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Crítica de la película María Reina de Escocia

El descomunal talento de Saoirse Ronan y Margot Robbie y los destellos de afilada escritura de Willimon rescatan de la mediocridad a la propuesta de Josie Rourke.

Proveniente del teatro con representaciones tan aclamadas como Coriolanus o el drama de época Les Liaisons Dangereuses, había cierta expectación por ver el debut en el largometraje de Josie Rourke con María, reina de Escocia. Apoyada en un libreto de Beau Willimon, showrunner de las cuatro primeras temporadas del remake americano de House of Cards, centra la historia en la figura de María Estuardo (Saoirse Ronan), conocida como María I de Escocia, que regresa de Francia en 1561 tras la muerte de Francisco II con el objetivo de ejercer su reinado en un país que estaba siendo gobernado por regentes. Ante su regreso, Isabel I de Inglaterra (Margot Robbie) se encuentra con la oposición de los católicos, que consideran que la legítima heredera de la corona inglesa es su católica prima.

Al menos eso indican los rumores que han señalado The Wrap y The Hollywood Reporter, que indican que los actores Michael Fassbender, Hugo Weaving y Jesse Plemons se han reunido ya con JJ Abrams para discutir posibles papeles en la nueva trilogía de la saga galáctica. En el caso de Hugo Weaving incluso señalan que podría encarnar a un comandante imperial en las secuelas. De nuevo según los rumores, el guión que estaban terminando Lawrence Kasdan y el propio Abrams, habría cambiado nuevamente para centrarse en los protagonistas originales, Mark Hamill, Carrie Fisher y Harrison Ford, en lugar de en sus hijos que serían secundarios e irían aumentando en protagonismo con el paso de las películas, por lo que se esperaría que los tres actores protagonistas de la trilogía original repetirían sus papeles en las nuevas películas, que, según calculan desde Disney (donde aseguran que todavía no hay un guión entregado), la película tendría un presupuesto superior a 200 millones de dólares.

A estos nombres hay que sumar los de Benedict Cumberbatch y Saoirse Ronan que llevan meses sonando como posibles incorporaciones, sin olvidar otros como Adam Driver. Entre las nuevas posibles incorporaciones, el caso de Plemons, recordado por todos por sus papeles en Breaking Bad y Friday Night Lights, es el más curioso porque el actor habría enviado una cinta de prueba en la que el actor habría impresionado a los responsables de casting, quienes habrían organizado la reunión con Abrams. El resultado de esos nombres es que Abrams y su gente parecen más interesados en un grupo de actores interesantes y muy buenos, que en estrellas o nombres reconocidos, lo cual sólo puede ser bueno para la película y ayudarnos a entender por dónde pueden ir los tiros. Porque sea la película que sea, si aparecen Cumberbatch, Fassbender, Plemons y Weaving, además de Hamill, Ford y Fisher, no pinta nada mal en lo que a reparto respecta. Esperemos ir descubriendo pronto nuevos nombres del reparto ya confirmados.

Jesús Usero

©accioncine

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Jesús Usero



Crítica de la película Hannah

Joe Wright es uno de los directores jóvenes británicos más interesantes que han surgido en los últimos años. Con menos de cuarenta años ha dirigido cuatro películas que se sostienen muy bien por sí mismas y que son bastante dispares entre sí. De la ambientación de época de Orgullo y Prejuicio al drama romántico con tintes de cine bélico de Expiación, pasando por el drama social de El Solista y terminando con un thriller como Hanna, todos ellos géneros dispares en principio, pero que en el fondo ocultan unas inquietudes similares y un interés por cierto tipo de historias centradas más en los personajes que en la historia misma que les rodea.

Como he dicho siempre resultan películas interesantes, incluso muy buenas alguna de ellas, donde Wright se destaca como un excelente director de actores y un buen narrador, que sabe componer los planos otorgándoles una fuerza y belleza muy particular (aquel plano secuencia de la playa en plena guerra en Expiación es difícil de olvidar), pero al final acaba por faltarle algo, como si tanto preocuparse por sus personajes le acabase haciendo perder el norte de hacia dónde quiere dirigir su película. Quizá sea cosa de los guiones, quizá sea el punto de madurez que le queda por alcanzar al realizador. El caso es que ninguna de sus películas terminan de ser productos redondos.

Algo similar le ocurre a Hanna, donde el director da un nuevo salto de género a un thriller de acción con una joven que es una asesina entrenada por su padre, un ex operativo de la CIA, que la tiene apartada del mundo hasta que decide enviarla en una misión, lo que la llevará por media Europa siendo perseguida y perseguidora a su vez, mientras descubre la verdad sobre su pasado. Sorprende que Wright se lance al ruedo del thriller y sorprende que la protagonista sea una joven asesina, que apenas ha llegado a la pubertad, pero que es más letal que el mejor de los soldados.

Todo el inicio de la película es una excelente presentación de personajes donde aprendemos a conocer y apreciar a su protagonista, con pocas palabras, con los intercambios de miradas entre padre e hija, con la vida extrema que llevan y con lo que aprende y cómo lo aprende la protagonista, con ese libro que contiene tanto saber pero tan pocas experiencias reales. Conmovedor el momento en la cabaña en la que la protagonista le pregunta a su padre por la música y ante la descripción de diccionario de él, ella le pide, casi con vergüenza, que lo que quiere es oír música. Sentirla. Algo que tendrá su peso a lo largo de la historia.

Es curioso cómo un thriller puede ganar muchos enteros cuando te dedicas a presentar a los personajes de forma real, interesante e intrigante, sin decirlo todo, pero dando a entender mucho. Tanto el guión, como el director parecen muy interesados en que entendamos a todos los personajes, sus motivaciones, su forma de actuar. Y para ello aprovecha el talento de un excelente reparto que se esfuerza por convertir a sus personajes en seres vivos. Saoirse Ronan es una de las mejores actrices juveniles que hemos visto en los últimos años, junto a nombres como Dakota Fanning, capaz de convertirse en víctima de un crimen, niña movida por los celos o asesina adolescente que descubre el mundo por primera vez pero que no es capaz de dejar atrás su pasado ni sus orígenes. Imprime un carisma excelente a sus personajes y Hanna, pese a que la hemos visto matar a un hombre con sus propias manos, es un personaje capaz de despertar la simpatía y el cariño del espectador.

A Eric Bana y Cate Blanchett no los vamos a descubrir aquí ahora, pero están magníficos, sobre todo ella dando dimensión a un personaje que bien podría haber sido un villano más lleno de tópicos y que es el personaje que menos cuida el guión, pese al tiempo que permanece en pantalla. También se agradece la labor de gente como Jason Flemyng u Olivia Williams, que redondean un elenco de actores que saben muy bien cómo cumplir con su trabajo y a los que el director mueve con elegancia e inteligencia.

Tampoco los aficionados a la acción tendrán muchos problemas para disfrutar de la película, porque las secuencias están perfectamente elaboradas y son de una brutalidad que deja muy buen sabor de boca, sobre todo cuando nos enfrentamos a tanta escena infantilizada o a tanto director que parece tener problemas por mantener un plano el tiempo suficiente de saber qué está sucediendo y quién golpea a quién. Eric Bana en el parking, Hanna en una peculiar sala o en un muelle de carga… Momentos memorables de cine de acción, en serio.

Pero que dejan ganas de más. El problema de Hanna es que en su bloque central aburre. Su divagar por la historia sin nada de contar, los momentos contemplativos como la escena del flamenco nocturno (por mucho que se vea a Hanna reaccionar a la música por primera vez) o el eterno viaje a través de Europa, pueden hacer que más de un espectador desconecte de una historia que se queda estancada por momentos y parece no avanzar hasta llegar al tercer acto, donde todo sucede demasiado deprisa, de improvisto, sin dejarnos saborear lo que llega y con un giro final que no sorprende absolutamente a nadie. Que un thriller se haga aburrido… es un problema.

Eso sin contar con una banda sonora de los Chemical Brothers que es muy buena, pero que está completamente fuera de lugar y no encaja en ninguna de las secuencias en las que aparece. No son grandes delitos de la película, todo sea dicho, sobre todo porque uno nunca llega a desconectar del todo de la misma, pero sí que son las cosas que hacen que la película no termine de ser redonda y pudiese ser mucho mejor de lo que es al final. Y que sigamos esperando esa película perfecta de Joe Wright.

Jesús Usero

 

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