morris ¡te quiero!:, Predators, Resident evil: Ultratumba, Salt, The Runaways, Todo sobre mi desmadre

4 FICHAS CLÁSICAS
Carmen (1926), El Monumento (1970), High Sierra (1940), Miss Annie Rooney (1942)

4 FICHAS SERIE B
2000 Maníacos (1964), Maniac Cop (1988), Plan 9 From Outer Space (1959), Teenage Doll (1957)

FICHA CLÁSICO: Patricia Neal

PELÍCULA MÍTICA: Wall Street (1987)

OTRAS SECCIONES
Noticias, Correo del lector, Mundo fantástico, Novedades Novedades DVD

2 POSTERS GIGANTES
Machete y Enterrado


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Crítica de la película Resident Evil: Ultratumba

La principal conclusión que he sacado tras salir del pase de prensa de Resident Evil: ultratumba es que los responsables de la saga tienen que currarse más los guiones, y si bien es una entrega muy entretenida, con el aderezo circunstancial del 3D, me ha dejado un tanto insatisfecho con sus resultados.

Como fanático seguidor de la saga que espera ansiosamente cada nueva entrega para pasar un buen rato viendo a Alice repartiendo cera, yo estaba dispuesto a empezar este comentario provocando al personal y soltando la exageración de que Milla Jovovich es la Lauren Bacall del cine de acción actual, pero la verdad es que he salido algo chafado de la proyección.

Paso a explicarme: no nos cuentan nada. Cada vez se lo curran menos a la hora de desarrollar personajes e historias, lo cual que a este paso si queremos tener un mejor tratamiento narrativo de la saga en su versión cinematográfica vamos a tener que tirar de los videojuegos, los libros o los tebeos, porque está claro que en el cine, al menos en esta entrega, sólo nos disparan imágenes impactantes, piruetas imposibles (y precisamente por ello poco verosímiles, esto es, de las que son capaces de sacarnos de la película) y un amontonamiento paulatino de escenas de acción sin demasiado ritmo, orden o concierto.

Se diría que, entontecidos con el juguete del 3D y las posibilidades visuales que permite (aunque no necesariamente interesados en ampliar las mismas o sus posibilidades narrativas jugando con la profundidad de campo o similar, insistiendo no obstante en disparar objetos varios contra el espectador de manera, eso sí, muy lograda), los artífices de la película han perdido interés por desarrollar los personajes que la habitan.

Prueba de ello es la facilidad con la que prescinden de los mismos. No voy a revelar aquí spoilers innecesariamente, pero cuando vean la película reparen en cómo se quitan a los personajes de encima como si fueran despojos narrativos, sin llegar a desarrollar mínimamente sus posibilidades, algo así como parte del decorado, poco más que las sillas, mesas, ordenadores y paredes dispuestos para recibir balas y permitir mayor lucimiento de las acrobacias de Milla y en menor medida de Ali Larter. A Sergio Peris Mencheta apenas le dejan presentarse, decir soy fulanito, y poco más. Y lo mismo se aplica al resto de los nuevos personajes, incluyendo a Wenworth Miller, que para ser la incorporación destacada de esta entrega en el papel de  Chris Redfield, hace poco más que apretar el gatillo (si obviamos el guiño a modo de eco de Prison Break de su presentación… suponiendo que sea un guiño… igual ante el páramo de propuesta argumental andaba yo a la caza y captura de algo mínimamente curioso, porque los chistes de revancha contra los productores a costa del personaje de Kim Coates o la bobadita de que aparezca una campeona de natación en el instituto justo cuando hace falta poner se a bucear se me quedaban cortas como propuesta humorística).

Ya digo que no me he aburrido. En absoluto. Es una entrega entretenida, con algunos momentos que recuerdan lo mejor de episodios anteriores. Pero por ejemplo al principio esperaba más del ataque de los clones (espero que Lucas no me denuncie por utilizar el término, igual lo tiene registrado como todo lo demás). Es espectacular, pero el amontonamiento de acción llega a abrumar y hasta despertó fantasmas en forma de ecos de Ultravioleta, otra de la Jovovich, notablemente más aburrida que ésta, o de lo más cansino de las secuelas de Matrix. Ya digo que el rollito destroyer funciona, pero la saturación de la maquinaria continua de demolición, disparos, machetazos, patadas y piruetas con cables pasa factura si no hay algo detrás desde el punto de vista de arco dramático y desarrollo de personajes que la sustente. Además, es un tanto reiterativa en algunos momentos.

Tampoco me ha convencido esa especie de innecesario, cansino y totalmente caduco tributo u homenaje a la saga de Matrix, con el villano de turno convertido en una especie de agente Smith inflado con esteroides “made in Umbrella” mezclados con el imprevisible Virus T. En ocasiones anteriores los villanos de la saga eran más elaborados e interesantes. Aquí, por aquello del ritmo,  incluso anticipan demasiado el enfrentamiento con el supermonstruito de turno (el pavo del hacha), que está bien, pero merecía más protagonismo y haberlo reservado para el final, en lugar del “hombre Martini” armado como si fuera un reportero del programa “Caiga quien caiga”.

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El desaprovechamiento del tipo del hacha afecta también a los otros elementos nuevos aportados a la saga en esta entrega, desde los zombis tuneladores hasta los dóberman tuneados, e incluso se hace notar en lo poco que aparecen los zombis, cuya contribución al total del metraje se queda ciertamente por debajo de las entregas anteriores. Y Resident Evil es sobre todo una saga de muertos vivientes, no lo olvidemos.

Por último tenemos un final que más que abierto o hijo del cliffhanger televisivo es más bien dejar la película inconclusa.

Resumiendo, que no progresan en la mitología de lo que podríamos denominar el Universo Umbrella o la saga de Resident Evil, aunque es entretenida y ciertamente el tiempo pasa volando viendo a Milla y Ali  repartir cera limonera a diestro y siniestro, aunque se repitan un poco y nos dejen con la sensación de que no nos han contado nada.

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Por otra parte, con esta entrega, y armándose con el 3D, el camino de la mutación del videojuego al cine se completa, en detrimento del cine, me temo, y consigue la hibridación total: estamos ante una película-videojuego, con la pega de que, al contrario que en un videojuego convencional, no podemos jugar porque el mando lo tiene en exclusiva el director.

Así que como peripecia de acción trepidante está bastante completita de escenas espectaculares, pero a estas alturas, en la cuarta entrega, incluso los más incondicionales seguidores de la saga queremos que bien abran nuevos caminos, o simplemente se lo curren más para desarrollarnos la línea narrativa, porque lo de la acción trepidante y visualmente impactante ya se le supone a toda película de Resident Evil.

Conste no obstante que digo todo esto pero, como frikiadicto al asunto y apuntando maneras para masoca, la msima tarde del día del estreno iré a verla otra vez con mi hija y otra gente, porque es un rato entretenida, aunque contar, lo que es contar, no cuente casi nada.

Y pensar que al principio, con los paraguas (umbrella) y la lluvia en la calle japonesa parecía que iba a ser otra cosa…

Miguel Juan Payán

Crítica de la película Origen (Inception) de Christopher Nolan

Origen (por motivos del propio argumento me cuesta no llamarla por su nombre real, Inception), es sin duda la joya de la cartelera del verano. Una lección de cine total y envolvente que reinventa los códigos del relato de intriga y supera cualquier otra película de acción que hayamos visto este año. Origen es original, inteligente y sorprendente, y demuestra que Christopher Nolan es un cineasta imprescindible en estos tiempos en los cuales tantos de sus colegas se limitan a prodigarse en la repetición, la falta de originalidad y el exceso visual sin contenido.

Nolan no. Nolan sabe lo que hace. Es un maestro, como demostró con El caballero oscuro, y ésta película es una nueva prueba de ello. Habrá algunos desnortados y desnutridos de ideas propias que dejándose guiar cual rebaño de borregos por sus “guías espirituales” de la caverna “progre” e intelectualoide caigan en la misma trampa en la que ya cayeron a la hora de juzgar El caballero oscuro, y no viendo más allá de sus narices, se despisten y obvien todo el gran cine que lleva dentro esta maravilla de película  simplemente porque es una producción norteamericana.

Crítica de la película El equipo A

Nunca fui seguidor de la serie El equipo A pero creo que todos los que se confiesan incondicionales de la misma sabrán reconocer como una de sus principales virtudes el sentido del humor, que incluso devoraba a los momentos de acción, siempre tan criticados porque allí se disparaba mucho y no se mataba nada ni a nadie. El personal no seguía El Equipo A esperando ver una variante televisiva de Acorralado, Rambo, La presa de Walter Hill o las de Desaparecido en combate de Chuck Norris,  que más o menos por esas mismas fechas hacían furor en los cines. Lo que esperaban (esperábamos, que yo también la veía de vez en cuando, sobre todo la primera temporada y algunos capítulos de la última, cuando modificaron el guión y les metieron a currar en operaciones especiales) era ver la siguiente pirada de pinza de Murdock, el piloto loco, o cómo conseguirían meter a M.A. Baracus en el avión, o de qué manera Hannibal trazaría un plan de esos que siempre le gustaba que salieran bien, ayudado por el caradura de Fénix.

Quienes criticaban que allí se mataba poco deberían haber tenido en cuenta que sobre todo el asunto era una comedia de acción para toda la familia, y si dudaban bastaba con echarle un vistazo a la presentación, que no engañaba a nadie. En la misma aparecía George Peppard encarnando a Hannibal con su puro en la boca ¡y disfrazado de primo de Godzilla, como si de Mortadelo se tratara! ¡Y qué me dicen del guiño con Dirk Benedict, alias Fénix, a quien le pasaban por delante de las narices a un cylon de Galáctica, la serie que protagonizó interpretando al teniente Starbuck! ¡Y Dwight Schultz, alias Murdock, vestido de novia!

No cabía llamarse a engaño: todo aquello era coña limonera, cachondeo puro y duro moderado por las limitaciones de censura del medio televisivo en aquel momento, pero tan gamberro como era posible dadas tales circunstancias.

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Lo que han hecho en la película de El equipo A es respetar ese espíritu de cachondeo y juerga y conseguir la que no dudo en calificar como una de las películas más entretenidas del verano. Ahora sólo cabe esperar que nadie se llame a engaño y se meta en la sala esperando ver una de Ingmar Bergman o Michelangelo Antonioni, y luego salga todo indignado del cine porque esta película tiene la osadía de ser nada menos que un vehículo de entretenimiento, en lugar de internarse en las más profundas y procelosas incógnitas del alma humana para revelarnos el verdadero sentido de la vida. Sería bastante absurdo, porque además como todo buen cinéfilo amigo de divertirse en el cine sabe, el verdadero sentido de la vida no está en los paseos sadomasocas por la angustia, sino en comedias como El guateque de Blake Edwards, cualquiera de los Hermanos Marx o la propia El sentido de la vida, de los Monty Phyton, por mucho que se empeñen en lo contrario los de la caverna intelectualoide.

Así pues, aclarando, que es gerundio: El equipo A, la película, es una comedia de acción con los mismos mimbres de aquella serie que tanta gente veía y algunos veíamos a ratos en la tele hace años, pero actualizada con argumento y personajes más cercanos a nuestros tiempos (Vietnam se ha convertido en Irak y la CIA y el ejército privado de  Blackwater son las nuevas amenazas). Es la hermana mayor de la serie de televisión, concebida argumentalmente en clave de precuela, y comparte con aquella la característica esencial que le proporcionó el éxito: la capacidad de sus protagonistas para meterse al espectador en el bolsillo consiguiendo que ya desde el principio estemos dispuestos a seguirles allá a donde vayan, hagan lo que hagan, por absurdo que parezca, y sin poner pegas o  montar una pataleta pretenciosa de tontosopas adicto a escucharse a sí mismo y subirse al púlpito pidiéndole peras al olmo. Habrá alguno que  exija aquí una tesina sobre el existencialismo o  un opúsculo sobre Jung versus Freud, pero si quieren profundizar en los recovecos de la naturaleza humana yo les recomendaría que mejor se abran un libro y hasta les paso el título de uno de bolsillo facilito y muy propicio para que se inicien en el asunto (que por algunas sandeces que escuché el otro día en la rueda de prensa de esta película a algunos tampoco les va a venir nada mal): Concepciones de la naturaleza humana. Una introducción histórica, de Roger Trigg, Alianza Editorial. ¡Hala, ahí tienen a Platón, Aristóteles, Santo Tomás de Aquino, Hobbes, Locke, Hume, Kant, Darwin, Marx, Nietzsche, Freud… y hasta Wittgenstein!

¡No me digan que no les mola mazo, como diría Camilo Sexto!

Aquí en El equipo A, como afirma la publicidad, no hay plan B, sólo nos proponen un rato de trepidante cachondeo y aventuras francamente poco creíbles, aunque no nos importa. Tenemos a Hannibal Smith, personaje que queda reforzado por Liam Neeson, como ocurre con el Fénix de Bradley Cooper, aunque lo de Sharlto Copley con Murdock frente a Dwight Schultz lo vamos a dejar en un empate técnico (con cierta ventaja para el segundo), y en lo referido a Baracus, ahí sí que gana la versión televisiva de Mr. T.

Señores, no nos pasemos de listos que luego hablamos de más y acabamos haciendo el ridículo. ¿Qué esperaban cuando les dijeron que iban a ver un largometraje de El equipo A? ¿Una reedición de Persona de Bergman? ¿El desierto rojo de Antonioni? ¿Una reedición anotada de las obras completas de Kierkegaard con prólogo de Unamuno? Es que, francamente, manda narices lo que tiene uno que oír y leer a veces.

Cada vez somos más bobos pretendiendo ser más listos.

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El equipo A no engaña. No pretende ser lo que no es. Al contrario, es justo lo que se proponía: un rato de evasión con unas cuantas escenas espectaculares y un tonillo de optimismo juerguista en su argumento general. Vamos lo que viene siendo una especie de refresco en plan “tinto de verano” que se desenvuelve como un entretenimiento bastante digno. Siempre que uno tenga claro lo que va a ver, no aburre y merece estar entre lo más divertido que  vamos a ver en el cine este verano. Y su coherencia es tal que no cabe sino considerarla película muy conseguida en su género.

Insisto: en su género, en su liga, entre las que sacan lo mejor del concepto del blockbuster, como estreno veraniego, para pasar el rato con colegas y parientes… Ustedes ya me entienden.

Pero vamos, que si alguien quiere que se lo diga con música puede recordar la sintonía de la serie de televisión.

He escrito divertido porque me lo pasé como un crío viéndola, y porque me apuntaría sin dudar a otro viaje con estos cuatro pájaros.

Ahora bien, si alguien después de ver el tráiler y leer esto sigue pensando que le engañan porque no es un sesudo testimonio de la angustia humana o similar, le recomiendo que se lo haga mirar.

En mi opinión da lo que promete y a mí me merece la pena gastarme la pasta para echar de vez en cuando un rato entretenido en el cine sin comerme el coco, algo que lamentablemente no suele ocurrirme con todas las películas de acción que se vienen estrenando. Más bien al contrario. Por eso ésta, sin embargo, me dejó bastante satisfecho.

Más claro el agua.

Un aviso final: no se pierdan lo que viene detrás de los créditos aunque en el cine les enciendan las luces, porque es ahí donde están los cameos.

Y no digo más, que luego todo se sabe, aunque como despedida cariñosa a los aficionados a subirse al púlpito y pedirle peras al olmo, ahí les dejo una frase de Séneca: “A los que corren en un laberinto, su misma velocidad los confunde”.

Miguel Juan Payán

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Noche y día ★★

Julio 15, 2010

Crítica de la película Noche y día

Sanfermines y patios andaluces. Así podría haber titulado este comentario de la locura de verano que protagonizan Tom Cruise y Cameron Díaz con el título de Noche y día. El astro de Hollywood vuelve a vérselas con la acción en una película donde la geografía española queda empaquetada en un “todo en uno”, o “todo a la vez”, en plan puzzle con las piezas cambiadas de sitio, como ya le ocurriera cuando mezcló fallas valencianas y Semana Santa sevillana en Misión imposible II, pero eso no es sino una anécdota en el esquema de esta colección de secuencias de acción levemente adornado como relato romántico que funciona como una especie de sucesión de trailers trufados de momentos espectaculares.

He escrito a propósito “locura de verano” porque creo que este término define muy bien un tipo de cine de acción cocinado específicamente para estas fechas de evasión y descanso que en el calendario vienen marcadas como vacaciones y en las que el tiempo libre cobra un protagonismo muy especial sobre todo entre el público infantil y juvenil.

Siguiendo la tradición de películas como Tras el corazón verde, La joya del Nilo, Señor y señora Smith o Seis días y siete noches, lo que propone Noche y día es simple cine de evasión, sin complicaciones, ni siquiera en su argumento. Los artífices de la película han citado como influencia referentes más “ilustres”, por decirlo así, como Charada o Arabesco, clásicos del cine de espías (mejor la primera que la segundas), pero están más cerca de estas otras propuestas más sencillas. Algo de su argumento puede hacernos pensar también, salvando todas las distancias que ustedes quieran, en una especie de eco lejano a modo de versión resumida y acelerada de Con la muerte en los talones, pero con Díaz en el papel de Cary Grant.

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En  todas las películas citadas la clave son los actores más que la acción, y más concretamente la química que sean capaces de desarrollar entre sí los integrantes de la pareja protagonista. Eso se da también en Noche y día. Cruise y Díaz tienen buena química, no cabe dudarlo, mejor por ejemplo de la que se daba entre Harrison Ford y Anne Heche en Seis días y siete noches o la que se estableció entre Gregory Peck y la reina mora Sofía Loren en Arabesco, pero les falta algo para llegar a alcanzar las cotas de complicidad que se daba entre Michael Douglas y Kathleen Turner en Tras el corazón verde, y andan más distanciados de lo conseguido por el dúo absolutamente mágico que formaron Cary Grant y Audrey Hepburn en Charada.

Quizá no se trata tanto de la química de los dos actores, como de la manera en que ésta es explotada por el guión y el diálogo, que no acaban de sacar el mejor partido posible de sus dos protagonistas. En todo caso, hay que decir que, también a consecuencia del guión, Cameron Díaz tiene un papel que le permite desenvolverse de manera más completa que Cruise, más atado al tópico y que por ello realiza un encomiable esfuerzo por darle un aire algo enloquecido y bromista a su personaje, luchando contra un guión que comete el error de no explotar convenientemente esa faceta más gamberra del mismo. Algo más de caos y locura le habría sentado bien a este espía, que no obstante Cruise intenta implementar a través de su interpretación con algunos toques que le alejen siquiera un  poco de sus antecedentes en la saga Misión imposible, si bien persisten en la película algunos elementos visuales cogidos sobre todo de la tercera entrega de la misma, dirigida por J.J. Abrams (un ejemplo: la toma que muestra la pelea dentro del avión a través de las ventanillas del mismo nos trae ecos de numerosos planos similares en la serie Alias, creada por ese mismo director, guionista y productor, lo cual, dicho sea de paso, nos da una idea de por dónde pueden ir los tiros en la próxima entrega de Misión Imposible que Cruise prepara para 2011 con Abrams).

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Desde el punto de vista del argumento estamos ante una variante de la típica fábula de féminas solteras y profesionalmente competentes que buscan la pareja perfecta atacadas por el síndrome del reloj biológico y convencidas de que se les pasa el arroz,  y por ello comparte muchas características con las comedias románticas que responden a esa misma fórmula. Esa clave es la que quizá ha llevado a hacer convivir secuencias de acción más habituales en el cine para público masculino con un planteamiento de comedia romántica no del todo desarrollado que atiende más al público femenino (la escena con los padres que referencia al espía como “buen chico” es muy reveladora en ese sentido). Quizá por eso se desaprovecha la introducción de algo más de humor gamberro, y aunque Cruise conserva el protagonismo en las secuencias de acción pierde fuerza como personaje (algo que queda demostrado claramente en el momento en que desaparece de la trama dejando paso a un fragmento de protagonismo en solitario de Díaz).

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En este sentido es interesante recordar que algunos miembros del equipo creativo de la película hacían hincapié en cierto nivel de inspiración sobre la misma ejercido por las películas protagonizadas por Jean-Paul Belmondo en los años 60 y 70, entre las cuales yo destacaría El hombre de río, una farsa de espionaje y aventuras co-protagonizada por la hermana mayor de Catherine Deneuve, Françoise Dorléac, donde queda claro cómo y por qué al personaje de Cruise le habría sentado muy bien una dosis mayor de chulería y gamberrismo sano y algo más de farsa del tópico del espía cinematográfico, si bien queda en la película el guiño genial del actor saliendo del agua al estilo de Ursula Andress en 007 contra el doctor No o Halle Berry en Muere otro día

Es entretenida, pero creo que no explota todas su posibilidades, incluso desde el punto de vista de las claves del blockbuster veraniego.

Miguel Juan Payán

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