Crítica de la película La casa del terror

Macabra versión del juego de escape room y de las ferias populares de los pueblos, con la aparición de unos psicópatas que recuerdan al legendario Pinhead, de Hellraiser.

El aroma de los filmes de terror adolescente de los ochenta, con huidas frenéticas hacia la supervivencia y asesinos con ganas de “cargarse” a todos los incautos que caen en sus redes, prende con fuerza en esta divertida película de Scott Beck y Bryan Woods.

A modo de atracción enloquecida, la trama arranca con un grupo de veinteañeros ansiosos por  vivir experiencias al límite de lo soportable, durante la celebración de la Noche de Halloween. Entre los citados estudiantes se encuentra Harper (Katie Stevens): una chica con un traumático pasado de malos tratos por parte de su padre, que intenta dar carpetazo a su relación con un hombre de similar comportamiento al de su progenitor. La panda escapa de la ciudad, para buscar una extraña y apartada Casa del Terror, que promete un verdadero viaje al horror. Con el objetivo de pasarlo de miedo, los jóvenes penetran en los siniestros laberintos de esta caseta circense; pero lo que desconocen los chavales es que ningún cliente sale con vida, ni finaliza el recorrido propuesto.