El actor que ha dado vida a Thanos en Marvel, especialmente en Infinity War y Endgame, ha visto Joker y tiene muchas cosas conmovedoras que decir de la película.

Muchas veces somos los aficionados los que nos movemos a lanzar campañas o guerras entre compañías, montando clubes excluyentes en los que, si eres simpatizante del otro club, ni se te ocurra intentar entrar. Pero entre la gente de la propia industria las cosas funcionan de una forma distinta. Por ejemplo para Josh Brolin, quien ha visto Joker y no sólo le ha encantado, sino que ha aprovechado para hablar a fondo de la película y de la importancia de su mensaje, aunque algunos crean algo distinto. Brolin, nuestro querido Thanos, ha aprovechado su cuenta de Instagram hace unas horas, para hablar de sus pensamientos sobre la película, y parece que no podía haberle gustado más.

Ambos actores han aprovechado las redes sociales para mostrar videos del desierto de Jordania, donde se rueda Dune.

Ya lo avisó Denis Villeneuve en su momento, cuando le preguntaron por el rodaje de Dune y dijo que evitarían en la medida de lo posible los sets dentro de estudios de rodaje y aprovecharían siempre que fuese posible las localizaciones reales que mejor se adaptasen a la película. El rodaje de la película ya ha comenzado y Josh Brolin y Timothee Chalamet han compartido sendos videos en sus redes sociales, mostrando que lo que decía Villeneuve era cierto.

Brolin y Dinklage unen fuerzas para protagonizar la película que podría recordar a Los Gemelos Golpean 2 veces

Juntar a dos actores del talento descomunal de Josh Brolin y Peter Dinklageparece sinónimo de éxito, y así parecen pensarlo en Legendary quienes se han hecho con el guión de Brothers de Etan Cohen (No confundir con Ethan Coen) que han adquirido tras una puja entre productoras y que además, según anuncia The Hollywood Reporter, protagonizarán ambos actores. Descrita como una comedia disparatada de enredos entre dos hermanos que no podrían ser más distintos, la trama recuerda en cierta medida a Los Gemelos Golpean Dos Veces, sin duda, y la disparidad entre ambos actores también.

La superproducción de ciencia ficción Dune, que dirigirá Denis Villeneuve, incluye entre su magnífico reparto a Josh Brolin como última incorporación para la película.

Puede ser, muy sencillamente, que Dune, el enorme proyecto de ciencia ficción de planea dirigir Denis Villeneuve, se esté convirtiendo en una de esas películas cuyo reparto nos deja maravillados. No importa que sea Dune o cualquier otra historia, apetece ver a este reparto maravilloso en la gran pantalla… Timothee Chalamet, Oscar Isaac, Zendaya, Javier Bardem, Stellan Skarsgard, Rebecca Ferguson, Dave Bautista y Charlotte Rampling son por ahora los nombres confirmados en la película de Villeneuve, quien ha mostrado su talento enorme para la ciencia ficción en Blade Runner 2049 y La Llegada.

Crítica de la película Sicario

Una de las mejores del año. El director de Prisioneros vuelve a dar en el blanco.

Denis Villeneuve tiene pillado el punto perfectamente al cine de género y cómo convertirlo en un ejercicio pleno de autoría sometiéndolo a sus propios intereses y sin perder por ello ni un ápice de su gancho comercial. Sicario vuelve a demostrar que Villeneuve un director al que hay que tener en cuenta entre los narradores más interesantes del cine de nuestros días, algo que ya había quedado bastante claro con sus anteriores trabajos, todos ellos recomendables: Incendies, Enemy, Prisioneros. Tres títulos para apuntar entre las mejores propuestas que nos han llegado desde la pantalla grande en los últimos tiempos, a los que ahora hay que añadir sin duda a Sicario.

Villeneuve arranca Sicario con una escena dantesca, un descenso al infierno de la protagonista,  y casi sin dejarnos tiempo para acomodarnos a la trama, estamos junto a ella metidos hasta el fondo en una operación poco clara de unas oscuras autoridades estadounidenses para imponer la venganza contra un cartel mejicano de la droga en la que están implicados varios servicios de seguridad a ambos lados de la frontera de Estados Unidos con Méjico, y de Méjico con Estados Unidos, porque como no podía ser de otro modo, tratándose de Vileneuve, esquiva el maniqueísmo sobre el tema que aborda abriendo hueco en su relato, de manera sutil y sin subrayarlo en exceso, con una serie de secuencias en la vida de un policía mejicano normal y corriente, al que nos desvela astutamente desde la mirada de su hijo, que sólo ve a su padre en un entorno cotidiano, aunque luego el padre tenga un papel en la parte final del drama policial, que de ese modo se filtra en la vida de esa familia, imponiéndose como desenlace de la historia esa influencia letal en la vida cotidiana de la gente de Méjico de la lucha contra la droga emprendida desde el otro lado de la frontera y de los enfrentamientos entre los distintos carteles de narcotraficantes mejicanos. Eso le permite a Villeneuve tratar su historia policial como una película bélica que se cobra un peaje cotidiano en las vidas de la gente común, manteniendo algo que se repite en todas sus películas. Sin importar el género que aborde, en el cine de este director lo cotidiano y lo intimista se impone siempre a los tópicos y fórmulas de dicho género para convertirse en algo más personal e íntimo a la hora de comunicarse con el espectador.

El tratamiento que hace Villeneuve del personaje interpretado por Emily Blunt en esta película es buen ejemplo de esto. La agente Kate Macer que interpreta Blunt en Sicario es una variante más del viaje de iniciación y cambio que afrontan todos los personajes del director, aunque quizá el personaje con el que se relaciona más estrechamente por las propias características de la historia es el detective Loki interpretado por Jake Gyllenhaal en Prisioneros. Como éste, ella también se ve enfrentada a otro personaje que está igualmente en evolución y cuyo recorrido va a terminar por revelarle como un monstruo. En Prisioneros era el personaje interpretado por Hugh Jackman mientras que en esta ocasión se trata del personaje al que da vida Benicio Del Toro. La revelación del rostro del mal sobre la máscara de la venganza o la justicia se cumple en ambos casos plenamente imponiendo las aristas más inquietantes derivadas de la fragilidad de nuestros principios en el momento en que son sometidos a circunstancias de tensión. Villeneuve se interesa por esa eclosión del monstruo desde nuestro interior y siempre pone al espectador en una ambigua relación de simpatía/rechazo por esos personajes, convirtiendo a su protagonista, Loki o Kate, y por extensión al propio espectador, en testigos hipnotizados, seducidos y al mismo tiempo hipnotizados por el surgimiento del monstruo. Nos encontramos como espectadores sometidos a esa tensión entre la simpatía y la antipatía por los personajes de Jackman y Del Toro. De manera que al final del relato estamos tan vapuleados emocional y éticamente como los propios testigos/protagonistas frente al monstruo, con el que, en contra de nuestros escrúpulos morales, seguimos simpatizando de algún modo retorcido y siniestro.

Para añadir más interés a todo ese juego que sitúa la claves de protagonismo y antagonismo a un nuevo nivel mucho más interesante del que suele utilizarse en las aplicaciones más tópicas y pegadas a la fórmula de los géneros, Villeneuve aborda la narración de la compleja trama de Sicario desde una estructura de mirada coral que nos llega desde distintos personajes. Es una constante temática del director tanto como una preocupación narrativa recurrente en sus películas que acaba por imponerse también en la caligrafía visual de las mismas.  De ese modo Sicario puede tener algunos puntos de contacto con las novelas sobre la guerra contra las drogas escritas por Don Winslow, El poder del perro y las demás. Y naturalmente nos recuerda también algunos planteamientos de la película Traffic (2000), de Steven Soderbergh y de la miniserie Traffic (2004), derivada de la misma. Pero Villeneuve impone su propia firma a todo el relato, trabajando desde unos planteamientos de tensión y vulnerabilidad en las relaciones y conflictos que unen a los tres personajes principales, interpretados por Emily Blunt, Benicio Del Toro y Josh Brolin, sobre una estructura argumental más alejada de esos puntos de contacto desde la temática más obvios para permitirnos pensar en el personaje de Blunt y en la propia película como variantes del personaje de Jodie Foster en El silencio de los corderos (1991), de Jonathan Demme.  

Por otra parte el interés de Villeneuve por tratar de manera cercana e intimista y costumbrista las peripecias de sus personajes no le impide imponerse con solvencia y eficacia en las secuencias de acción, como demuestra el paso de la frontera en ambos sentidos y el ataque en el atasco, que me han recordado el excelente pulso que imprimiera Michael Mann a la secuencia de atraco de la que para mí sigue siendo su mejor película, Heat (1995).

Hay otra cosa que me ha llamado la atención en lo referido a cómo mostrar o no mostrar la violencia, aspecto en el que Villeneuve es muy cuidadoso y trabaja bien la dosificación para dejar al espectador un papel de co-autor de la parte más inquietante de sus películas y que también aparece en Sicario. El director tiene muy claro lo que quiere mostrar y lo que no quiere mostrar en su película, es decir, aquello que prefiere que el espectador imagine. Esto es algo que también destacaba especialmente en Prisioneros. Por ejemplo, al contrario de lo que hiciera Kathryn Bigelow en La noche más oscura, elige hacer elipsis sobre la tortura del confidente, que deja abierta a la imaginación del público con elegancia materializando el comienzo de la misma con el botellón de agua que arrastra Del Toro hasta la sala de interrogatorio y su ominosa frase: “Ahorita vas a ver lo que es como ver a Dios en tierra yanqui”.

Sicario consigue mantenernos en tensión desde ese primer asalto inicial hasta sus último plano, como en tensión están esas familias mejicanas que llevan a sus hijos a jugar al fútbol en una zona en guerra, rodeados por la violencia. Y es que una vez más se demuestra que el cine de Villeneuve es un cine que nos habla de las distintas manera en que vemos y nos inventamos la realidad, sumergiéndonos de lleno en las tramas que viven sus personajes, como nos zambullimos, en primera persona, en ese viaje por el laberinto de los túneles que comunican Estados Unidos y Méjico en la parte final de la película.

Miguel Juan Payán

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Y avisamos antes de que nadie se lance a leer, por si considera spoiler el final de Los Vengadores y revelar la misteriosa presencia que en aquella escena añadida aparecía, aunque para los fans de los cómics estaba más que claro. Se trata de Thanos, uno de los grandes villanos del Universo Marvel, al que veremos también próximamente en Guardianes de la Galaxia (obviamente si las Joyas del Infinito están ligadas a la trama) y posiblemente en Los Vengadores 2. Latino Review ha sido la primera en lanzar la noticia de que Josh Brolin será el encargado de interpretar al personaje, poniendo voz al mismo. Más tarde el propio director de la película, James Gunn, parece haber confirmado no sólo la presencia de Brolin poniendo voz al personaje, sino movimiento y gestos a través de la técnica performance capture, que se hizo popular tras la película Rango. Esperamos verle en breve.

Creado por Jim Starlin y apareciendo por primera vez en un número de Iron Man en 1973, Thanos se ha convertido a lo largo de los años en uno de los villanos más importantes, poderosos y peculiares de los cómics Marvel, un ser de enorme poder ligado a la entidad Muerte (su esposa mucho tiempo), que es capital cada vez que en los cómics se ha salido de la Tierra para aventurarse a una gran saga galáctica, o casi siempre al menos. Las Joyas del infinito y el Guantelete que las une han sido siempre su obsesión, poniéndole al nivel de Darkseid en el universo DC. Le vimos brevemente en el final de Los Vengadores (el chiste sobre la muerte era un clásico para el personaje) y ahora volveremos a verle con la voz de un actor tan impresionante como Josh Brolin, lo que seguro aporta mucho a tan insigne figura.

Jesús Usero

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Jesús Usero

Crítica de la película Oldboy

Flojo remake norteamericano de la excelente película de Park Chan-wook. Innecesario.

No tengo nada en contra del remake por sí mismo, siempre y cuando la nueva versión consiga desarrollar su propia personalidad, caso por ejemplo de Infiltrados, la versión que rodó Scorsese de la película china Infernal Affairs, o de Los siete magníficos, la versión Sturges del clásico de Kurosawa Los siete samuráis. Eso por poner dos ejemplos que creo todo buen aficionado al cine conoce. Pero este no es el caso que nos ocupa. Spike Lee siempre me ha parecido un director muy interesante, sobre todo en la primera fase de su carrera, que a partir de su biografía de Malcolm X se decantó hacia planteamientos más comerciales. Incluso en este territorio diferente del cine más personal y reivindicativo de sus primeros trabajos, Aulas turbulentas, Nola Darling, Cuanto más mejor, Haz lo que debas, Fiebre salvaje…), consiguió resultados muy interesantes y rodó una buena película de intriga, Plan oculto, y otros dignos, como La última noche. Por eso me ha sorprendido, en negativo, su trabajo de dirección en Oldboy. Primero me lleva a preguntarme para qué o por qué ha decidido meterse en el huerto de rodar un remake tan plano, con tan poca personalidad, visual, narrativa y actoral. Me ha hecho pensar que en manos de otro director, como por ejemplo David Fincher, que ya anduvo en un el mismo vecindario argumental al de esta historia con su película The Game, quizá habría alcanzado mayor interés este remake que junto a su planteamiento visual tremendamente plano desperdicia el talento de sus actores. Está claro que Josh Brolin está como actor por encima de algunos encargos que le caen encima, por ejemplo este. En el momento de la revelación del secreto que es el último y terrible chasco de la película, su interpretación sin embargo no convence nada. Otro tanto ocurre con su compañera de reparto, Elizabeth Olsen, mucho mejor actriz que lo que le deja mostrar Lee en este largometraje. Samuel L. Jackson está caricaturizado e inaguantable, lo mismo que Sharlto Copley, y en cuanto a Michael Imperioli, está más equilibrado, pero poco más. Respecto a las secuencias de acción, que eran el plato fuerte visual de la versión original, pasan aquí sin pena ni gloria. Recuerden las secuencias originales de la pelea con el martillo. Y la etapa de encierro se hace realmente difícil de seguir sin que los párpados te traicionen y se empeñen en cerrarse a poco que te descuides. En conclusión: una muy floja y totalmente innecesaria versión del original de Park Chan-wook, que además no saca todo el partido que podría a su reparto y visualmente se sitúa muy lejos de su precedente asiático.

Insisto: creo que Spike Lee tiene más cine dentro y mucho más cine que ofrecernos que el que nos propone en este trabajo, el más flojo y decepcionante de su carrera, tan anodino que explica por qué me pongo a temblar cuando escucho que Will Smith quiere hacer un remake de Grupo salvaje.

Me temo lo peor.

Miguel Juan Payán  

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