La muy esperada secuela de Al filo del Mañana protagonizada por Tom Cruise y Emily Blunt se pone finalmente en marcha.

Llevamos mucho esperando una secuela de Al filo del Mañana, la película de ciencia ficción y acción dirigida por Doug Limany con Tom Cruise y Emily Blunt de protagonistas, que cuenta la historia de una invasión a la Tierra por una peculiar raza alienígena y cómo tras una batalla sangrienta, el personaje de Cruise se ve atrapado en un bucle temporal que le obliga a repetir el mismo día una y otra vez buscando una salida para él y para la humanidad. Concebida por Liman como una película romántica, la historia se ganó el beneplácito de la crítica pero no arrasó en taquilla, con 380 millones recaudados en todo el mundo y un presupuesto de 178 millones de dólares.

Un nuevo informe, confirmado por el actor, guionista y director en redes sociales, confirma que Krasinski y Blunt vuelven para la secuela como director y actriz.

Tras su brutal éxito este pasado 2018 de Un Lugar Tranquilo, era evidente que la secuela llegaría e incluso su principal responsable, John Krasinski, habló de la misma en varias ocasiones, dando a entender hacia dónde podría ir la historia si hubiese secuela. El proyecto estaba confirmado y Krasinski iba a escribir la secuela, pero no se sabía si sería nuevamente su director y si Emily Blunt también volvería, reuniendo al matrimonio nuevamente en un proyecto.

Crítica de la película El regreso de Mary Poppins

Rob Marshall recupera la magia visual de la mítica Mary Poppins, con una puesta en escena plagada de referencias a la clásica película que protagonizó Julie Andrews en 1964.

Dentro de la campaña de Disney por actualizar sus títulos más celebrados, El regreso de Mary Poppins es quizá una de las obras más logradas; y eso que no se trata de un remake, sino de una historia que continúa la cinta precedente dirigida por Robert Stevenson.

El gigante audiovisual y multimedia se centra en las aventuras de la niñera inmortal ideada por Pamela Lyndon Travers, y con ella monta un espectáculo que derrocha colorido e imaginación; el cual juega de manera inteligente la baza de la nostalgia activa, hacia el filme que interpretó Julie Andrews hace cincuenta y cuatro años.

Crítica de la película Sicario

Una de las mejores del año. El director de Prisioneros vuelve a dar en el blanco.

Denis Villeneuve tiene pillado el punto perfectamente al cine de género y cómo convertirlo en un ejercicio pleno de autoría sometiéndolo a sus propios intereses y sin perder por ello ni un ápice de su gancho comercial. Sicario vuelve a demostrar que Villeneuve un director al que hay que tener en cuenta entre los narradores más interesantes del cine de nuestros días, algo que ya había quedado bastante claro con sus anteriores trabajos, todos ellos recomendables: Incendies, Enemy, Prisioneros. Tres títulos para apuntar entre las mejores propuestas que nos han llegado desde la pantalla grande en los últimos tiempos, a los que ahora hay que añadir sin duda a Sicario.

Villeneuve arranca Sicario con una escena dantesca, un descenso al infierno de la protagonista,  y casi sin dejarnos tiempo para acomodarnos a la trama, estamos junto a ella metidos hasta el fondo en una operación poco clara de unas oscuras autoridades estadounidenses para imponer la venganza contra un cartel mejicano de la droga en la que están implicados varios servicios de seguridad a ambos lados de la frontera de Estados Unidos con Méjico, y de Méjico con Estados Unidos, porque como no podía ser de otro modo, tratándose de Vileneuve, esquiva el maniqueísmo sobre el tema que aborda abriendo hueco en su relato, de manera sutil y sin subrayarlo en exceso, con una serie de secuencias en la vida de un policía mejicano normal y corriente, al que nos desvela astutamente desde la mirada de su hijo, que sólo ve a su padre en un entorno cotidiano, aunque luego el padre tenga un papel en la parte final del drama policial, que de ese modo se filtra en la vida de esa familia, imponiéndose como desenlace de la historia esa influencia letal en la vida cotidiana de la gente de Méjico de la lucha contra la droga emprendida desde el otro lado de la frontera y de los enfrentamientos entre los distintos carteles de narcotraficantes mejicanos. Eso le permite a Villeneuve tratar su historia policial como una película bélica que se cobra un peaje cotidiano en las vidas de la gente común, manteniendo algo que se repite en todas sus películas. Sin importar el género que aborde, en el cine de este director lo cotidiano y lo intimista se impone siempre a los tópicos y fórmulas de dicho género para convertirse en algo más personal e íntimo a la hora de comunicarse con el espectador.

El tratamiento que hace Villeneuve del personaje interpretado por Emily Blunt en esta película es buen ejemplo de esto. La agente Kate Macer que interpreta Blunt en Sicario es una variante más del viaje de iniciación y cambio que afrontan todos los personajes del director, aunque quizá el personaje con el que se relaciona más estrechamente por las propias características de la historia es el detective Loki interpretado por Jake Gyllenhaal en Prisioneros. Como éste, ella también se ve enfrentada a otro personaje que está igualmente en evolución y cuyo recorrido va a terminar por revelarle como un monstruo. En Prisioneros era el personaje interpretado por Hugh Jackman mientras que en esta ocasión se trata del personaje al que da vida Benicio Del Toro. La revelación del rostro del mal sobre la máscara de la venganza o la justicia se cumple en ambos casos plenamente imponiendo las aristas más inquietantes derivadas de la fragilidad de nuestros principios en el momento en que son sometidos a circunstancias de tensión. Villeneuve se interesa por esa eclosión del monstruo desde nuestro interior y siempre pone al espectador en una ambigua relación de simpatía/rechazo por esos personajes, convirtiendo a su protagonista, Loki o Kate, y por extensión al propio espectador, en testigos hipnotizados, seducidos y al mismo tiempo hipnotizados por el surgimiento del monstruo. Nos encontramos como espectadores sometidos a esa tensión entre la simpatía y la antipatía por los personajes de Jackman y Del Toro. De manera que al final del relato estamos tan vapuleados emocional y éticamente como los propios testigos/protagonistas frente al monstruo, con el que, en contra de nuestros escrúpulos morales, seguimos simpatizando de algún modo retorcido y siniestro.

Para añadir más interés a todo ese juego que sitúa la claves de protagonismo y antagonismo a un nuevo nivel mucho más interesante del que suele utilizarse en las aplicaciones más tópicas y pegadas a la fórmula de los géneros, Villeneuve aborda la narración de la compleja trama de Sicario desde una estructura de mirada coral que nos llega desde distintos personajes. Es una constante temática del director tanto como una preocupación narrativa recurrente en sus películas que acaba por imponerse también en la caligrafía visual de las mismas.  De ese modo Sicario puede tener algunos puntos de contacto con las novelas sobre la guerra contra las drogas escritas por Don Winslow, El poder del perro y las demás. Y naturalmente nos recuerda también algunos planteamientos de la película Traffic (2000), de Steven Soderbergh y de la miniserie Traffic (2004), derivada de la misma. Pero Villeneuve impone su propia firma a todo el relato, trabajando desde unos planteamientos de tensión y vulnerabilidad en las relaciones y conflictos que unen a los tres personajes principales, interpretados por Emily Blunt, Benicio Del Toro y Josh Brolin, sobre una estructura argumental más alejada de esos puntos de contacto desde la temática más obvios para permitirnos pensar en el personaje de Blunt y en la propia película como variantes del personaje de Jodie Foster en El silencio de los corderos (1991), de Jonathan Demme.  

Por otra parte el interés de Villeneuve por tratar de manera cercana e intimista y costumbrista las peripecias de sus personajes no le impide imponerse con solvencia y eficacia en las secuencias de acción, como demuestra el paso de la frontera en ambos sentidos y el ataque en el atasco, que me han recordado el excelente pulso que imprimiera Michael Mann a la secuencia de atraco de la que para mí sigue siendo su mejor película, Heat (1995).

Hay otra cosa que me ha llamado la atención en lo referido a cómo mostrar o no mostrar la violencia, aspecto en el que Villeneuve es muy cuidadoso y trabaja bien la dosificación para dejar al espectador un papel de co-autor de la parte más inquietante de sus películas y que también aparece en Sicario. El director tiene muy claro lo que quiere mostrar y lo que no quiere mostrar en su película, es decir, aquello que prefiere que el espectador imagine. Esto es algo que también destacaba especialmente en Prisioneros. Por ejemplo, al contrario de lo que hiciera Kathryn Bigelow en La noche más oscura, elige hacer elipsis sobre la tortura del confidente, que deja abierta a la imaginación del público con elegancia materializando el comienzo de la misma con el botellón de agua que arrastra Del Toro hasta la sala de interrogatorio y su ominosa frase: “Ahorita vas a ver lo que es como ver a Dios en tierra yanqui”.

Sicario consigue mantenernos en tensión desde ese primer asalto inicial hasta sus último plano, como en tensión están esas familias mejicanas que llevan a sus hijos a jugar al fútbol en una zona en guerra, rodeados por la violencia. Y es que una vez más se demuestra que el cine de Villeneuve es un cine que nos habla de las distintas manera en que vemos y nos inventamos la realidad, sumergiéndonos de lleno en las tramas que viven sus personajes, como nos zambullimos, en primera persona, en ese viaje por el laberinto de los túneles que comunican Estados Unidos y Méjico en la parte final de la película.

Miguel Juan Payán

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Crítica de la película Al filo del mañana

De lo mejor que ha protagonizado Tom Cruise en ciencia ficción, aunque patine en el final.

Mejor que La guerra de los mundos y que Oblivion y casi tan buena como Minority Report, esta nueva propuesta de ciencia ficción protagonizada por Tom Cruise está también entre lo mejor en cine de ciencia ficción que hemos visto en el último par de años. Por ejemplo es mejor que Elysium, y más entretenida.

Su primer acierto es hacer una buena mezcla de géneros. Empieza como película bélica en toda regla, con Tom Cruise en un papel que recuerda al de Cliff Robertson en Comando en el Mar de China (Robert Aldrich, 1970), pero luego consigue salirse del camino más trillado del género jugando con su clave argumental de repetición del mismo día para elaborar una clásica trama de entrenamiento y misión suicida sin caer en redundancias o lugares comunes. Dicho sea de paso, Tom Cruise saca el máximo partido a la parte inicial más cínica de su personajes, reticente a acudir al frente y que humaniza al héroe de la historia por el camino del antihéroe. Además sabe cómo construir la evolución de este héroe a la fuerza hasta su fase final como soldado dispuesto a sacrificarse. Es un abordaje del heroísmo ciertamente interesante que propone mucha reflexión sobre la manera en la que se fabrican los héroes y los líderes.

A countinuación podéis ver trailer, clips de vídeo y entrevistas con el reparto de Destino Oculto que se estrena el próximo 4 de marzo.

¿Somos realmente responsables de nuestras vidas o las decisiones ya están tomadas de antemano? ¿Controlamos nuestro destino o lo manipulan fuerzas invisibles? Matt Damon interpreta a un hombre que descubre el futuro que la vida le tiene reservado y decide que quiere otra cosa. Para conseguirlo, deberá ir tras las huellas de Elise, la única mujer a la que ha amado, y enfrentarse a los Agentes del Destino, un misterioso grupo de hombres que controlan sus vidas.

George Nolfi es el director y autor del guión de esta película, basada en el relato “Equipo de ajuste”, de Philip K. Dick.

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