La película, basada en el libro de Stephen King y que sirve de secuela a El Resplandor, se estrena en noviembre y presenta su primer trailer

Con Ewan McGregor liderando el reparto y dando vida a Danny Torrance, el personaje que era un niño en la película y libro originales, y que aquí es un adulto con muchos traumas pero que aún tiene el Resplandor. Rebecca Ferguson le acompaña en el reparto, y ya en el trailer la hemos visto en una terrorífica secuencia que tiene un claro homenaje a Frankenstein, la película de James Whale. Mike Flanagan dirige, recién salido del enorme éxito de la miniserie La Maldición de Hill House, y en el trailer hemos visto que, aunque a Stephen King no le guste la película de Stanley Kubrick, las referencias son enormes al clásico de 1980, con recreación del hotel y de las imágenes más icónicas de la película de por medio, y que seguramente serviran para explorar al personaje de Danny.

El popular escritor Stephen King teorizó en redes sociales cómo sería el final de Juego de Tronos y quién se sentaría en el Trono de Hierro.

Dos episodios nos quedan para despedirnos de Juego de Tronos. Dos para descurbrir los últimos secretos de la serie, para responder a los últimos interrogantes y para saber quién, finalmente, se sentará en el Trono de Hierro. Si es que alguien lo hace. Stephen King, el popular escritor de terror y fantasía, ha aprovechado las redes sociales para aventurar cuál será el final de la serie y como es una apuesta y podría acertar, indicamos a nuestros lectores que tomen esta noticia como SPOILER y que si no quieren saber nada, por si acaso, dejen de leer.

La novela de vampiros Salem’s Lot, escrita por Stephen King y que tiene ya dos adaptaciones televisivas, llegará a los cines de la mano de los responsables de Expediente Warren.

James Wan está marcando una época en el cine de terror, quizá junto al productor Jason Blum. En el caso de Wan, junto a sus usuales colaboradores, se ha tratado de la creación de dos universos o sagas de terror que siguen generando millones, como es el caso de Insidious y, sobre todo, Expediente Warren, esta última un universo lleno de spin offs.

Crítica de la película Cementerio de animales 2019 

Mejor que la versión de 1989. Eficaz propuesta de terror mejor al principio que al final.

Siembra bien. Pero no recoge. Este podría ser el resumen del trabajo que realizan los creadores de la nueva adaptación cinematográfica de Cementerio de animales, la historia de Stephen King que aquí supera a la película anterior dirigida por Mary Lambert y tiene una eficaz resolución visual en su principio, aunque en su desenlace afloje y parezca que le entran prisas para rematar la faena, sin llegar a cerrar temas propuestos al espectador inicialmente, como el de ese pasado que tortura a la madre, el wendigo que nos muestran, primero en libro y luego en sombras, en el bosque pero no llega a materializarse finalmente como amenaza, los encuentros del niño con el terror de lo sobrenatural, y sobre todo esa inquietante procesión de los niños con las máscaras del principio, que además forma parte de lo más inquietante del material promocional del largometraje pero no llega a desarrollarse más que como pincelada inicial de lo inquietante, a pesar de que pienso que esa procesión tiene materia prima de sobra para dar a luz su propia subtrama dentro de la película. E incluso una película entera, si me apuran.

Tráiler de El cementerio de Animales 2019 basado en la novela de Stephen King

Crítica de la película La Milla Verde

Darabont, el director que supo aprovechar su segunda oportunidad

Es inevitable empezar esta crítica comparando esta película con Cadena Perpetua pues son muchas las similitudes que hay entre ellas: las dos están basadas en novelas de Stephen King, ambas se desarrollan en una cárcel, las dirige el mismo director (Frank Darabont) y en las dos el protagonista iba a ser Tom Hanks pero, como este actor se encontraba inmerso en el rodaje de Forrest Gump, eligieron a Tim Robbins para el papel de Andy Dufresne en Cadena Perpetua. Sin duda, Hanks hizo muy buena elección ya que consiguió llevarse el Oscar a Mejor Actor por su papel en Forrest Gump.

Estrenada en 1999, La Milla Verde fue la segunda película del director Frank Darabont y era una adaptación de la novela de Stephen King llamada El pasillo de la muerte.

Comercialmente hablando, La Milla Verde ha sido la más exitosa de las dos al recaudar 290,7 millones de dólares con respecto a su presupuesto de 60 millones. Por su parte, Cadena Perpetua tan sólo consiguió recaudar 58,3 millones sobre los 25  de su prepuesto.

¿Quiere esto decir que La Milla Verde es mejor película que Cadena Perpetua? Ni mucho menos, tan sólo fue más rentable. Como película es mucho mejor Cadena Perpetua pero tuvo la mala suerte de que el público no la respaldo en taquilla. Sin embargo, el tiempo sí que la ha puesto en su sitio.

Carrie, versión inferior a la de Brian De Palma en la que no obstante destaca el trabajo de Chloe Grace Moretz y Julianne Moore.

Ver a las dos protagonistas reinterpretando los personajes de la novela de Stephen King es la mejor aportación de esta nueva versión de Carrie que resulta entretenida y hasta plantea alguna interesante aportación propia, pero que finalmente no consigue alcanzar el nivel que tenía la versión de esta misma trama dirigida en 1976 Brian De Palma con Sissy Spacek y Piper Laurie en los dos papeles que ahora defienden con solvencia y luchando contra todos los elementos dos de las actrices más capaces y dotadas con mayor talento en el cine de nuestros días, Chloe Grace Moretz y Julianne Moore son lo más interesante de esta revisión del clásico del terror setentero y consiguen algo nada fácil, que es darle su propia personalidad a personajes que Spacek y Laurie convirtieron en inolvidables.

No lo tenían fácil y el director porque estamos claramente ante una maniobra eminentemente comercial, de explotación por la vía de la actualización de una trama que en opinión de quien esto escribe estaba mejor dotada de lenguaje cinematográfico en la película de Brian De Palma.

En todas sus novelas de terror, King instaló el tema del maltrato y el abuso de las minorías y los más débiles como clave del nuevo terror literario que conquisto las librerías y más tarde el cine en los años setenta y cuya influencia sigue manifestándose en la actualidad, por ejemplo en la serie American Horror Story, que, dicho sea de paso, en cualquiera de sus capítulos de las tres primeras temporadas que ahora conocemos me parece más inquietante que lo que nos propone esta nueva versión de Carrie. En las novelas de King, como en American Horror Story, lo fantástico y sobrenatural sirve sólo como telón de fondo sobre el que se pintan historias de maltrato, violencia de género, abusos infantiles, xenofobia y homofobia. Y eso es lo que mantiene joven este tipo de historias. Ese aspecto del maltrato y las relaciones madre-hija son lo más interesante y a ratos incluso lo más inquietante de esta nueva visión de Carrie, que no obstante corre el riesgo de caer, por repetición, en el ridículo cuando abusa de los momentos de cabezazos estilo Zidane del personaje interpretado por Julianne Moore.

Me ha parecido mejor de lo que me esperaba, pero en la parte negativa nos encontramos ante una visión visualmente más fabril, estandarizada y sometida al proceso de chapa y pintura de los personajes principales y secundarios. Chloe Grace Moretz hace un gran trabajo sobreponiéndose al notable antecedente marcado por Sissy Spacek, pero tras ella encontramos a un grupo de personajes, sus maltratadoras, que no superan la verosimilitud y cercanía de sus antecedentes. Hagan memoria (o vean, si aún no la han visto) de la película anterior y recuerden la contribución de actrices como Amy Irving o Nancy Allen, mucho más cercanas y verosímiles que sus equivalentes en la nueva versión. Además la película no tiene el mismo pulso y personalidad visual de la película de De Palma. Basta repasar la escena mareante del baile en aquella, frente a la visión más plana de ese mismo fragmento en esta para entender las diferencias entre una y otra, pero podemos encontrar además en esta nueva versión cierta tendencia a caer en lo obvio, como por ejemplo en la asociación visual de la máquina de coser en la que la protagonista da los últimos toques a su vestido para el baile de promoción a la maquinaria de la trampa creada para ridiculizarla en el momento en que la proclamen reina. Creo además que los personajes secundarios, esa especie de coro de maltratadores, está menos y peor desarrollado que en la película anterior, como demuestra esa escena breve de videoclip tópico con los jóvenes probándose sus vestidos para el baile, o la llegada de la limusina a la puerta de la casa de la protagonista. El propio “galán” de esta versión está bastante lejos de los matices que le otorgara a ese mismo personaje William Katt en la versión de De Palma. Me atrevería a decir que sólo en el caso del personaje del gamberro siniestro que monta la trampa con la sangre de cerdo, que interpretara Travolta en la película anterior, me parece mejor en ésta otra.

De manera que el resultado me parece una versión algo ligera de la más poderosa e interesante película de Brian De Palma, con menos gancho visual, más en la línea o tono superficial de producciones de cine fantástico para jóvenes, estilo Crepúsculo, salvando la distancias, cuando debería haberse acercado más al tono siniestro, grotesco y gótico inquietante de la serie American Horror Story, que es lo que piden estos nuevos tiempos para el terror audiovisual.

El resultado es una película entretenida pero seguramente prescindible para quienes disfrutaron, con razón, de la versión de Brian De Palma, pero que sin embargo puede ser un buen pretexto para revisar aquella otra y redescubrir el cine de terror de los años setenta, que en la mayor parte de los casos era mucho más siniestro e inquietante que el que disfrutamos hoy en día y además estaba mucho más cerca de reproducir en el cine el tono siniestro e inquietante de las novelas de Stephen King.

Me quedo por tanto, sin duda, con la versión de Brian De Palma, si bien reconozco el trabajo de interpretación de Chloe Grace Moretz y Julianne Moore al frente del reparto, que por otra parte creo podrían haber aprovechado más y mejor en el conjunto de la película.

Miguel Juan Payán

©accioncine

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Crítica de la película La Cosa (The Thing)

Más atinada de lo que me esperaba, esta precuela de La Cosa, celebrada película de John Carpenter que sigue siendo una de las obras maestras del cine de terror de los ochenta, no puede superar a su predecesora, pero ha encontrado su propio camino para desarrollarse como una mirada no exenta de nostalgia hacia el cine “gore” y los relámpagos de tortuosa imaginación terrorífica acogidos a la sombra de H.P. Lovecraft que la convierten en una pieza digna dentro de la mitología de la temible criatura enterrada en los hielos.

Cierto es que habría sido preferible que hubieran dejado a Carpenter continuar su obra, aportándole el dinero necesario para filmar esa esperada secuela de La Cosa, “su” Cosa, con submarinos soviéticos incluidos y que incluso llegó a contar con una versión en cómic de la que hablaré en algún otro momento. Pero defiendo como entretenimiento de terror curioso esta nueva  visita a los orígenes de aquella película de Carpenter nacida a principios de los años ochenta con el estigma o mandato de tener que prolongar o meter la cuchara para rebañar el éxito de Alien, de Ridley Scott, con la que inevitable e injustamente fue comparada. ¿El motivo de esta defensa? Lo asumo: en un elevado tanto por ciento, nostalgia por el cine de los ochenta (y a juzgar por el éxito que ha tenido entre nuestros lectores Super 8, no debo ser el único).  Insisto: esta nueva Cosa no es la de Carpenter, pero funciona bien como eco o espejo de aquella, sin aportar nada realmente nuevo más que un relato conciso de los acontecimientos que preceden a los narrados a partir del momento en que aparece el perro perdido por el helicóptero en la película de los ochenta. Ojo: he dicho como espejo, y sin aportar nada realmente nuevo. Lo que ocurre es que, para mi gusto, está más ceñida a los aspectos positivos de la manera en que se planteaba el terror hace dos décadas que a lo que se hace en la actualidad con los géneros, y por ahí, lo reconozco nuevamente, me pilla en positivo a consecuencia de cierta nostalgia. Confieso que el terror, tal como se fabrica hoy en día en la factoría de Hollywood, no acaba de impresionarme, y ésta, sin ponerme la piel de gallina, me recuerda a ratos, y sobre todo por el tiempo que se toma en planificar la intriga y el estallido final de criaturas imposibles, como digo relámpagos a la sombra de los monstruos lovecraftianos. Esas formas terroríficas me llaman la atención como ejemplares fuera del tiempo, ceñidos a los planteamientos visuales del original a la hora de fabricar su monstruo, y agradezco el guiño.

Ahora bien, en lo negativo, hay que apuntarle a esta Cosa varios asuntos. El primero es que no consigue replicar las claves de intensidad paranoica que lucieron las dos películas anteriores sobre el mismo asunto, el clásico en blanco y negro de los años cincuenta y el dirigido por Carpenter a principios de los ochenta. En algunos momentos casi parece ir a conseguirlo, y es por ahí por donde encuentra su propio camino para desarrollarse y encontrar un hueco propio, por ejemplo en la escena de “interrogatorio” mirando empastes… pero realmente no llega a dedicarle ni el tiempo ni el empeño necesario en el guión para que, como sucedía en los dos precedentes, la paranoia y el miedo de los propios seres humanos atrapados en esa situación y sospechando de sus prójimos se convierta en el verdadero monstruo de la película.

El segundo punto negativo que le reprocho estuvo a punto de convertirse en uno positivo… pero en mi opinión no lo logró. Sin conseguir recrear esa atmósfera de miedo, que además en un momento social, político y económico podría haber sido un excelente espejo de las señas de identidad de nuestra realidad cotidiana, a la película le quedaba entrar en la dinámica de algunas secuelas entretenidas, y especialmente parecía ir a tomar en su tramo final el camino de Depredador 2… Pero incluso en esa fase final le faltó el valor para convertir la expedición a las entrañas del problema, por decirlo así y para no destripar nada, en una pesadilla visual capaz de envolvernos. Si hubiera funcionado en ese tercer acto con algo más de metraje y mucha más intensidad, podríamos haber tenido un buen espectáculo. Pero parecen faltarle ganas para conseguir construir esa fase final de pesadilla total, o al menos tirar por lo espectacular y añadir un ladrillo más a la mitología y el universo fantástico de La Cosa.

Tal como está me parece una película entretenida, eficaz en buena parte de su metraje, que encuentra un hueco, menor pero hueco al fin, en el edificio fantástico de la criatura a la que mucho mejor partido sacó John Carpenter en los ochenta, en una versión que sigue siendo superior a ésta que ahora se nos propone. Ahora bien, lanzo una pregunta al lector, visto que a La Cosa de John Carpenter también la compararon, en desventaja en el momento de su estreno, con la versión de los años cincuenta, considerada mítica, y teniendo en cuenta que posteriormente la hemos considerado, por sus méritos, como título de culto: ¿es justo comparar esta secuela con la película de Carpenter? Cierto es que no la supera, pero hagan el ejercicio de apartarla de la sombra de la misma, de intentar olvidarse de la versión Carpenter durante el metraje y quizá así se expliquen por qué me ha convencido más de lo que me esperaba. Contemplada de ese modo, La Cosa de 2011 me parece un digno espectáculo de terror. De ahí las tres estrellas que le he puesto. Me lo pasé bien véndola, aunque al final le habría exigido algo más.

Miguel Juan Payán

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