Crítica de la película El Halloween de Hubie

Para fans incondicionales del protagonista, Adam Sandler.

      Pero no el Adam Sandler brillante, sorprendente y único de Diamantes en bruto, sino el de sus comedias habituales que le convirtieron en uno de los líderes de la taquilla norteamericana hasta hace unos años, cuando el público parece ser que se cansó de esas películas en salas comerciales y el actor firmó un contrato de exclusividad con Netflix para crear seis películas exclusivas para el servicio de streaming, contrato que terminaba tras esta película pero que parece que será alargado en el tiempo. Ese Adam Sandler es el que encontramos aquí, y más el de The Ridiculous 6 que el de Sandy Wexler. Sin que esta última fuese una maravilla, pero al menos intentaba algo diferente. Esta nueva película repite los mismos chistes que ya usaba en El Aguador.

Matar al mensajero ***

Noviembre 11, 2014
Inteligente guion sobre la investigación de un periodista de raza llamado Gary Webb. La película es como un manual activo sobre los problemas de un informador para sacar adelante una historia demasiado polémica.

Ver el nombre del neoyorquino Michael Cuesta encabezando los títulos de crédito de este filme no resulta nada extraño. El director de la serie Homeland es un experto en levantar reflexiones sobre las manipulaciones de los organismos gubernamentales, y la historia de Gary Webb fue básicamente eso.

Enrolado en el poco glamuroso San José Mercury News por distintos tumbos y conflictos con jefes de redacción apoltronados en sus despachos, Webb era un trabajador incansable, con un instinto para la noticia muy por encima de sus compañeros de cabeceras de tiradas millonarias, tales como The L.A. Times o The Washington Post. Así dio con el scoop aparentemente inofensivo, y sin peso para la mayoría de sus colegas, de un narcotraficante en cuyo juicio había implicaciones sospechosas de la C.I.A.

A partir de ahí, Gary consiguió establecer una relación bastante complicada entre el tráfico de drogas en Estados Unidos y la agencia de espionaje norteamericana más importante de la nación. En concreto, sus sospechas establecían que las autoridades compraban grandes cantidades de heroína y cocaína para introducirlas en el territorio de las barras y estrellas. Operación que proveía de dinero negro para la compra de cargamentos de armas con destino a la Contra nicaragüense.

Cuesta afronta los hechos desde la perspectiva de un thriller montado como si fuera un fastuoso mecano de revelaciones sorprendentes, en el que cada pieza es esencial para componer la figura resultante. Sin obsesionarse con identificar documentalmente todos los pasos seguidos por el protagonista, la película funciona en la misma línea en la que lo hacían producciones del estilo de Todos los hombres del presidente y El informe Pelícano. Siempre avalada por una trama altamente emocional, en donde la conexión con el periodista solitario es tan sólida como una roca.

En este terreno, la adrenalítica interpretación de Jeremy Renner (quien encarna a Gary Webb) se atisba como necesaria para establecer la demandada empatía con el espectador. La estrella de El legado de Bourne diseña un personaje en continuo movimiento, espoleado por sus ansias en la búsqueda de la verdad (o lo más parecido a ella). Aunque el resto del elenco también contribuye para que la tarea del protagonista llegue a las metas planteadas. Un cuadro dramático que incluye nombres tan carismáticos como el de Paz Vega, Andy Garcia, Michael Sheen o Ray Liotta.

Sin embargo, un elemento contribuye a que los efectos de Matar al mensajero se queden por debajo de otros títulos con similar factura. Y este se centra en la imposibilidad del libreto para dotar de peso efectivo a los papeles secundarios. Dentro del organigrama proyectado por Cuesta, queda muy claro que Webb es el auténtico leitmotiv, pero no habría estado de más que prestara mayor atención a la galería de implicados; ya que esa suele ser la fórmula ideal para lograr una obra mucho más contundente y demoledora.

Jesús Martín

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