Crítica de la película La purga infinita

Imaginativa y eficaz entrega de una de las franquicias de terror más taquilleras de la última década.

      En 2013, La Purga: La noche de las bestias alumbró el camino a una saga marcada por el trasfondo social, y una peculiar utilización de la violencia generalizada. La idea de James DeMonaco, consistente en presentar el dantesco espectáculo como el de la celebración de doce horas en las que cualquier crimen está avalado por las autoridades judiciales y gubernamentales de USA, entró de lleno a ironizar sobre problemas tan candentes en la nación de las barras y estrellas como el de la emigración ilegal, el de las desigualdades entre pobres y ricos, y el del racismo enraizado en los comportamientos extremistas de los seguidores de grupos supremacistas. Unos asuntos que cobraron triste relevancia con los discursos de Donald Trump, y que el director Everardo Valerio Gout se encarga de potenciar, en esta imaginativa y eficaz entrega de la exitosa franquicia.

      La Purga Infinita utiliza de manera ingeniosa los roces poblacionales entre las diferentes etnias ubicadas en Texas, para ensamblar un mensaje potente y agresivo, con el que recupera el espíritu genuino de La noche de las bestias, Election y Anarchy.