Dejen los prejuicios a un lado, pasen y échense unas risas. Esa es la única forma de acercarse a ver la película, del mismo modo que era la única forma de ver Bad Teacher, de la que Sex Tape hereda director y pareja protagonista. Hacerlo de otro modo o pretendiendo que es lo que no es, es injusto tanto para la película como para los espectadores. Ni siquiera los responsables de la misma pretenden nada más que hacernos pasar un rato agradable, con varias carcajadas que nos permitan desconectar de los problemas cotidianos y con una historia cuya idea de inducir miedo sobre las nuevas tecnologías no es más que un pretexto para hacer reír con una pareja realmente… peculiar en todos los sentidos.

Un matrimonio que lleva junto desde la universidad, empieza a ver cómo la pasión desaparece de sus vidas. Casi no tienen tiempo ni ganas de tener sexo, entre el trabajo, los niños, las reuniones sociales y todo lo que acarrea la vida adulta (más que el peligro de internet, el auténtico dilema de la película, como la vida familiar puede ir erosionando la pasión en una pareja hasta llevarlos al aburrimiento) les impiden tener tiempo para ellos mismos. Pero un día que van a tener una noche de pasión, deciden grabar un vídeo de sus actividades sexuales. Por error, el video acaba subido a la nube y en varias tablets… lo que obliga a la pareja a una carrera contrarreloj en una noche loca para recuperar el vídeo e impedir que lo vea todo el mundo.

La película quiere tirar por el camino de lo gamberro y lo políticamente incorrecto (de ahí quizá el número de planos de los traseros desnudos de los protagonistas), pero donde realmente funciona y mucho es en los momentos de comedia física o surrealista, donde Segel y Diaz, los dos protagonistas, se sienten a sus anchas junto a actores como Rob Corddry o Rob Lowe. La visita a la casa de éste último es uno de los mejores ejemplos, entre lo que vive Diaz con su nuevo y muy peculiar jefe (y el humor con el que Lowe se toma el tema de las drogas) y Segel contra el perro guardián de la casa (puro desmadre, con esos cuadros de Lowe que uno nunca olvida… y toda la coña respecto a Disney).

El resultado es una comedia simpática, muy divertida por momentos, con mucho tono socarrón, que no va a revolucionar el género, pero que tiene muchos chistes y gags realmente efectivos, aunque al final se le vaya demasiado la pinza (ojo al asalto a los servidores… sin sentido y sin complejos). Son poco más de 90 minutos de risas garantizadas, sobre todo si uno va en grupo junto a los amigos, dispuesto a desconectar y pasarlo bien. La película es honesta en sus pretensiones, no engaña a nadie y no va de lo que no es. Si alguien quizá buscaba una de Jarmusch es que se ha equivocado de sala, y mucho. El resto, sabe perfectamente dónde se ha metido. Y si no, ya me contarán qué les parecen los cuadros de Lowe…

Jesús Usero

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