Crítica de la película 14 días, 12 noches

Jean-Phillippe Duval elabora una película emocionante y contenida, donde los paisajes se funden con el drama que cuenta el guion.

      A veces, los silencios son tan importantes como los mejores diálogos. La capacidad para llenar los vacíos sonoros con respiraciones profundas, miradas perdidas, y gestos ralentizados es una técnica arriesgada, que no está al alcance de muchos directores. El miedo a perder el interés de los espectadores suele llevar a los cineastas a preferir las palabras, antes que la mudez ocasional de los personajes. Esto no le ocurre a Jean-Phillippe Duval, quien  opta por el mimetismo de sus dos protagonistas, para enfatizar el carácter íntimo y reservado de 14 días, 12 noches.